Diario del Cesar
Defiende la región

El Gobierno Duque: entre el vaticinio y la realidad

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Ha sido loable y destacable la labor humanitaria con la que Colombia ha atendido la migración venezolana. En este mismo espacio editorial hemos sostenido nuestra tesis que esa es una de las maneras de vengarse el régimen de Nicolás Maduro contra países como el nuestro que ha tenido una posición erguida y beligerante para buscar su salida del poder. Expulsar a núcleos sociales que antes sostenía el régimen y que hoy físicamente no lo puede hacer, fue una estrategia perversa para echarle más gasolina al fuego a Naciones como la nuestra donde caminamos con una mano adelante y otra atrás y frente a ello no nos digamos mentiras.

Si nuestro establecimiento no tiene, no le alcanza los recursos para atender a nuestra propia población necesitada de los más elementales servicios como salud, educación y trabajo, nos hemos echado encima otra obligación, que aun cuando tenga el carácter humanitario, no podemos con ella.

Ahora bien, la Nación ha dejado solos a municipios y departamentos para la atención de los migrantes venezolanos. Mientras el presidente Duque se jacta de esta labor patriótica, por otro lado lanza a los entes territoriales a que se las compongan como puedan; es decir, que si es el caso negarle la asistencia médico-social a los nuestros para dársela al vecino. Y eso es lo que está ocurriendo en muchos casos. Se está dejando de atender a nuestros connacionales por brindarle servicios, por ejemplo en salud, a los migrantes venezolanos.  Atrás han quedado los discursos promeseros de la comunidad internacional para ayudar a Colombia con fondos efectivos y oportunos. Mientras tanto, hagan como pueda.  Ya lo había advertido el Ministro de Hacienda: la atención de los venezolanos nos va a costar algo así como el 4% del PIB.

Y lo que acaba de proponer en la Asamblea General de la OEA el Presidente Duque en el sentido de adoptar un ´estatus temporal de protección migratoria´ que permita a los venezolanos acceder a todos los bienes y servicios para ´aliviar´ su situación, es una oferta irresponsable por cuanto, como dice el adagio popular, sino hay para el almuerzo, con qué se comerá. ¿De dónde van salir esos billonarios recursos para atender a una población que fácilmente dentro de seis meses llegará a los dos millones de personas?. Se le olvida al señor Duque que ya no está en campaña, que está ejerciendo el poder y su gobierno debe ser lo suficientemente responsable con los colombianos, con las finanzas del país para estar desde los atriles tratando de ganar indulgencias con unos seres humanos que nos merecen el mayor respeto y con los que somos solidarios en la medida de nuestras posibilidades.

Es cierto que en los momentos de tragedia no se puede apelar a la xenofobia ni a la restricción, pero también se debe actuar con sensatez y responsabilidad.

Nuestros hospitales públicos muchos de ellos están cerrados; las EPS quebradas y sin poder brindarle atención a usuarios y afiliados; los programas sociales del Estado reventados porque a pesar que se constituyeron como un barril sin fondo, pues ya tienen fondo: no hay plata para ellos. Y a ese panorama le sumamos el galopante desempleo que ha crecido en este Gobierno el cual carece de una política clara y certera para combatirlo, porque como bien lo dijo el Gerente del Banco de la República, la economía se estancó, retrocedió y los ´pajaritos´ que se pintaron no volaron, sino que se estrellaron.

El país no había caído en tanto pesimismo como el que hoy se vive. Y la percepción es que este Gobierno no tiene ni la capacidad ni maniobrabilidad para sacarnos adelante, como, entre otras cosas, los expertos esperaban. Entre el vaticinio y la realidad, no olvidemos que por lo general siempre van tomados de la mano.