Diario del Cesar
Defiende la región

De entre teorías y doctrinas

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Fue John Quincy Adams, sexto mandatario de los Estados Unidos, quien pronunció la malhadada frase “América para los americanos”. Era apenas un diplomático cuando se le ocurrió tan trágica –para los americanos que no éramos del norte- consigna. James Monroe, y de ahí la exaltación al grado de Doctrina, en 1823, sintetiza la frase de Quincy Adams y la redondea estableciendo que cualquier intervención de los europeos en América sería vista como un acto de agresión que requeriría la intervención de Estados Unidos. A ojos vista, si se profundiza en las entrañas de ese posterior esperpento intervencionista, USA abanderaba la causa del anticolonialismo. Y de paso, le mostraba el tramojo a la Santa Alianza, que había dado cuenta del Imperio Napoleónico, y a Inglaterra, que se lamía los bigotes cuando volteaba sus ojos hacia América hispana.

No nacía de la nada ese instrumento ideológico sobre el que ha cabalgado la potencia del norte, en los cerca de dos siglos que han pasado, sobre este continente. Porque ya en los albores de la llegada de los primeros colonos y granjeros, que arribaron desde Inglaterra y Escocia a su territorio, se acarició el concepto del “Destino Manifiesto. Pero en 1845, en el artículo “Anexión”, el periodista John L. O ‘Sullivan, la remozó y le dio patente de corso, para justificar la expropiación territorial de Texas y Oregón a México. Otro John, Gast, la perpetuó de manera tierna en una pintura idílica, en 1871, llamada “El progreso estadounidense”, que al fin y al cabo quedó como la representación alegórica de la teoría del Destino manifiesto, que, junto a la Doctrina Monroe, ha servido para la comisión de toda suerte de fechorías contra las naciones y pueblos hispanoamericanos.  Por supuesto, de parte de los Estados Unidos. De las dos, porque Bolívar las había desmenuzado desde sus orígenes, nacieron célebres frases, dichas por el libertador al respecto, de las que recordamos la más notable: Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad.

Para entonces, las potencias europeas habían saqueado y esclavizado a África y a los africanos. Es decir, los recursos de que fueron dotadas naciones que hoy siguen figurando como países subdesarrollados, se convirtieron en la razón del reparto mundial tras los sucesivos acontecimientos que se vivieron en aquellos anales. El último imperio que terminó despedazado, como si fueran pantalones viejos, a decir de Bismarck, fue el turco-otomano. Tal situación sería lo que preparó el camino para que las potencias occidentales entraran a colonizar el mundo musulmán. Y ¡eureka!; de semejante reparto, “sin querer queriendo”, resultaron controlando países que brotaron más tarde de su subsuelo el apetecible “oro negro”. Y entonces fue Troya. Oriente Medio se convirtió en un hervidero que llevó a combatir no solo a hermanos contra hermanos si no a potencias contra potencias utilizando a aquellos como teflón. Y las doctrinas y manifiestos se extendieron a otros campos. Y de la explosión de ese polvorín hasta por acá cayeron esquirlas donde el precursor principal de las doctrinas y teorías mencionadas se enseñoreó convirtiéndonos en su patio trasero y a muchos gobiernos en sus vasallos.

Venezuela, que después de Cuba, parece que sigue el mismo camino peligroso de la intervención estadounidense, que sería la cincuenta y nueve en el continente americano, posee en la Franja del Orinoco unas reservas petrolíferas que superan los 300 mil millones de barriles, y es el país con los más importantes yacimientos de coltán en el mundo.

¿Algún tonto podrá creer, que lo que buscan USA y los países alcahuetes que lo respaldan en su nueva intentona golpista a partir de entronizar un comodín de presidente, es el restablecimiento de la democracia? ¿Cuál democracia, preguntaría Bolívar? ¡Ah malhaya, doctrina Monroe! ¡Ah desgracia, destino manifiesto!

*Arquitecto – Docente