Diario del Cesar
Defiende la región

Dolorosa despedida para el médico ‘Tico’ Aroca

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POR:
NINOSKA
REYES URDANETA

Un defensor de la vida que ahora se convertirá en el cuidador eterno de los niños del Cesar. “Adiós ‘Tico’, adiós, que el Señor te dé el lugar que mereces”… fueron algunas de las frases que durante la mañana de ayer se escucharon en la iglesia La Inmaculada Concepción de Valledupar, durante el sepelio del reconocido médico y empresario Alberto “Tico” Aroca, quien fue vilmente asesinado el pasado martes en esta ciudad.

Desde las 9:00 de la mañana de ayer los alrededores de la iglesia, adyacente a la Plaza Alfonso López, empezaron a ser colmados por amigos y familiares del galeno. Palomas blancas volaban entre sí, como señal de la paz que en el lugar se respiraba, a pesar de ser uno de los momentos más triste en la historia de los vallenatos.

Con flores blancas, profesionales de la medicina y cientos de personas con vestimenta de color claro, dieron origen a una calle de honor en la que además se observaban insignias con mensajes alusivos a la labor que como ser humano cumplió este gran médico, dirigente deportivo y empresario. Un grupo de pequeños pacientes también acompañaron a ‘Tico’, para despedir a quien fue su cuidador y consentidor en momentos de enfermedades.

Allí estaban todos esperando y con lágrimas en su rostro vieron como a las 10:30 de la mañana arribó el carro fúnebre al templo. El momento fue silencioso, doloroso e increíble, mientras el féretro descendían en manos de sus hijos, hermanos y grandes amigos, quienes sentían lo pesado del momento y la impotencia de acompañar por última vez a su ser querido, pero esta vez hacia el camino eterno del Señor.

En ese momento, las escenas de dolor, llanto, tristeza e impotencia no se hicieron esperar, mientras el presbítero, Dorian Rocha Vergara, ofrecía palabras de aliento a sus deudos.

“Dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida, quien cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y todo aquél que vive y cree en mí no morirá para siempre” Juan (11: 25 y 26). Este versículo de la biblia dio paso al féretro hasta el altar de la iglesia que fue abarrotada por allegados a la familia Aroca Mejía y quienes escucharon atentos la homilía dedicada a este hombre que partió inesperadamente al reino de Dios.

El eco de justicia fue común entre los asistentes, a la vez que destacaban el gran valor humano de este médico, a quien catalogaron como el ángel de los niños y defensor de la vida. Su esposa e hijos se confundían en un solo abrazo y la tristeza era evidente ante tan lamentable pérdida. A las 11:35 de la mañana, el cortejo fúnebre salía de la iglesia mientras caía sobre la urna agua bendita y pétalos de rosas blancas, indicando el camino hacia el descanso eterno.

La lenta caravana, marcada por rostros de tristeza, congestionó el casco central de la ciudad mientras los restos de ‘Tico’ Aroca eran llevados al cementerio Central de Valledupar donde recibió cristiana sepultura.

Quienes lo acompañaron salieron del lugar con la esperanza de que en los próximos días este asesinato sea esclarecido, para crear un precedente y evitar que en Valledupar se cambien los acordeones por la violencia y la intolerancia.

LA NIÑEZ ERA SU NORTE

Joaquín Maestre Vega, presidente del Colegio de Médicos en el Cesar, fue una de las personas que más exaltó la labor de Alberto Aroca, y en medio de lágrimas y con su voz entrecortada manifestó que es triste cuando se despide a un amigo que cambia de ciudad o cuando por años luchaba con una enfermedad y fallece, pero el dolor es mayor cuando de manera súbita un amigo abandona este mundo sin tener la oportunidad de nada. “A ´Tico´ le tocó partir prematuramente a la eternidad, y no encuentra uno las palabras adecuadas para describir ese adiós para un hombre como “Tico”, quien unos delincuentes tomaron la decisión de no dejarlo ver culminar sus retos de vida y asesinaron con él sus grandes sueños. Este acto no tiene nombre y jamás podrá tener explicación, se hace un esfuerzo por tratar de entender lo inentendible y para tener esperanzas en medio de este gran dolor”.

 “Por qué a él, que su meta era salvar vidas, era excelente amigo, esposo y padre. Por más de 30 años trabajamos juntos en la Clínica Valledupar, formando un verdadero equipo de pediatras; allí vimos crecer al amigo profesional y empresario, pero sobretodo a la personas que siempre te dejaba algo de enseñanza y en el peor de los casos un abrazo de hermandad”, afirmó Maestre Vega mientras hacía una pausa para contener el llanto.

Ahora queda recordar su vocación de servicio, su honestidad y la vehemencia de sus palabras para defender sus ideas. Los médicos del Cesar, en especial el gremio de pediatras, ofrecen un abrazo solidario a toda su familia y rechazan cualquier intento contra la vida de un ser humano, y sobre este caso, a una persona que paradójicamente se dedicó a recibir la vida, a protegerla y promulgarla.

Marta Socarrás, gerente del Instituto Cardiovascular del Cesar, manifestó que este hecho es una tristeza para el sector salud. “Fue una persona que dio vida a la niñez del Cesar y La Guajira. Es lamentable y por eso sentamos nuestra voz de protesta frente a esta situación”.

Recordó que Alberto Aroca fue de las personas que dio los primeros pasos en la ciudad para el cuidado de los neonatos; como directivo y miembro de la Clínica Valledupar dio pasos importantes sobre la atención a los niños.

Hernán Araújo Ariza dijo, por su parte, que Alberto era un gran ser humano incomparable y con mucho amor por esta tierra. Se llenaba de orgullo al mencionar los años que tenía y desde cuando llegó a Valledupar a dedicarse a curar y proteger a los niños de esta tierra. “Es lamentable que esto le suceda a una persona que fue defensora de la vida y terminó de esta manera”.

Dickson Quiroz Torres resaltó su admiración hacia el doctora quien catalogó como un ser humano presto a servirle a la ciudadanía, entregado a su especialización y además una persona que incursionó en el deporte y otras actividades que le permitieron mostrar su calidad humana.

VALLEDUPAR LAMENTA SU MUERTE

Jhonny Pérez Oñate, exmandatario local, definió a Aroca como un destacado profesional y empresario distinguido que se ganó el respeto de los habitantes del Cesar. Un hombre correcto, familiar, buen padre y amigo. “Por la calidad de hombre que fue, Valledupar lamenta su muerte”, dijo.

Elías Guillermo Ochoa Daza, exalcalde de Valledupar, muy consternado afirmó que la tierra vallenata está de luto, “es hora de unirnos, denunciar, investigar y exigirle a las autoridades que hagan el trabajo que corresponde”.

Alberto fue una persona que salvó muchas vidas y siempre regalaba una cara amable para generar esperanzas a sus pacientes; además era un empresario con una vena en el deporte.“Aquí se requiere investigar, no es un caso común, al contrario, es una gran pérdida para el municipio. La comunidad debe salir a reprochar estos hechos y a pedir seguridad para la ciudad”.

Peter Manjarrés también acudió al sepelio y afirmó que los niños de esta tierra han perdido a un ángel, porque así era “Tico”, una persona que le aportó mucho a la sociedad vallenata y a los infantes principalmente.“Era el pediatra de mis hijas, era regañón, pero para bien. Aprendí mucho de él porque era una persona muy sabia y cada día tenía algo que aportar”, aseveró.

Y así diversos sectores de la comunidad vallenata dieron el último adiós a su pediatra, a quien irónicamente promulgaba el don de la vida y hoy fue despojado de este espacio terrenal para que ahora desde el cielo sea el ángel guardián de los pequeños de Valledupar.