Diario del Cesar
Defiende la región

TIRO DE CHORRO El loco y la luna

243

Enero es mes de cabañuelas para nuestros campesinos, pero como se ha  perdido la ruralidad, la cosa es distinta, igual se perdieron muchas cosas, algunas para bien, otras para muy mal.

Desde el jueves cuando ocurrió el acto demencial de terrorismo en Bogotá, recordamos recientes épocas de llanto sin pausa, cuando precisamente estábamos acostumbrándonos a ver síntomas claros de tranquilidad, con la ilusión de larga duración y no repetición como dicen los expertos en temas de conflictos.

Valledupar que ha sido una ciudad musical, debe buscar entre canciones- sin importar que sean vallenatas- una cuestión comparativa para ver el fenómeno de violencia, desde otra ventana, sin importar que no sea marroncita. Al final el color marrón resulta de mezclar rojo y verde, o violeta y amarillo o azul y naranja.  Mezcla de colores, aquí hemos mezclado violencias de todas las clases desde siempre.

El loco y la luna, es un merengue de Wilfrido Vargas que bailamos a mediados de los años 80, y Luna roja, un clásico del maestro Villamil.  El merengue inicia dialogando: “No  puedo dormir, y ella tal vez en los más profundo de los sueños, luna dime si es verdad que ella me quiere, como tan solo se quiere una vez”. ¡Te volviste loco Wilfrido!

El maestro Villamil por su parte exclamaba en Luna roja: se ve roja porque arden los pajonales… y humaredas queda la hierba quemada, y a lo lejos se oye el bramar de los toros, de los toros que pelean en los playones, seguiré la ruta señalada por sus labios que mintieron al besar…

En eso estamos, o queremos seguir, como toros, o como locos mirando y reclamándole a la luna.  Locos, toros, peleas, humaredas, mentiras y de nuevo llanto de víctimas inocentes y victimarios sangrientos como los toros dispuestos a la eterna tarea del dolor.

Los jóvenes que murieron soñaban con futuro y sus padres veían en ellos el futuro, pero a los toros solo les inquieta el color rojo. Y su mezcla, como en la pastelería de la esquina para producir brownie en la economía naranja que viene revuelta, seguramente para una docena de avivatos y no para los que realmente la producen sin saber.

El país nacional llora y marcha, los otros jóvenes tal vez ni cuenta se dieron, pegados 25 horas al celular y mascullando términos como follover, spoilear, troll, hater, crush, mainstrean, influencer, random, stalkear, match y otras de los milenials. ¡Uff!

Una gran cantidad de muchachos están llorando a Boo, el perro más bonito del mundo, mientras los locales están convencidos que la mejor noticia en lo que va del mes, es la unión con nuevo acordeonero de Peter Manjarrez. Hasta allí llega su mundo.

Seguimos divididos ideológicamente, o peor grupalmente, los ánimos siguen intactos, los espejos retrovisores parece será el artículo que perfila con más ventas en los meses siguientes, los godos y los cachiporros de antier, los conservadores y liberales de ayer, los azules y los rojos de siempre  reencarnado en las siguientes generaciones.  Ya desde las ventanas llegan voces pidiendo pólvora, fuegos, tiros, otros pidiendo calma, diálogos, paz.

Los chinos, esa cultura milenaria dan buenos ejemplos en muchos casos, inventaron la pólvora, pero solo tres siglos después la usaron para la guerra.  Nosotros con apenas un pequeño ensayo de paz, somos incapaces.  El país pensante, preocupado y futurista, tienen la palabra y la acción, otros discutirán quien viene de los “grandes” para el festival vallenato y recuerdan que ya leyeron el Bando del carnaval de Barranquilla.   La luna roja, luna de sangre se asomó como fenómeno  y espectáculo visual y nosotros en la misma disyuntiva, si ajuiciar el loco, o mirar los toros. Los cachos es otro cuento, tan cóncavo como eterno.

*Abogado y comunicador social