Diario del Cesar
Defiende la región

Hernando Marín no llegó a los 60 años como un día lo cantó

2.000

POR WILLIAM ROSADO RINCONES

Hoy se cumplen 20 años de silencio de uno de los troveros más sofisticados y completos de la composición vallenata, Henando Marín, nacido en el corregimiento del Tablazo en La Guajira, jurisdicción de San Juan del Cesar. Desde esa frontera provinciana, proyectó su canto,  basado en los aconteceres, notándose en principio canciones de corte social que dejaron huellas en el vallenato, como ‘La Ley del Embudo’, grabada por Beto Zabaleta, o ‘Los Maestros’ que la interpretaron los hermanos Zuleta.

Un absurdo accidente de tránsito en carreteras de Sucre privaron al folclor de un parrandero, guitarrero, humorista y constructor de verdaderas joyas vallentas, era Marín polémico y contestatario, lo que le moldeó una personalidad férrea dentro del folclor que tornaba de lo sentimental a los crítico con la facilidad que solo pueden hacer los poetas buenos.

Hizo parte del archifamoso ‘Trío de Oro’ que lo integraron: Hernando Marín, Máximo Mobil y Sergio Moya Molina, el único sobreviviente. Estas tres mentes se pasearon por la discografía de los intérpretes de moda y sus temas eran sellos de garantía para los consumidores de vallenato, todo construido, en realidades y paradojas que se enmarcaban en el sentir de la provincia.

La parca inmisericorde se llevó a Hernando Marín en plenitud de producción, aparte de sus composiciones, estaba dedicado a la grabación de sus propios discos los que lograba comercializar a nivel de las administraciones públicas por la gran relación que le daba su condición de parrandero.

Fue de los primeros compositores que se arriesgó a cantar sus propias creaciones, lo hizo por primera vez en los años 70 al lado de Alfredo Gutiérrez, después lo hizo con su guitarra y con otros compositores con quienes se asoció para mostrar todas esas capacidades y para imprimir el sentimiento nato a sus obras, lo que no le podían  trasmitir los intérpretes.

La muerte lo sorprendió a los 54 años un 5 de septiembre de 1999 cuando el vehículo taxi en que se transportaba se salió de la vía y se volteó  ocasionando su muerte, uno de los episodios más dolorosos del folclor y uno de los sepelios de mayor concurrencia en Valledupar en donde su hijo el también compositor  Deimer Marín, expresó unas palabras de despedida que conmovieron a los asistentes a ese funeral.

A Marín le grabaron los principales intérpretes del vallenato, fue ganador de varios festivales vallenatos, entre estos el Festival Vallenato, en donde antes de coronar, en una oportunidad no se conforme con el tercer lugar y en acto de rebeldía rompió el cheque en público.

Es difícil seleccionar cuál o cuáles fueron sus canciones más impactantes por todo el valor e importancia que tenían sus temas, pero se pueden enumerar entre otras: ‘La Creciente’,grabada por el Binomio de Oro, ‘Los Maestros’, por Los Zuleta; ‘La Guaireñita’, por Adalberto Ariño; ‘El Mocoso’, ‘Bebiendo Yo’, ‘Mis Muchachitas’, ‘Valledupar del Alma’, con esta canción ganó la canción inédita en 1992 en el Festival de la Leyenda Vallenata.

Otras páginas de su gran repertorio son: ‘Campesino Parrandero’ ‘Canta Conmigo’ ‘Tú’, ‘Pecadora’, ‘La ley del embudo’, ‘Sanjuanerita’, ‘El gavilán mayor’, ‘La primera piedra’, ‘El Enfermo’, ‘Volvieron’, ‘Lo que siento’, ‘Juramento’, ‘El invencible’ y ‘Girasol’ entre otros.

Su primera aparición en público fue en el Festival del Fique  en La Junta,  La Guajira en el año de 1974, donde ganó con el tema ‘Vallenato y Guajiro’ que fue el primero que le llevaron a una grabación en la voz de ‘Beto’ Martínez.

El inexorable paso del tiempo no ha podido borrar la imagen de este cultor que, a pesar de su muerte hace hoy dos décadas, su inspiración, almacenada en el alma de los defensores de la lírica y la métrica bien estructurada, sigue tan vigente como aquel perfil del artistas que camina erguido, orgulloso de la sombra de la superación que lo persigue.

En Valledupar no hay día en que no se nombre a ‘Nando’ Marín, gracias al homenaje perpetuo que le hicieron, al haber bautizado una urbanización con su nombre, como reconocimiento a la grandeza de un tejedor de historias a base de las vivencias de su pueblo.