Diario del Cesar
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´La peña´, la tabla de salvación para salir de apuros económicos

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Más de 1.000 personas logran visitar las casas de empeño en una semana en Valledupar. / EDUARDO MOSCOTE

 POR:
EDUARDO
MOSCOTE SIERRA

Llegar a las conocidas casas de empeño se volvió una diligencia cotidiana para algunos ciudadanos en Valledupar.   Desde muy temprano, los 10 establecimientos dedicados a esta actividad en la zona céntrica abren sus puertas de lunes a sábado de 8a. m. a 6 p. m. para ofrecer este engorroso, pero oportuno servicio.

Algunos anhelan pasar desapercibido.   Pues imaginar que alguien podrá deducir la problemática económica que conlleva a visitar los lugares –como si se tratara de algún delito- llena de vergüenza y temor.  Son conscientes de que, el empeño, será la única salida a un apretón económico en el hogar.

En Valledupar estas decisiones han tenido consecuencias bastante caras: la de Jaquelin, a quien llamaremos así para guardar su identidad, fue una pérdida de $3.000.000.

Mientras busca en su bolso el dinero para pagar una cuota del último objeto empeñado, relata como hace seis años atrás tuvo su primera experiencia con estos sitios, nada favorable.  Problemas económicos que surgían por la falta de empleo, la muerte de su madre y una separación, la habrían impulsado a tomar la decisión.

Tenía que alimentar a su hijo de siete años, pagar su colegio y transporte; hacer mercado, descolgarse de algunos recibos domésticos para mantener los servicios públicos y el querer tener un billetico guardado que le permitiera resolver cualquiera urgencia de última hora.

Con esos afanes llegó a una compraventa.  Los administradores endulzaron rápidamente a Jaquelin aprovechándose como una táctica de psicología inversa, de las necesidades que tenía; pero también logró convencerla la facilidad de la entrega del dinero y el plazo que creía módico, para el pago del préstamo… estaba a punto de iniciar un callejón sin salida.

Ese 19 de abril del 2011 puso sobre el mostrador una cadena de oro de 18 kilates, una pulsera y un anillo del mismo material: eso le dio la oportunidad de tener inmediatamente $2.350.000.  La suma habría caído como un ángel del cielo.

Se cegó y aceptó, eso narra ella.  Firmó el contrato que le recordaba el valor que ahora era de su propiedad, semejante comenta, al que estaba acostumbrada a recibir en sus antiguos trabajo; también subrayaban el no poder atrasarse tres meses de intereses porque automáticamente, perdería lo que hasta ese momento consideraba sus propiedades de más valor.

La alegría solo duraría un mes, el dinero se estaba esfumando rápidamente calcando un doble problema: una deuda que ya superaba los $2.700.000 y el no poder respaldarla.  Los intereses seguían llegando acompañados de un sin sabor, producto de lo que ya estaba entiendo, fue una decisión errónea.

“Yo el primer mes no me preocupé, esperaba un trabajo que me dejara salir de la deuda poco a poco, pero así estuve esperando más de dos meses.  Estaba atormentada, tenía crisis cada que se acercaba un día 19, me avisaba que debía pagar réditos, y a la vez me recordaba que no tenía como cumplir con esa responsabilidad.

De las prendas, solo me quedaba un dije de oro, en el primer impulso lo empeñé creyendo que con eso amortiguaría parte de la deuda: solo logré reunir para los réditos de mes y medio, estaba en las mismas y con la mano en la cabeza”, recuerda.

Llegó el trabajo, pero con un sueldo lamentable que no superaba el $1.500.000.  Y, entre el pago de seguridad social, los recibos de la casa y las necesidades básicas de ella y su hijo, la cantidad cada vez era menor… la vida nuevamente le recordaría a Jaquelin que un puesto, no sería la solución para su elevada deuda.

Mientras conversa, se toca la cadena de oro golfi que hoy adorna su pecho, era esa la costumbre que tenía cuando aún conservaba la de oro.  Para ella tenía un valor significativo: fue un regalo de su madre cuando cumplió los 15 años.

La señora de contextura gruesa continuaba relatando su historia, queriendo enviar un mensaje sobre él un maldito vicio que deja lo fácil.  De inmediato dijo: “y lo perdí todo”, sin anestesia y alterando su historia –pues no quiso recordar esas épocas, le causan ansiedad-.  No tuvo como reducir la deuda que ya superaba los $3.100.000, no sabe en qué momento se elevó y perdió el control.

Ese primer encuentro con un vicio llamado “empeño” y del que muchos coinciden, es difícil salir, le dejó una gran lección, al menos por cinco años.  Pues recayó nuevamente ya no con prendas sino con un televisor al que empeñó para salir de una ‘culebra’ que no esperaba.  Dice que le faltan dos cuotas, y que pudo salir de esta, pero sostiene que aunque se ha prometido no volver a esos lugares, algunas situaciones la obligan.

“A uno no le gusta empeñar, de hecho cuando uno lo hace se siente mal, al menos yo me pregunto ¿por qué?, sin embargo es una de las pocas salidas sin tanto riesgo físico que tenemos algunas personas que vivimos las penumbras de un sueldo bajo y tardío, y la obligación sobre un hijo que no se puede verse limitado por nuestras irresponsabilidades”.

EL NEGOCIO: ENTRE MÁS DEMORAS, MÁS GANANCIAS

Durante una mañana vallenata, DIARIO DEL CESAR realizó un recorrido por distintos puntos de Valledupar para conocer el verdadero negocio de las populares casas de empeños o también conocidas compraventas.  Extenderles los plazos a los ciudadanos, facilitares prolongados meses de y envolverlos con intereses del 7, 8, 9 y 10% es la estrategia.

Uno de los administradores de este negocio ubicado en la carrera séptima en Valledupar comenta que habitantes, se dirigen al lugar para conocer la situación que asumieron ante la casa de negocios.

“Algunos nos deben más de cinco meses y llegan a pedir ayuda, les decimos que nos dejen pagos tres meses para que retomen el tiempo legal del contrato.  Y ahí es cuando comenzamos a ganar, ellos dejan el dinero por miedo de no perder, a sabiendas que difícilmente podrán recopilar la plata: muchos pagan hasta un año de réditos para al final pierden las cosas, es así como nuestro capital se eleva”, comenta el ciudadano que no quiso revelar su nombre.

Al mes, sostiene que logran atender hasta 1.000 personas y efectuar contratos desde $120.000 solo de capital.  También que en réditos, por semana, pueden recibir más de $20.000.000 y al mes unos $150.000.000. 

Acota además que no a todos les va mal.  Dentro de su clientela también se encuentran personas reconocidas de la capital vallenata que dos y tres veces al año visitan los establecimientos para dejar en empeño sus prendas, pero recuperándolas en escaso un mes.

“Nosotros hemos atendido a un señor que siempre llega a empeñar su materia prima, eso le da unos $29.000.000.  No sabemos qué hace con el dinero o en qué lo invierte… pero lo cierto es que al mes o dos meses lo volvemos a ver, con el total del dinero y solicitando retirar sus pertenencias (…) aquí se ve de todo, pero por seguridad no nos compete afirmar, comentar o sostener nada”, expresó el administrador.

HABLAN EXPERTOS EN EL TEMA

Carlos Severiche Administrador Financiero, manifestó que el empeño de joyas y relojes aumentan la cotización diaria del metal, por lo que este recurso es tenido en cuenta a la hora de realizar esta acción.   Así mismo indicó que el éxito de los negocios es que, actualmente un 83% de la población recurre a este método de escapes financieros.

Y colocó un ejemplo: “en las compraventas trabajan con el precio y peso del gramo del oro y plata internacional.   Si por ejemplo una pieza alcanza los 20 gramos y cada gramo se encuentra en 20 pesos, el dinero autorizado a prestar matemáticamente es $200 (…) por eso, cuando se vaya a empeñar o vender oro, se debe revisar las bolsas que categorizan este material, se recomienda acceder al préstamo cuando el oro esté igual que en días pasados o haya elevado, así recibirán más dinero pero ojo, eso es contraproducente al momento del cobro de intereses”.