Diario del Cesar
Defiende la región

 “Sé que va a llover Porque está tronando Y  yo veo los cerros Que están muy oscuros”

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Este  verso, es el comienzo de la canción, ‘Está tronando’, grabada por Rafael ‘Uchi’ Escobar y Leandro Torres, la que le abrió las puertas a la popularidad a un campesino que allá en las sabanas de La Junta, La Guajira, amansaba caballos y ‘tiraba’ machete al compás de los silbidos  de una y otra melodía que por tempestades llegaban a su mente, donde se abrazaban a las letras que su ágil memoria hilvanaba y convertía en canciones, las que hacía en la mañana y por las tardes se las tragaba la noche en un repentino olvido, para que al día siguiente, le llegara otra de remplazo.

Así, Juan Manuel Gutiérrez Romero se fue convirtiendo en un compositor de obras pasajeras, porque nadie se había acercado a ese muchacho flaco como las espigas del arroz que regaba en medio de las garzas, en los cultivos que rodeaban su pueblo.

Con ese don fue creciendo y hasta se atrevió a conformar conjuntos imaginarios con un grupo de muchachos de su edad, entre ellos, José Eduardo Mendoza, ‘Piyapo’; Alcides Gutiérrez, Luis Alfredo Sierra, y Roberto Gutiérrez, los que simulaban una banda que tocaba con acordeones de hojas de una planta que llamaban ‘Malla’ y una botella forrada con papel brillante para suponer la orquesta más afinada de la comarca.

En ese conjunto también estaba Martín Maestre, quien después de tanto presumir, terminó siendo acordeonero de verdad, luego de que su hermano Abel, abandonara el acordeón que le habían comprado, y quien lo creyera, fue Martín, el impulsor para sacar adelante a su sobrino Diomedes Díaz Maestre, años después.

‘EL CHARRO’

Porque lloraba mucho cuando estaba pequeño, y después por su estilo para vestir, su preferencia por el color negro, y sus botas, le valió el seudónimo de ‘El Charro’, apelativo con el que aún le llaman cariñosamente. Poco a poco esas canciones de Juan Manuel, se convirtieron en himnos de la región, la fama se le fue regando, y ya de pantalones largos se atrevía a asomarse a las casetas y a las parrandas de la población.

Para entonces, La Junta tenía popularidad como un lugar mágico en el sur de La Guajira, su mujeres hermosas regaron fama en la zona y era común encontrar enamorados en busca de conquistas, entre los que había personas pudientes, quienes armaban parrandas de renombre, de tal manera que, se fueron inmiscuyendo algunos hombres de Radio, locutores de Valledupar que ayudaron a impulsar ese turismo parroquial a La Junta, a tal punto que crearon un Festival para hacerle alarde a laexplotación del fique, una planta a la que le extraían una fibra, con la que tejían llamativas mochilas, ese certamen lo denominaron, ‘Festival del Fique’, el que se convirtió en uno de los eventos de más renombre en el sur de la península.

Como anillo al dedo, le cayó ese concurso de cantantes, compositores y acordeoneros a Juan Manuel, porque encontró la vía despejada para llegar y relacionarse, pero su timidez le impedía saludar con el mismo ánimo con el que pajareaba en los campos de millo, con el ‘sol de los conejos’. Pero un día se llenó de valor y alcanzó a ver a un hombre delgado como él, era Sergio Moya Molina, un compositor cuyas canciones no paraban de sonar en la radio vallenata, que era la que entraba en La Junta, especialmente, Radio Gautapurí.

‘El Charro’ lo abordó y le comunicó que el hacía sus “cositas”, Sergio, como buen caballero, lo escuchó, y lo impresionó con un tema que de inmediato le buscó intérprete, fue así, como le presentó al cantante Jorge Quiroz, y al acordeonero Alberto Rada quienes en la época hacían pareja musical, y a quienes les sonó la melodía y la letra y a los pocos días le grabaron su primera canción titulada, ‘Amor de mi Vida, y para más gloria, así, titularon el LP.

La algarabía fue total en el pueblo cuando escucharon la canción, unos aún no creían que ese muchacho cogedor de algodón y sembrador de maíz, fuera el autor de ese tema, pero había que convencerlos, es entonces cuando Sergio Moya, quien se había convertido en su padrino, lo invitó para que llegara a Valledupar a promocionar el disco, con pasaje prestado se fue para la capital del Cesar, caminó como “loco nuevo”, buscando la dirección de Moya en el barrio 12 de octubre, hasta que la encontró.

“Al día siguiente temprano salimos para la emisora, yo nunca había pisado un estudio de radio, lo mío era el campo, llegamos a Radio Guatapurí, y yo ‘asustao’, me presentaron, me entrevistaron pero yo sudaba a chorro, ahí medio balbucié mi nombre, la gente que andaba conmigo se reía. Cuando terminaron nos montamos en un carro y salimos para Radio Reloj, allá aproveché un descuido y me fui con cuidado por detrás de unos carros y fui a parar la carrera a La Junta, no di para entrar a esa otra emisora de los nervios”, relata Juan Manuel.

Ya con el disco Larga Duración debajo del brazo fue entrando casa por casa para que comprobarán que ese era su nombre, de ahí en adelante, se multiplicaron las parrandas y ya tuvo el valor de presentársele a  otros autores con fama como Hernando Marín, quien con Sergio Moya y Máximo Movil conformaban el famoso ‘Trío de Oro’, una tripleta que entregaba a manos llenas, canciones a los conjuntos de moda.

“Una vez, en la Plaza de San Juan, alcancé a ver a Hernando Marín, me le acerqué ya yo tenía dos canciones grabadas, la otra me la había grabado Oscar Negrete con Javier Gámez, titulada en ritmo de merengue: “encontré un amor”. Pues bien, le canté a Marín un tema llamado, ‘Cinco Caminos’, enseguida me dijo, espérate ahí ya voy a buscar para que te la graben y se la entregó a Elías Rosado y Osmel Meriño que de inmediato la llevaron a la pasta fonográfica”.

Así fue el arranque de este compositor  que ya está caminando sobre los 70 años de vida, pero con el brío de un caballo, como los que corren en las fiestas de La Peña, otro corregimiento pegado a La Junta, en ese territorio guajiro preñado de historias y por donde anduvo Juan Manuel en aras de mostrarse como compositor, aprovechaba el chance que le daban algunos amigos galleros, con quienes se iba a todas las fiestas patronales de la región. “Ellos se iban a jugar sus gallos y yo corría a las tarimas de los festivales, a veces ni agua tomaba por no tener plata, pero yo era feliz que escucharan mis temas, muchos de los cuales se aprendió Diomedes Díaz cuando comenzó a mostrar sus inclinaciones por el canto, aseguró, ‘El Charro’.

RELACIÓN CON DIOMEDES

Aunque Juan Manuel era mayor unos años, tuvo la oportunidad de compartir gran parte de la adolescencia con Diomedes Díaz, quien también era un afiebrado por la música y en todas partes andaba metido, eso les consolidó una amistad, a tal punto que cuando ‘El Cacique de La Junta, se fue a grabar el primer disco con Nafer Durán le llevó un tema, ‘Muebles Viejos’, que si bien no salió en el L.P. se lo sacaron en un sencillo que traía en la otra cara, la  puya, ‘La Zoológica’ de la autoría del propio ‘Naferito’. Ese es el tema que según Gutiérrez Romero, le ha dada más plata en regalías, fue grabado también por Elías Rosado con Juancho Rois.

La amistad con Diomedes Díaz lo llevó a ser coordinador del grupo en sus comienzos, el paisano vocalista lo tenía como el hombre de su entera confianza, aún la fama no había aparecido en los hombros de ‘El Cacique’, quien a medida que fue creciendo, fue cambiando y se le fue sumando una gente que lo fueron alejando del entorno que lo vio levantar en el pueblo, de tal manera que después de 8 años de trabajo, ‘El Charro’ optó por retirase: “Me salí porque ya Diomedes había cambiado, ya poco nos hablaba, nos intrataba, ya tenía a su alrededor  esa gente que lo condujo por malos caminos, lo sometieron al consumo de vainas raras, porque les convenía mantenerlo así para sacarle plata y así lo tuvieron hasta el final”.

SERGIO MOYA SU PADRINO

Juan Manuel es un agradecido eterno de Sergio Moya, lo considera su padre musical, él fue el que lo mostró, lo sacó del pueblo y lo relacionó con los artistas que comenzaron a grabar sus temas. Después de dejar la rula y el calabazo, se vino a los 26 a vivir a Valledupar, en donde se multiplicaron las grabaciones, a tal punto que, en la actualidad tiene 380 canciones grabadas en diferentes ritmos.

Ha sido tan grande su progreso que creó su propio ritmo, el ‘Merecum’, un estilo propio de componer, acompasado de un asiento de cuero que tiene como instrumento para matizar sus canciones, aires que son del agrado del cantante Farid Ortiz, quien en cada trabajo mete un tema de Juan Manuel, para una sumatoria hasta el momento, de 20 canciones grabadas por el ‘El Rey de los Pueblos’. Le han grabado también artistas de la talla de ‘Los Hermanos Zuleta’, Jorge Oñate, Juan Piña con Juancho Rois, Elías Rosado, los hermanos Osorio,  entre otros.

El Charro es tan prolífico que tiene en depósito, unas 500 canciones inéditas, algunas de las cuales están por salir, pues están en poder de muchos artistas del vallenato. Tan fecundo es este artista de la composición vallenata que ese ritmo de menear la musa, lo practicaba en su hogar en donde engendró 17 hijos, apegado al viejo aforismo que dice que, “donde come uno comen dos”.