Diario del Cesar
Defiende la región

No compren esos aviones

22

Entre las barbaridades que hizo el gobierno de Gustavo Petro —muchas de ellas embadurnadas de corrupción—, hay una que no ha sido examinada con el debido cuidado: la compra de 17 aviones de combate Gripen a la firma sueca Saab, para reemplazar la deteriorada flota de Kfir israelíes. Es un asunto que exige el máximo rigor, pues nos costaría a los contribuyentes más de 3.150 millones de euros, unos 12 billones de pesos, poco menos de una tercera parte del costo de la reconstrucción por el terremoto.

El negocio está rodeado de zonas oscuras como el papel desempeñado por la ex primera dama Verónica Alcocer y su red de amigos comisionistas. Basta recordar las imágenes de ella y del catalán Manuel Grau, en Estocolmo, y las visitas de Alcocer a tiendas de lujo como Louis Vuitton en esa ciudad, en plena negociación del contrato. Pero, además, no están claras las condiciones financieras ni los plazos del pago, según me contó esta semana un oficial de la Fuerza Aérea.

Hasta hace poco, la necesidad de adquirir esas aeronaves resultaba indiscutible, pues el envejecimiento de la flota Kfir, adquirida hace cuatro décadas, y la pérdida de varios de esos aparatos pusieron a Colombia en estado de indefensión aérea. Pero las lecciones derivadas de la guerra en Ucrania y del reciente conflicto en Medio Oriente obligan a replantear las cosas.

Aunque los aviones de combate siguen siendo valiosos, drones y misiles (tanto los más sofisticados como los llamados ‘baratos’), así como radares y sensores de última generación, integrados en un sistema de defensa electrónica con fuerte sustento de inteligencia artificial, han ganado muchísimo protagonismo en la guerra de hoy, por encima de los cazabombarderos.

Tras invadir Ucrania en 2022, Rusia quiso imponer su superioridad aérea, con un uso intensivo de sus ‘jets’ de guerra para destruir las defensas ucranianas. Pero fracasó: 122 aviones de combate rusos fueron destruidos y 18 dañados en cuestión de semanas, antes de la decisión del mando ruso de cambiar sus tácticas de ataque. Aunque no abandonó del todo los cazabombarderos, pasó a privilegiar drones y misiles, altamente destructivos, mucho menos costosos y que no arriesgan la vida de pilotos.

En el caso de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciados hace siete meses, los primeros ganaron muy pronto la supremacía en los cielos, gracias en gran medida a sus aviones de combate. Pero eso no definió el conflicto. En un artículo aparecido en julio en la revista ‘Breaking Defense’, el coronel (r) de la Fuerza Aérea de Estados Unidos Maximilian Kremer y el investigador y académico Kelly Grieco escribieron: “La campaña aérea estadounidense no fracasó porque no fuera suficientemente intensa (sino) porque dio prioridad al tipo de guerra aérea que ya no decide el resultado”.

“Más bombas no ganaron la guerra que importaba: la cuestión nunca fue quién controlaba los cielos sobre Teherán (sino) quién ganaría la guerra de disrupción que se libraba debajo de ellos”. Y en esa guerra de disrupción se están imponiendo los iraníes a punta de drones y misiles utilizados para bloquear el estrecho de Ormuz, por donde pasan el 25 % del petróleo y el 20 % del gas que se comercia por vía marítima en el mundo, y poner así en jaque a la economía mundial.

Parece claro que Colombia debe invertir mucho más en miles de drones y en un sistema de defensa electrónica con fuerte componente de IA, y no en 17 ‘jets’ de guerra que cuestan una barbaridad, cuyo mantenimiento y cuyo uso también valen muchísimo y que, como lo demuestran Ucrania y Medio Oriente, no deciden una guerra. Tal vez haya que comprar menos aviones y pedirle ayuda a Estados Unidos, que podría suministrarle a su aliado colombiano aparatos de segunda en buenas condiciones. Eso permitiría que, en medio de sus angustias fiscales, el país se ahorre la enormidad de plata que cuestan los Gripen. Es hora de revisar esa costosísima compra./El Tiempo

*Escritor*Exministro de Estado