Diario del Cesar
Defiende la región

¿Podemos aprender a envejecer?

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Llevo un par de años advirtiendo que el comportamiento demográfico en Colombia cambió de manera radical y plantea un desafío colosal. El promedio de vida aumentó a 77,5 años. En paralelo, hubo 433.678 nacimientos el año pasado, una caída del 4,5% frente a 2024. Nuestra tasa de fertilidad, 1,0 en 2025, es la más baja de América Latina. Para 2050, uno de cada cinco colombianos tendrá más de 65 años. Y si en 2023 había 6,6 personas en edad de trabajar por cada adulto mayor, las proyecciones advierten que hacia 2070 serán apenas 2,4.

El país envejece mucho más rápido de lo que adapta su economía, alterando la sostenibilidad del aparato productivo y fiscal. Los datos del Estudio Especial del Banco de la República, “Cambio demográfico y sus impactos económicos en Colombia”, son contundentes. Las alarmas están encendidas y el análisis técnico obliga a plantear soluciones estructurales e inmediatas.

La transición cambia radicalmente la ecuación de las pensiones, la salud, el cuidado y el crecimiento general. Habrá menos trabajadores sosteniendo las crecientes necesidades de una población mayor. La reforma pensional de Petro no resuelve el problema de fondo; al contrario, lo agrava al basarse en un modelo insostenible que recarga irresponsablemente las obligaciones fiscales sobre las futuras generaciones.

El país llega mal preparado a esta encrucijada. La informalidad general, del 55% en promedio, significa que menos de la mitad de los colombianos cotiza para pensión y aporta a salud. Por otro lado, la productividad es muy baja, ligada a la deficiente calidad de la educación, como prueban los resultados de PISA. Además, hoy solo uno de cada cuatro colombianos en edad de jubilación recibe efectivamente una pensión. Para las mujeres la cobertura es todavía menor, una brecha alarmante explicada por la informalidad laboral femenina y las pesadas cargas históricas de cuidado no remunerado.

Ante esto, debe garantizarse un piso de ingresos digno para quienes llegarán a la vejez sin una pensión. Estos mecanismos solidarios exigen financiación fiscalmente sostenible a largo plazo. Ampliar la cobertura de manera desordenada solo profundiza el problema central. La ruta correcta es aumentar progresivamente el subsidio del adulto mayor blindando la viabilidad fiscal, tal como lo demostramos desde el Centro Democrático al promover con éxito la ley 1912 de 2018.

Paralelamente, se debe construir un sistema nacional de cuidado. Aumentar la participación laboral femenina requiere guarderías y educación preescolar de calidad que liberen parte del tiempo que hoy millones de mujeres destinan al cuidado doméstico no remunerado. Desde el CD hemos dado pasos firmes con iniciativas como la ley ‘Estado Contigo’, priorizando el apoyo a madres cabeza de familia para aliviar sus cargas.

Con una población activa que crecerá menos, urge aumentar la productividad mediante mejor educación, formación técnica, adopción tecnológica y la eliminación de obstáculos regulatorios para que las empresas se formalicen. Asimismo, se debe adaptar el mercado laboral a una sociedad longeva: facilitar jornadas flexibles, capacitación constante y contratación formal de trabajadores mayores, además de desarrollar la “economía plateada” alrededor de servicios de salud, vivienda y esquemas financieros específicos.

El gasto público también tendrá que cambiar. Una menor población infantil liberará recursos en educación que deben redireccionarse estrictamente para atender las crecientes necesidades de salud, cuidado y protección en la vejez.

Colombia tendrá que abordar una discusión sin dogmatismos ideológicos. Vivimos más años y muchas personas conservan su experiencia y plena capacidad laboral. No tiene sentido que el mercado expulse anticipadamente ese valioso capital humano. Deben crearse condiciones para que quien quiera y pueda seguir activo lo haga, promoviendo flexibilidad y una transición gradual hacia el retiro.

No existe una reforma mágica. Se necesita disminuir la informalidad, protección para quien no se pensionó, más mujeres trabajando, un sistema robusto de cuidado, mejorar la educación y productividad, y oportunidades reales para una población que vivirá más años. Colombia no puede detener el envejecimiento, pero sí debe prepararse adecuadamente.

*Senador