Diario del Cesar
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DOLCEY GUTIÉRREZ, 56 AÑOS de vida artística

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A sus 77 años, sigue con la misma ‘mamadera de gallo’ en Carnaval. ´No cambio mi estilo musical porque es el que me ha permitido estar vigente´, dice

Por nombre, tiene el apellido de un político al que su padre admiraba, Dolcey “ese fue el nombre que me enganchó”.  En esto, también estaba la intención soterrada de que se encausara por el mundo de la abogacía, pero la música se le atravesó en el camino, y, pese a que solo le faltaba unas semanas para culminar el año lectivo, ni siquiera recibió el diploma de bachiller.

Él es Dolcey Julio Gutiérrez De la Cruz, quien visitó el DIARIO DEL CESAR para poner a disposición del público ‘La mamadera de gallo’, un compendio de 13 canciones, de las cuales cuatro son de su autoría, entre estas, la que da título al trabajo.   Que sean de él, significa que llevan ese estilo que lo caracteriza, “sin faltar al respeto, mamo gallo y de todo hago mi recocha”, condición que dice nunca ha intentado cambiar “porque a la gente le gusta”; y como él lo cree, son canciones “imperecederas”.   Es solo poner a sonar /Cantinero sirva un trago, cantinero sirva un trago…que me voy a emborrachar, que me voy a emborrachar, ¿y tú qué vas a tomar?/ para darle la razón.

Ese tema data de 1963, sí casi 56 años, y es, para esta época de Carnaval, canción obligada.  Detrás de esta canción, o más bien con ella, nace la historia, la historia de Dolcey Gutiérrez, el artista.  Finalizaba el año 63, y con este, su época de bachiller, “pero grabé ese tema, ‘Cantinero sirva un trago’”, con este, llegaron las presentaciones que a su vez, empezaron a interferir en su rutina de estudios, “por tiempo no pude presentar los exámenes”.  Y para rematar el cierre, “nos invitaron a Cartagena para el 11 de noviembre, y no presenté los exámenes fianles”.  ¡Y adiós graduación de bachiller!  Por supuesto, esto tuvo consecuencias.  “Mi papá dejó de hablarme”.

La razón que tuvo, fue considerar que los acordeoneros de esa época, como Luis Enrique Martínez, Luis Antonio Villa “iban a los pueblos a tocar por tomar trago, y temía que yo siguiera ese camino.  Por eso me dijo que no contara más con él, a menos que me pusiera a estudiar derecho”.  Pero, la suerte estaba echada, “esto (la música) lo llevaba en la sangre…”.  Lo dice porque su abuelo era cajero, y hasta su papá, quien le recriminaba su elección, tenía un gusto especial por la música, “pero nunca incursionó porque se hizo ganadero”.  Mientras que él, Dolcey Julio, dice: “He sido músico desde los 12 años que aprendí a tocar acordeón, desde entonces no sé hacer otra cosa, no con el mismo gusto, tengo otros trabajitos, como un montecito, una tierrita…”.

Y así, desde 1963 a esta época han pasado casi 56 años, tiempo en que, cuenta Dolcey, nunca ha dejado de grabar, “sin interrupción”, y tampoco ha intentado cambiar de estilo musical, es lo que, a su juicio, lo ha mantenido vigente.  “Mi letra caliente y picante, mi ritmo de guacharaca, de música tropical, y esa combinación de cosas.  Y como decía Diomedes Díaz, yo no sé si sea el primero, pero el segundo no soy”.

En cuanto, a su padre, el disgusto le pasó cinco años después.  Fue para unos Carnavales.  “Él estaba como parte del público, un hermano mío lo llevó sin decirle que yo era uno de los artista que se iban a presentar, cuando me anunciaron, se quedó muy sorprendido y se puso de pie y volteó a ver la gente como me aclamaba, se ‘arremangó’ el pantalón, costumbre de los viejos campesinos, y gritó, ¡ese es mi hijo!

Hoy, Dolcey Julio, nacido en Nerviti (Bolívar), disfruta de sus 77 abriles “pero me siento como de 35, bailo y brinco en la tarima como un pelao, así después llegue a la casa a echarme ‘Dolorán’ (risa)”; tiene a su haber más de 100 discos, y con orgullo dice: “Incluya ‘Curruchando’ y ‘Bailando sabrosito’ en eso los primeros que eran de 78 revoluciones, dos canciones, una de cada lado”.

Por DAMARIS ROJAS QUINTERO