Hay algo que está desconcertando a muchos colombianos. Mientras en algunas regiones las lluvias han sido intensas y en otras continúan los aguaceros propios de esta época, los organismos meteorológicos advierten que El Niño sigue fortaleciéndose.
El último informe de la NOAA, publicado el pasado 8 de octubre, señala que el fenómeno continuará intensificándose y que existe una probabilidad superior al 83 por ciento de que permanezca entre fuerte y muy fuerte hasta el mes de marzo de 2027. Incluso, los indicadores del Pacífico ecuatorial muestran un calentamiento excepcional.
¿Cómo puede llover si estamos ante un fenómeno que suele asociarse con sequía? La explicación está en que El Niño no es un interruptor que apaga las lluvias en todo el país. Colombia atraviesa actualmente su segunda temporada de más lluvias, que alcanza sus mayores volúmenes en octubre y noviembre. Además, la precipitación de un día o de una semana responde también a condiciones locales y regionales: humedad disponible, sistemas convectivos, ondas atmosféricas, relieve y circulación de los vientos. Por eso puede haber aguaceros muy fuertes en un territorio mientras, al mismo tiempo, en otro se acumula un déficit de lluvia. El propio Ideam ha advertido que una cosa no contradice la otra.
Lo que cambia con El Niño es el comportamiento climático de fondo. En buena parte del país se esperan acumulados de lluvia inferiores a los habituales, temperaturas más altas y una mayor evaporación. Es decir, aunque llueva con fuerza algunos días, el agua disponible puede no ser suficiente durante los períodos secos que siguen. La UPRA ya mantiene alerta roja por déficit hídrico para cultivos y pasturas del Caribe, el norte de la región Andina y la Orinoquía, con riesgos que podrían prolongarse hasta marzo de 2027.
El sector agropecuario será uno de los que primero sentirá esa diferencia. En la ganadería, menos disponibilidad de agua significa menos pasto, mayores costos de alimentación y presión sobre la condición corporal de los animales. También puede aumentar la necesidad de transportar agua y buscar forrajes en otras zonas. Sin embargo, conviene no exagerar cifras que todavía no están suficientemente comprobadas. El ICA informó recientemente que no encontró evidencia de un aumento inusual en la mortalidad del ganado ni en la movilización de bovinos en Magdalena, Sucre, La Guajira y Atlántico. Por esto, la prevención debe apoyarse en datos, no en rumores.
El Gobierno ha comenzado a preparar la respuesta. La Ungrd y las autoridades territoriales han planteado fortalecer los Consejos Municipales de Gestión del Riesgo, disponer recursos de los fondos territoriales y prepararse frente al desabastecimiento de agua, los incendios forestales y otros efectos del fenómeno. Para las actividades agropecuarias, el ICA recomienda proteger las fuentes de agua, vigilar el estado de los animales y cultivos y anticiparse a problemas sanitarios. El Ministerio de Agricultura, por su parte, habilitó recursos para subsidiar seguros agropecuarios y mantiene instrumentos para financiar sistemas de riego e infraestructura hídrica.
En las fincas ganaderas, además, la preparación debe comenzar antes de que el déficit sea evidente. Conservar agua en reservorios, proteger nacederos, disponer de bancos de forraje y ajustar para cada predio la carga animal, puede marcar la diferencia cuando disminuyan las lluvias. Son medidas sencillas, pero requieren planificación y recursos que no siempre están disponibles para el pequeño productor.
El mensaje, entonces, no debería ser que las lluvias actuales desmienten a El Niño. Tampoco que cada aguacero sea una señal de que el fenómeno desapareció. La realidad es más sencilla y, al mismo tiempo, más exigente: puede llover hoy y faltar agua mañana. Por eso, mientras unos miran los aguaceros con alivio, otros deberían estar revisando reservorios, fuentes de abastecimiento, disponibilidad de forraje y planes de contingencia. El Niño no se mide por un aguacero. Se mide por el comportamiento del clima durante meses. Y todo indica que Colombia debe prepararse para un período difícil.
*Ingeniero Forestal