Diario del Cesar
Defiende la región

Funciones jurídicas de algunas canciones vallenatas

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Los juglares vallenatos, históricamente representaron la voz popular de sus comunidades y convirtieron sus canciones en  procesos mediáticos efectivos, los que difundían de pueblo en pueblo hasta penetrar exclusivas las esferas  de la sociedad con el apoyo del pueblo que las tarareaba hasta volverlas  un eco popular.

Con la llegada de las grabaciones, tales obras adquirieron mayor trascendencia, lo que con la aparición de la  radio en los pueblos lejanos, tal contenido, generó un mayor impacto en la audiencia, haciendo las veces de tribunales populares que sentenciaban las malas acciones de los infractores.

Calixto Ochoa no solo denunció el posible robo de Los Altares de su pueblo, sino que alertó la descomposición en las ciudades con la llegada de los atracadores.

Un caso puntual es la obra, Los Altares de Valencia, de la autoría de Calixto Ochoa, la que sirvió para dar a conocer la osadía de un sacerdote que quiso con engaños tomar unas piezas religiosas de profundo arraigo cultural en su pueblo Valencia de Jesús, con el sofisma de repararlas, pero encontró una oposición férrea de los habitantes de la población que se rebelaron y por poco lo linchan.

Este es uno de los altares que un sacerdote pretendía sacar de la iglesia de Valencia y que dio origen al canto: ‘Los Altares de Valencia’, lo que puso en evidencia el posible robo de estos elementos.

Los moradores no encontraron los canales jurídicos para dar a conocer el hecho, por eso acudieron al mejor medio folclórico que tenían a la mano, la creación imaginativa de su paisano acordeonero y compositor Calixto Ochoa, a quien le contaron y que posteriormente la convirtió en todo un suceso musical en toda la comarca.

Pero este recurso, no fue exclusivo del artista valenciano que, entre otras cosas, creó otros temas en donde puso en la picota publica a personas que trataban de vulnerar algunos derechos ajenos, como cuando fustigó a las leyes que una vez lo detuvieron por el simple hecho, según él, de haberle entregado el amor a una mujer

/Compadre José vaya donde el abogado

Dígale que estoy con una fuerte condena

Tráigamelo aquí que estoy incomunicado

Para ver así, me resuelve este problema/

También logró poner en tela de juicio la inseguridad de las ciudades cuando a través de su personaje Remanga, reflejó ese problema social del que son víctimas las personas del campo que llegan a las grandes ciudades:

/Remanga, cuídate mijo.

Que en la población hay mucho saltiadores

Y ellos conocen al forastero

Ombe, no caminé cuatro palos cuando en eso, tres tipos y que, entrégueme la plata, deme la plata/

 

ESCALONA, JURISTA FOLCLORICO

Un caso parecido al de los Altares de Valencia, también lo narró en la obra la ‘Custodia de Badillo’, el compositor Rafael Escalona, quien desnudó el poderío de la curia en el manejo de las parroquias y un supuesto aprovechamiento de las cosas de valor como la de una custodia de oro que reposaba en la iglesia de la población de Badillo, un corregimiento de Valledupar, la que misteriosamente fue suplantada por una de un material de menor valor, esto dio pie para que este contador de historias, develara un robo que se convirtió vox populi con esa canción.

 /Parece que el pueblo e´ Badillo se ha puesto de malas

De malas porque su reliquia la quieren cambiar.

Primero fue un San Antonio, lo hizo Enrique Maya

Pero lo de ahora es distinto les voy a explicar/

La custodia de badillo,esta prenda litúrgica inspiró el tema de Rafael Escalona, quien relató el cambiazo, que hicieron posiblemente los curas de Badillo los que  al parecer se llevaron la de oro y dejaron una  de fantasía.

El mismo Rafael Escalona, en otras canciones dio a conocer sus dotes de denunciante del diario acontecer ante la falta de otros recursos para hacerlo por las vías judiciales, como la vez en la que denunció el rapto de una dama patillalera por un dueño de camión, lo que originó la más cruda pataleta de la abuela que la había criado. Todo quedó reseñado en el canto, ‘La Patillalera’.

/Una señora patillalera,

Muy elegante, vestida de negro

Formó en el Valle una gritería

Porque la nieta que más quería

La pechichona, la consentida,

Un dueño e´ carro cargó con ella.

Tranquilízate Juana Arias,

Déjate de tanta bulla,

Que tú te mueres de rabia

Y ellos mascándose en la cabuya/

Fueron muchas las canciones dentro del vallenato que cumplían esa función delatadora de los aconteceres que de una u otra forma afectaban la sana convivencia de los habitantes de ese Macondo magistral que una vez narró García Márquez, quien tampoco escapó a las críticas de los juglares vallenatos, como cuando Armando Zabaleta lo puso en evidencia, después de haber donado un premio en Venezuela en vez de haberlo entregado a su pueblo Aracataca:

/Al escritor García Márquez, hay que hacerle saber bien, que uno la tierra donde nace, es la que debe querer

Y no hacer como hizo él, que su pueblo abandonó.  Y está dejando caer, la casa donde nació/.

En una época más moderna, fue Hernando Marín, un compositor de ‘El Tablazo’, corregimiento de San Juan del Cesar, La Guajira, quien a través de sus actos, también se atrevió a alzar la voz en favor de los desprotegidos y vulnerados, como la vez que reclamó al Gobierno, el mal trato salarial para con los maestros de Colombia, quienes tenían que soportar tarifas bajas y atrasadas a la hora de las mesadas, de ahí creó el tema ‘Los Maestros’, grabada por Los Hermanos Zuleta.

/El maestro va a la escuela diariamente

No le importa que critiquen su aguerrida voluntad

Y hay que aplaudir a esa gente tan valiente

Que tienen tan mala suerte

Que ni les quieren pagar/

El mismo Hernando Marín se inspiró en la mala distribución de la riqueza y el  marginamiento de las clases pobres y en una actitud de protesta, levantó el tono, reclamando justicia social con la famosa canción: ‘La Ley del Embudo’ que fue tomada como himno de adoctrinamiento del naciente movimiento guerrillero M-19 para la época de su nacimiento, por allá en los años 70.

/Los platos que rompe el gobierno

Los paga mi pueblo trabajando bajo el sol

No tienen ni solar ni techo

Porque su trabajo no tiene valor/

Así sucesivamente, fueron muchos los cantos de este corte, los que ejercían estas funciones procedentes,  aprovechando el vehículo popular de la voz del pueblo que se encargaba de hacerlas conocidas, a tal punto, que en ocasiones daban más resultados que las propias sentencias de despachos.