Diario del Cesar
Defiende la región

 “Fracking”, un debate inaplazable

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La fractura hidráulica, conocida comúnmente como “fracking”, un método de extracción de petróleo y gas muy controvertido por los peligros que representa, fue un tema álgido de campaña y, recientemente, ha vuelto al debate público ante la inexorable realidad del agotamiento de las reservas de crudo que hoy son de 1.782 millones de barriles, que representan apenas 5,7 años de autosuficiencia. Un panorama que tampoco está despejado para el caso del gas natural.

No existe una posición definitiva del gobierno al respecto y si bien la nueva ministra de Minas y Energía se muestra partidaria de esta nueva técnica, el propio presidente Duque, en entrevista reciente consideró que, al respecto, si bien se reconocen los beneficios económicos, “ninguna decisión se debe tomar sin agotar el debate científico”.

En efecto, para el país las ventajas económicas son difícilmente cuestionables. Para comenzar, según las cifras de la Asociación Colombiana del Petróleo, con la posibilidad de explotar los recursos no convencionales se podrían incorporar entre 2.400 millones y 7.400 millones de barriles adicionales a las reservas de crudo. Explotando el gas natural no convencional, de acuerdo con Promigás, se podrían triplicar las reservas de ese recurso, lo que representaría un rango entre 20 y 30 años de disponibilidad. Las regalías que recibirían los municipios aumentarían por año en 1.000 millones de dólares, crecerían el empleo y las exportaciones, y se aliviaría la situación financiera del gobierno.

Claro está, esos beneficios se dan en corto plazo, pero es en plazos más largos donde se vislumbran las dificultades. Para los defensores del medio ambiente el riesgo más importante del “fracking” es la inyección de productos químicos en el suelo. La mayoría de esos compuestos permanecen en la tierra una vez se termina la explotación. El riesgo, en consecuencia, es contaminar el suelo hasta alcanzar las capas freáticas. También este método aumentaría la sismicidad, pues cuando se fractura la roca, se puede perturbar la geología local. También podría darse que gases radiactivos, presentes de forma natural en la tierra, afloren a la superficie como consecuencia de la explotación. En la controversia aparece un argumento global relacionado con el cambio climático, pues insistir en la utilización de energías fósiles no parece coherente ni deseable.

La comunidad científica internacional está dividida frente al tema de la fracturación hidráulica. Para algunas universidades es una alternativa valiosa y están desarrollando técnicas para hacer que la fractura de la roca sea más segura ambientalmente y también para controlar las emisiones de gases. Igual sucede con la reacción de los países frente al “fracking”. En algunos casos la utilización de la técnica está prohibida como en Francia, mientras que otros ya la usan (Estados Unidos y Canadá) y, en otros, como China, Reino Unido y Polonia, se están llevando a cabo exploraciones en búsqueda de yacimientos no convencionales de petróleo y gas.

Dado el tamaño de lo que está en juego, la decisión sobre el “fracking” es crucial para el futuro del país. Hay inmensos beneficios económicos en el corto plazo, pero también hay que sopesar los costos, que son muchos. Hasta ahora se ha tenido cordura sobre el tema y se ha desarrollado una regulación que permitiría una operación segura, ojalá se persista en la prudencia y nos llenemos de argumentos científicos, pero se tomen decisiones.