Diario del Cesar
Defiende la región

Consagrada la nueva Catedral del Santo Ecce Homo

990

POR:
NINOSKA
REYES URDANETA

“He aquí el hombre”… Así se abrió la gran puerta y junto a la luz de Dios la imagen del Santo Ecce Homo entró a la nueva catedral en su honor, seguido de obispos, presbíteros con celebrantes y ministros, para seguir la procesión que iniciaba el ritual de consagración de estos espacios religiosos que hacen honra además, a los 50 años de la Diócesis de Valledupar.

¡Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor!, ya están pisando nuestros pies, tus umbrales, Jerusalén…”, coreaban los más de 6.000 feligreses que ayer abarrotaron la nueva Catedral del Santo Ecce Homo, a quien consagraron la vida para llegar a ser templo espiritual agradable al Padre.

La imagen inició su recorrido en hombros de los Caballeros del Santo Ecce Homo, el sonar de una campana indicaba cada paso que daba, mientras los fieles aplaudían, cantaban y hasta lloraban de emoción. Lo seguían Monseñor Óscar José Vélez, obispo de la Diócesis de Valledupar; otros 35 obispos de Colombia y más de 200 sacerdotes como parte de la concelebración.

El eco era impresionante, los gozos al Santo inigualables, pero más aún la devoción del pueblo vallenato que ayer amaneció de fiesta. Tal es el caso de Alicia Rivera, quien en silla de ruedas seguía la entrada del Santo, sus lágrimas demostraban su creencia y su discapacidad fue el motor para entrar como si el espacio estuviera reservado para ella.

“Gracias a mi protector estoy aquí, lo honro y siento que nada sufro. Aunque no puedo caminar, si puedo seguir sus pasos porque consagro mi vida a él y no me canso de inclinarme ante su imagen”, dijo Rivera a la vez que elevaba su vista hacia la imagen que hacía su imponente entrada a la Iglesia.

Este momento fue único, las miradas seguían el recorrido del Santo y así como Alicia, el resto de los presentes vivieron el gran momento espiritual no sin antes corear: “Tus tormentos, ¡Oh Santo Ecce Homo!, hoy meditan tus fieles con fe; ellos fueron quienes ante Pilato amarguras te hicieron beber. De este pueblo se protector amante; de tus hijos guía fiel y constante, y de cuantos vienen a visitarte la promesa de eterno galardón…”

Y así el Santo Ecce Homo fue colocado en su lugar, estaba rodeado de flores y, de frente a su feligresía, recibió la honra y devoción.

Pasadas las 9:30 de la mañana se dio inicio a la solemne liturgia de consagración con la lectura del mandato Pontificio, de su Santidad el Papa Francisco, que le da las facultades a Monseñor Óscar Vélez de cuanto amerite la Catedral de la Diócesis de Valledupar.

El altar estaba dispuesto. Lo presidió Monseñor Óscar Vélez, quien a su lado contaba con la presencia del presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Óscar Urbina Ortega, además de los 35 obispos de distintas diócesis del país.

Posteriormente, el obispo bendijo el agua para rociar al pueblo en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo; además de purificar las paredes y el altar de la Catedral. Monseñor, acompañado de dos obispos con celebrantes principales y cuatro diáconos, roció el agua bendita sobre los fieles, mientras coreaban cánticos de alabanza que con la “gracia del Espíritu Santo, purifique a quienes somos templo vivo para su gloria”.

PATRONO OFICIAL

Ya con el espacio bendito, monseñor Vélez Isaza, saludó y agradeció a los representantes del Clero en Colombia por el acompañamiento. “Siéntanse como en casa. Nos reunimos hoy cuando celebramos los 50 años de posesión del primer obispo de Valledupar, el inolvidable Monseñor Vicente Roy Villalba, para consagrar esta iglesia catedral dedicada al Ecce Homo, patrono popular de Valledupar, y a partir de hoy, por designación del papa Francisco, patrono oficial de nuestra catedral y de nuestra Diócesis”.

La catedral no fue inaugurada, fue consagrada, es decir, es reservada para Dios para que él tome posesión entera para la salvación de pueblo. “Fue presentada a Dios para que la inunde con su presencia e irradie desde aquí toda la sacramentalidad de la Iglesia sobre nuestra amada Diócesis y nuestro pueblo vallenato”, dijo monseñor.

Manifestó que la Iglesia es pueblo de Dios, es la villa elegida del Señor cuyos sarmientos llenan el mundo entero; es una asamblea como la vivida con esta consagración, pero todos los hombres están llamados a formar parte del nuevo pueblo de Dios. La iglesia es sacramento de salvación, enseña el concilio, es en Cristo como un sacramento, es decir, signo de instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano.

“Que en este lugar, el torrente de tu gracia lave las manchas de los hombres que tus fieles reunidos junto al altar, celebren el memorial de la Pascual y se fortalezcan con la palabra y el cuerpo del Señor. La Catedral tiene que ser un signo en medio de la presencia de Dios entre nosotros. No tienen otra luz que la de Cristo, ella es según la imagen predilecta de los padres en la Iglesia comparable a la luz que es reflejo de la historia, afirmó.

La iglesia es la casa sobre la roca, es la morada de Dios con los hombres, el templo santo construido con piedras vivas sobre el cimiento de los apóstoles con Cristo Jesús como suprema piedra angular. “De hecho el centro de esta celebración fue la consagración del altar que representa a Cristo, el ungido del Señor, la piedra angular, los apóstoles construyen la iglesia sobre ese fundamento, ya que es el cuerpo místico de Cristo, la santificó con su sangre para presentarla ante si como esposa llena de gloria como virgen excelsa por la integridad de la fe”.

Es la riqueza de la diversidad que se experimenta también en una construcción como la que hoy consagró en Valledupar. Hay diversidad de materiales y elementos, pero todos confluyen en una armonía total, la unidad no significa universalidad, sino comunión. La iglesia ha de fomentar la cultura del encuentro para superar el anonimato y reconocerlo por nuestro nombre. No hay que dar lugar a la división, no dejar que el espíritu de la discordia desplace al Espíritu Santo, espíritu de unidad y verdad.

“También pedimos a la Virgen del Rosario para que interceda por nosotros, para que nuestra Catedral contribuya a redescubrir la alegría y la responsabilidad de pertenecer a la iglesia y que nos mantengamos fieles a Cristo y a la misión que nos ha encomendado. La Iglesia también es familia de Dios”, afirmó Monseñor mientras daba paso a la ceremonia de colocación de las reliquias.

En el sepulcro fueron colocadas las reliquias de San Antonio María Claret, San Josemaría Escrivá de Balaguer y Santa Laura Montoya; además de los beatos Jesús Aníbal Gómez, Pedro María Ramírez, Álvaro del Portillo y Mártires Claretianos.

UNCIÓN DEL ALTAR DA PASO A LA CONSAGRACIÓN

“El Señor santifique con su poder este Altar que vamos a ungir con aceite perfumado, para que exprese con su señal visible el misterio de Cristo y de la Iglesia”, después de esta oración Monseñor Óscar Vélez untó el crisma en el medio y en los cuatro ángulos del altar hasta cubrir todo el espacio que da señal de la consagración del lugar.

Los cantos y un aroma agradable invadieron la Catedral, en ese momento solo se respiraba paz y sanidad. Muchos fieles con sus ojos cerrados elevaban sus oraciones y a la vez mostraban reverencia ante este acto de notable significación religiosa.

Luego la incensación del altar y de la Iglesia confirmaban el evento mientras oraban: “Sube, Señor nuestra oración como incienso en tu presencia y, así como esta casa se llena de suave olor, que en tu Iglesia se aspire el aroma de Cristo”.

De esta manera brilló la luz. Previamente el altar fue recubierto por un mantel y hermosas flores fueron colocadas a su alrededor, además de candelabros con los cirios requeridos para la celebración de la eucaristía.

“Brille en la Iglesia la luz de Cristo, para que todos los hombres lleguen a la plenitud de la verdad”, así Monseñor procedió a encender los cirios y a su vez se prendieron todas las luces de la Catedral haciendo un cambio adecuado en honor a Cristo, la luz del mundo. Allí no se dejaron esperar los aplausos de los fieles, quienes a viva voz daban gracias a Dios por su nueva casa, la Catedral del Santo Ecce Homo. Ya con una Iglesia consagrada se procedió a la liturgia eucarística y posteriormente a la inauguración de la capilla del Santísimo Sacramento ubicada dentro de la Catedral.

Y así, Monseñor Óscar Vélez, con sus manos extendidas sobre el pueblo lo bendijo, diciendo:” El Dios, Señor de cielo y tierra, que los ha consagrado para la dedicación de esta Catedral, derrame sobre ustedes una copiosa bendición celestial”.

Ya consagrada la casa de Dios en Valledupar, en un solo coro, los feligreses rindieron honor especial al Santo Ecce Homo a través de su oración y resonó en el espacio: “¡Oh Jesús mío Nazareno, lazo fuerte y proyector mío, no me abandones en tan apurado trance, Protege y ampara esta alma abatida y desesperada. No desoigas, Jesús mío, las súplicas de este corazón triste, afligido y lleno de amor hacia ti. Tú eres el lazo fuerte y poderoso que todo lo puedes.

Jesús mío, Jesús de mi alma, Jesús sacrificado, espejo de luz, ven a mí con tu corona de espinas, con tu costado abierto, con tu soga a la garganta y cintura. Jesús mío, Jesús de mi alma, que tus ojos vean y tus oídos oigan lo que te pido. Amén”.

CLERO PRESENTE

Por ser una celebración sin precedentes, se contó con la presencia de Monseñor José Agustín Valbuena, obispo emérito de Valledupar, quien a pesar de sus dificultades por su avanzada edad, manifestó: “estoy muy contento con esta obra y más complacido porque se logró con la ayuda de los fieles. Es un gran templo para adorar a Dios, una gran casa para la unión familiar y la fortaleza de la Iglesia católica”.

Por su parte, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Óscar Urbina Ortega, ofreció un gran saludo y oración a la feligresía vallenata, desde la Guajira hasta la Amazonia.

“Hemos querido venir a dar un abrazo fraterno a todos a través de monseñor Óscar José Vélez. Desde el cielo nos acompaña monseñor Roy Villalba, porque cuando celebramos la liturgia en la tierra, el Dios desde los cielos nos acompaña en la liturgia celestial de nuestro Señor Jesucristo en unión con el Espíritu. Esta nueva catedral es un signo de estos años, desde los primeros evangelizadores, hasta todos ustedes que junto con el obispo, con sus presbíteros, los consagrados y hoy todos los niños, jóvenes y adultos son los evangelizadores de esta tierra. Así como hay un templo a la cultura, hacía falta este templo a la fe”.

Monseñor José Clavijo Méndez, obispo de la Diócesis de Sincelejo, manifestó que fue un acontecimiento nacional más aún porque la Diócesis de Valledupar celebra sus Bodas de Oro. “Es muy significativo para el pueblo, porque su gente se siente realzada en su condición de laicos y miembros de la Iglesia”.

Igual impresión tuvo monseñor Luis Adriano Piedrahita Sandoval, obispo de Santa Marta, quien indicó que esta consagración da un impulso a la vida de la Diócesis. “Este tipo de obras se logran gracias a la existencia de una Iglesia viva que ha colaborado en esta obra. Quiero felicitar al obispo Oscar Vélez, pero también al pueblo de Valledupar por esta impresionante obra, la cual puede ser un punto de apoyo y crecimiento  para la vida cristiana de la comunidad”.

Monseñor Ricardo Tobón Restrepo, obispo de Medellín y vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, indicó que la consagración de la catedral de una diócesis es un momento de gran significación porque de alguna forma es la consagración de toda la comunidad diocesana. Después de todo un proceso de congregar a las comunidades, de establecer la Iglesia, de fortalecer el camino pastoral, se llega a un momento de haber edificado un nuevo templo que se consagra al servicio de Dios y de la comunidad.

“Por lo tanto, significa la estabilidad, la madurez y plenitud de la Iglesia. En Valledupar han construido una grandísima y hermosa catedral que da prueba de una Iglesia muy viva, de un compromiso de todos los católicos y de un empeño serio por vivir la fe. Esto indica que la Iglesia vallenata está viva, está sirviendo al Señor y congrega a una comunidad muy grande”, dijo.

FELIGRESÍA Y AUTORIDADES

Francisco Ovalle Angarita, gobernador del departamento del Cesar, manifestó estar contento y alegre de ver este sueño hecho realidad por parte de Monseñor Óscar Vélez. “Es una obra que él siempre se esmeró en sacar adelante con el apoyo de la feligresía del Cesar. Esto engrandece a la Iglesia católica para seguir adelante y obrar de la mano de Dios. Pedimos a Dios que bendiga y santifique esta casa de oración, como un fuerte templo espiritual el cual se convierte en el más grande de Colombia”.

Augusto Ramírez Uhía, alcalde de Valledupar, también se hizo presente en la consagración y afirmó que la catedral es un lindo signo para la ciudad. “Es oportuno para felicitar a la Diócesis por esta obra icónica de obligatoria visita para propios y visitantes. Es una casa de oración, para la formación de valores y principios de las familias vallenatas”.

Destacó el Primer Mandatario local que el mensaje a la feligresía es de valorar estos espacios y de consagrar la vida a Dios porque es una casa para venir a conocer y formarnos en Dios. “Reconozco en el pueblo de Valledupar una fe cristiana e invaluable”.

Carlos López, feligrés, dijo que esta consagración es una gracia que viene de Dios, y como todo lo que viene de Dios es inmerecido, corresponde recibirla con alegría. Valledupar se arrodilla para adorar este espacio que de ahora en adelante será el refugio de los fieles. Es una obra producto de la fe de este pueblo.

Para la Hermana María Judith de los Sagrados Corazones de Jesús y María, hay que darle gracias al Señor que concede la bendición de tener esta santa catedral. “Le pido de todo corazón que conceda la bendición a todo el pueblo vallenato que tanto lo está deseando”.

Olga Daliso, habitante de Valledupar, con sus ojos llenos de lágrimas afirmó que fue un momento extraordinario, una fecha especial e inolvidable que no se vivía en la ciudad desde hace 37 años. “Es una emoción muy grande para la Iglesia viva que hoy día existe en Valledupar”.

Narbila Martínez, devota, también expresó que este es un espacio que permitirá congregar a la Iglesia, “es la casa de Dios y todo podremos venir a adorarlo. El Santo Ecce Homo es nuestro guía, nuestro patrón y nos cuidará siempre”, dijo.