Diario del Cesar
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Así viven Rafael Uribe Noguera y los delincuentes más peligrosos del país

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El nombre de Rafael Uribe Noguera ha vuelto a resonar en todos los rincones de Colombia, durante los últimos días. La absolución de sus hermanos Catalina y Francisco Uribe Noguera, acusados de encubrir y destruir evidencia del secuestro, violación y asesinato de la niña Yuliana Samboní, nuevamente puso en el ojo público el repudiable caso que se registró en la tarde del 4 de diciembre de 2016.

Mientras estos ya pueden respirar tranquilos, libres de cualquier culpa por ese crimen y además, contando con la solidaridad de importantes familias de la clase alta bogotana, el confeso pedófilo pasa sus días entre los delincuentes y violadores más peligrosos del país.

Purgando una condena de 58 años de cárcel, la más alta que se ha impuesto en el país por actos de violencia sexual, permanece preso en establecimiento penitenciario y carcelario de máxima seguridad de Valledupar, conocida como ‘La Tramacúa’, en un pabellón especial habitado por los criminales más odiados en Colombia.

Muy contrario a las comodidades que solía tener, allí debe soportar hasta los 40 grados de temperatura que se registran eventualmente al interior del penal; pasa la mayor parte de cada día encerrado entre las paredes y los barrotes que lo aprisionan, y solo puede tomar el sol durante una hora.

Algunos de sus allegados han mencionado que a menudo se dedica a realizar pequeñas maquetas, muy parecidas a las que elaboraba para sus diseños de arquitectura, que luego se materializaban en construcciones.

Así como él, otros siete presos de alto perfil son los huéspedes de un patio especial, dispuesto exclusivamente para los peores delincuentes no sólo de ‘La Tramacúa’, sino de la nación. Este se ubica en la zona más apartada de la penitenciaria, con un acceso que restringe a los otros 1.500 internos y solo cuenta con dos pasillos y 20 celdas.

Uribe Noguera ocupa la primera de ese complejo de dos pisos. A su llegada a la considerada cárcel más segura de Colombia, fue alejado de los demás prisioneros para evitar que estos le hicieran daño, pues incluso los convictos se sintieron indignados por la atrocidad que este le hizo a la menor de siete años.

No obstante, con el paso del tiempo logró acoplarse y ahora, resignado a la suerte que él mismo se labró, ve como pasará el resto de su vida bajo una vigilancia que se coordina desde un centro de control que está conectado a las oficinas del Inpec en Bogotá, y se asemeja al sistema con el que se custodia al narcotraficante el ‘Chapo’ Guzmán.

LAS OTRAS ‘JOYITAS’ DE LA TRAMACÚA

‘La Tramacúa’ empezó a funcionar en el 2000 y es una de las pocas cárceles en Colombia en la que no hay hacinamiento y aún existen cupos para recibir a más personas. Está ubicada en la vía que de Valledupar conduce al corregimiento de La Mesa, cuenta con nueve patios: ocho de ellos con capacidad para el uso de 176 internos y uno recientemente entregado oficialmente para 170, además del aérea de atención especial que encierra a los internos más peligrosos del país.

El penal se rige por las severas normas carcelarias de Estados Unidos y tiene vigilancia las 24 horas para evitar fugas y que sus propios huéspedes se autoinflijan daño o asesinen a alguno de sus compañeros.

Precisamente por eso, allí también habita Luis Alfredo Garavito, el famoso ‘Monstruo de Génova’ (llamado así por su origen de esa población quindiana), que purga una condena por violar y asesinar a cerca de 200 niños en este país, Ecuador y Venezuela.

Contrario al caso de Uribe Noguera, este ni siquiera toma el sol en la única hora que dispone para hacerlo por miedo a que le hagan daño dado que el resto de los presos del pabellón le guardan gran repudio.

Esa también es la razón por la que vive en la última celda de uno de esos pasillos y tiene características diferentes a las demás. Básicamente es una bóveda encerrada por dobles barrotes; es decir que es un calabozo dentro de otro. Ahí se dedica a confeccionar manillas.

Por su seguridad, ‘La Bestia’ no sale en búsqueda de atención medica cuando la requiere sino que el galeno de confianza se traslada hasta sus aposentos para poder examinarlo. Solo en casos especiales, se redoblan las medidas de seguridad con los demás internos para poder sacarlo a los pasillos y conducirlo a la enfermería de la cárcel.

Otro que conforma la lista de los criminales de más alto perfil del país, que está ahí, es Adolfo Enrique Arrieta García, quien paga una pena de 53 años de prisión tras confesar que violó a la menor de nueve años Génesis Rúa y posteriormente la quemó viva en Fundación (Magdalena).

LOS FAMOSOS SICARIOS Y HOMICIDAS

Orlando Pelayo y Aristófanes Bello, sentenciados por homicidio, son algunos de los presos que están allí por asesinatos. El primero es recordado por ordenar el secuestro y la muerte de su propio hijo Luis Santiago, crimen que hace diez años conmocionó al país.

Junto a Uribe Noguera se encuentran delincuentes con largas listas de crímenes, como el jefe principal de la banda ‘los Urabeños’ en Norte de Santander, Alejandro Sandoval Argüello, a quien condenaron a 22 años de prisión por homicidio, lesiones personales y concierto para delinquir, entre otros delitos.

A él le sigue Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, exjefe de sicarios de Pablo Escobar que fue recapturado por extorsión tras pagar su condena.

Ese mismo pabellón también alberga a ‘El monstruo de cañaduzales’, Manuel Octavio Bermúdez Estrada, a quien le atribuyeron los asesinatos de al menos 30 menores; a la ‘Bestia del Matadero’, el expolicía Levith Rúa, acusado de matar a una estudiante del Sena en Barranquilla.

Otros de los ‘ilustres’ personajes que allí viven son Javier Velasco, quien asesinó y empaló a Rosa Elvira Cely; el asesino serial de mototaxistas, Luis Gregorio Ramírez Maestre, conocido como ‘el Monstruo de la soga’, quien paga varias condenas y se le responsabiliza por las muertes violentas de 60 hombres en el nororiente del país.

En el pabellón especial se mezclan violadores y asesinos, albergando también a delincuentes de redes criminales como ‘La Oficina de Envigado’, que opera desde Medellín y su área metropolitana, y que tiene a varios de sus miembros en ‘La Tramacúa’, pese a que los que Estados Unidos se los quiere llevar extraditados.

Ahí viven Juan Carlos Castro, llamado como ‘Pichi Belén’, quien sería el segundo al mando después de alias ‘Tom’; Sebastián Murillo Echeverri, alias ‘Lindolfo’, otro de los cabecillas; José Eberto López Montero, alias ‘Caracho’, que paga 26 años de cárcel luego de haber entregado a la banda criminal Erpac al someterse a la justicia en el 2011.

Otros delincuentes de estructuras delincuenciales que pasan sus días en reclusión son Jáder Luis Morales Benítez, un exparamilitar barranquillero conocido como alias ‘JJ’, que ha intentado fugarse de otras cárceles; Freyner Ramírez García, alias ‘Carlos Pesebre’, cabecilla de ‘La Oficina’; Luis Ángel Úsuga Murillo ‘Mochi’, primo de Otoniel y miembro de ese clan.

LAS LIMITACIONES DE LA CÁRCEL

La cárcel que tiene cerca de 19 años en funcionamiento, fue edificada bajo la supervisión de miembros del Buró de Prisiones de Estados Unidos, por eso adoptó los horarios de comidas, vigilancia y castigos.

Su construcción, que le costó al Estado $25.000 millones, se distribuye entre nueve torres rodeadas de compartimientos blindados, cierres electrónicos, puertas de seguridad programadas y cuenta con paredes de seguridad capacitados para soportar ataques de fusil y explosiones.

Respecto al pabellón especial, allí no existe la llamada ‘chaza’, que es una especie de tienda que regularmente tienen los patios corrientes para que los presos puedan adquirir sus productos, dado que sus reos casi no salen de sus celdas. En sus casos, la ‘tiendita’ pasa ente las rejas de las celdas y los barrotes del pasillo, por cada dormitorio, dejando lo que cada uno requiera.

Las celdas están fabricadas en muros de concreto de dos metros de ancho por tres de fondo y por cuestiones de seguridad, ahí solo pueden tener útiles de aseo, libros, dos camisetas, dos pantalones, agua y ocasionalmente, mecato.

La actividad casi que predilecta con la que pueden tener esparcimiento los 18 presos más peligrosos de esa cárcel, es ver la televisión que está colgada con alambres y cuerdas en los pasillos. Son al menos 10 los aparatos de los que disponen, uno para cada dos internos, y están en la mitad entre los barrotes de los cuartos y los corredores.

Según lo que indica la guardia, entre los presos de alto perfil aparentemente existe una buena armonía y se colaboran entre sí, pues son conscientes que están privados de la libertad y mantener la paz es lo mejor que pueden hacer para sobrellevar las vidas que les tocaron.

Y aunque las autoridades reconocen que ‘La Tramacúa’ puede considerarse como el penal más seguro del país, al tener un muro de cinco metros de alto por 50 metros de grueso que impide las fugas de sus internos, según la dirección del penal, son varias las necesidades que le aquejan. Ejemplo de ello es el suministro del agua, que se ha convertido en el problema más inmediato, dado que a los pisos más altos no llega el preciado líquido.