Diario del Cesar
Defiende la región

¿Muere la rap caribe?

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Lo más peligroso para una región y para su población es cuando sus líderes se sienten y se comportan como dueños. En ese momento solo quedan los intereses más mezquinos del ejercicio de la política: el control de los nombramientos y obviamente de los contratos que necesariamente se desprenden de la gestión que ejercen aquellos que llegan al poder. Esta es la nueva definición de la mermelada que se ha aplicado a nivel nacional pero que claramente ha llegado a las regiones. Lo grave de esta realidad es que se pierde la importancia de grandes proyectos que generalmente se ejecutan en el largo plazo, y cuyos beneficios no son inmediatos porque exigen esfuerzos inmensos no solo de la dirigencia sino de la población en general que se beneficiaría.

Qué tristeza produce ver a quien compite por la gobernación del departamento líder de la Región Caribe, aceptar de hecho con su actitud, la muerte de uno de esos anhelos de la región natural conformada por 7 departamentos. Se trata nada menos de lograr una verdadera descentralización para definir dentro de los grandes parámetros que debe tener todo plan de desarrollo del país, aquellas especificidades que responden a las características propias de esta región. La verdad es que Colombia hasta ahora no ha descentralizado el desarrollo y precisamente el Caribe colombiano, siempre ha atribuido sus graves problemas a este centralismo.

Si bien ya se miraba con preocupación la injerencia que la mala política podía tener en el desarrollo de la Región Administrativa y de Planificación del Caribe, lo que sí no se vislumbraba era que los políticos la matarían antes de nacer. Resultó claro en los últimos acontecimientos que el país ha registrado con asombro, que hay personalidades políticas, que prefieren el control local a tener una mirada de largo plazo donde con seguridad esa inmensa capacidad de manejo de recursos públicos y nombramientos, se tendrían que compartir con mandatarios y políticos de los otros 6 departamentos que la conforman.

Sorprende además la pasividad de quienes por décadas han defendido esta forma de impulsar el desarrollo regional especialmente cuando los indicadores de pobreza, inseguridad alimentaria, informalidad laboral, han puesto a competir en malos resultados al Caribe con el Pacífico. La esperanza que queda es la ciudadanía que tiene la oportunidad de expresar su opinión de manera civilizada, con argumentos y sacudiendo a esa academia costeña que tiene gente valiosa. De otra manera, si no reacciona, lo que se confirmaría es exactamente lo que mata la democracia, el dominio absoluto de unos líderes y la desidia de la población. El folclor y el sano humor que caracteriza a nuestra región no puede usarse para acabar con posibilidades reales de cambiar la cara de miseria que todavía tienen amplios sectores de estos departamentos, tanto en municipios alejados como en ese sector rural copado por el feudalismo de los grandes propietarios de tierras. Ojo señora candidata, empezó mal.