Diario del Cesar
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El mensaje de Francisco desde Panamá

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El torrente informativo por estos días no nos ha dejado espacio para la reflexión y análisis de los demoledores y contundentes mensajes que desde Panamá ha lanzado Su Santidad Francisco con ocasión de la visita que hace al Istmo en desarrollo de la “Jornada Mundial de la Juventud”.

Una de sus frases, con mensaje directo, fue la de invitar a los jóvenes a construir puentes y no muros. Muros de infamia que excluyen y persiguen. Su carisma y frescura, y sus mensajes directos son entre otras las cualidades del Papa que cada día atrae a miles y miles de peregrinos a donde va.

Una parte importante del futuro de la Iglesia Católica está en los millones de jóvenes que ven en su doctrina, escala de valores y filosofía espiritual una guía vital en momentos en que el materialismo, el individualismo y el radicalismo buscan imponerse a como dé lugar. De allí que el Vaticano ponga especial atención en cómo la juventud percibe al cristianismo y cuáles son sus expectativas frente a él.

Juan Pablo II, en 1986, creó la llamada “Jornada Mundial de la Juventud” (JMJ), con el objetivo de que cada edición de esta se convirtiera en el escenario de un encuentro cercano, sincero, fresco y dinámico entre el Pontífice y los jóvenes, en donde uno y otros intercambiaran mensajes y experiencias sobre la ruta que deben seguir niños y adolescentes para convertirse en adultos de bien y con plena realización personal. El cardenal de origen polaco hizo de estas jornadas una de las marcas más distintivas de su mandato, a tal punto que en todo el orbe se le empezó a llamar “el Papa de los jóvenes” por la empatía y conexión especial que desarrollaba con ellos en todos los rincones del planeta.

Aunque el papa Francisco arrancó su pontificado con más edad que la de Juan Pablo II, lo cierto es que en estos casi seis años de titularidad en el Vaticano su carisma, empatía singular, facilidad de comunicación y, sobre todo, su afán genuino por mostrar una Iglesia renovada, que aprende de sus errores y busca acercarse de nuevo a toda la feligresía, recuperarla y acompañarla en la superación de sus dilemas y problemáticas diarias, le han permitido conectar rápidamente con las nuevas generaciones en todo el planeta, convirtiéndose en uno de los personajes mundiales que más les atraen. Ello está quedando patente tanto en la Jornada que arrancó este miércoles en Panamá como en las que ya encabezó en Rio de Janeiro (Brasil) y Cracovia (Polonia).

Las JMJ, también llamadas el “woodstock de los católicos”, son de las giras que más entusiasman al Papa argentino, aunque en todos sus destinos siempre pide que le agenden uno o más eventos con jóvenes, como pasó en septiembre de 2017, durante su visita a Colombia, en el recordado encuentro con miles de adolescentes en la Plaza de Bolívar. Allí, un Pontífice alegre y que habló con desparpajo ante más de 22 mil jóvenes, los desafió con un mensaje que aún retumba en el país: “no tengan vuelos rastreros, vuelen alto y sueñen en grande”.

Ahora, en Panamá hay más de 200 mil adolescentes venidos de toda Suramérica. Francisco los ha convocado a una “fiesta de la fe”, bajo un lema señalado por el propio Pontífice para relievar el rol de la Virgen María y su vocación de servicio a los demás: “He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Para el Papa es clave que las nuevas generaciones sean dinámicas y no conformistas; que actúen y se movilicen en favor de los más necesitados y desamparados; que defiendan el medio ambiente y el planeta por ser la “casa de todos”; y, sobre todo, que evolucionen y se realicen como personas dentro de la doctrina católica del buen ser humano. Para el titular del Vaticano es a las juventudes a las que les corresponde corregir el rumbo señalado por sus antecesores y “cambiar el mundo”. Son ellas las llamadas a romper la indiferencia y el materialismo imperantes, para abrir paso a la solidaridad con el que sufre cualquier falencia.