Entre acordeones, recuerdos y sentimientos encontrados, el municipio de Urumita, La Guajira, conmemoró este 25 de septiembre el sexto aniversario del fallecimiento de José María ‘Chema’ Ramos Rodríguez, una de las figuras que dejó una huella profunda en la historia del folclor vallenato y quien en 1977 se coronó como el décimo Rey del Festival de la Leyenda Vallenata.
La jornada comenzó desde tempranas horas de la mañana en el Cementerio José María de Alfara, donde familiares, amigos, músicos y exponentes de la cultura vallenata se dieron cita para rendir homenaje a quien durante décadas hizo del acordeón una herramienta para preservar y transmitir las raíces musicales de su tierra.
El homenaje estuvo marcado por la nostalgia, pero también por la celebración de una vida dedicada a la música. En medio del silencio del camposanto, las notas del acordeón volvieron a convertirse en el principal lenguaje para evocar la memoria del recordado rey vallenato.
La ofrenda floral estuvo acompañada por la interpretación de su hijo, el también Rey Vallenato Chemita Ramos, quien hizo sonar su acordeón como un tributo a la memoria de su padre y al estilo musical que lo convirtió en uno de los intérpretes más reconocidos de su generación.
“LO RECUERDO CON EL ALMA”
En el acto estuvo presente doña Filomena del Carmen Rodríguez, madre de Chema Ramos. A sus 96 años, la mujer recordó con emoción a su hijo y expresó el orgullo que conserva por el hombre que fue y por el legado que dejó.
“Me siento muy bendecida por el hijo bueno que Dios me dio. Lo recuerdo con el alma, lo recuerdo todos los días, porque fue un hombre bueno”, manifestó.
HIZO DEL ACORDEÓN UNA FORMA DE VIDA
José María ‘Chema’ Ramos Rodríguez nació en Urumita, La Guajira. Desde joven encontró en el acordeón una forma de expresión y una manera de conectarse con las historias, costumbres y sentimientos de su pueblo.
Su nombre quedó inscrito en la historia del Festival de la Leyenda Vallenata cuando obtuvo la corona de Rey Vallenato en 1977. Desde entonces, su trayectoria se convirtió en un referente para las generaciones de acordeoneros que encontraron en su interpretación una muestra de respeto por las formas tradicionales del vallenato.
Más allá de una corona, Chema Ramos construyó una identidad artística alrededor de un acordeón de ejecución limpia, sobria y profundamente arraigada en la tradición. Su estilo fue reconocido por la manera de abordar los distintos aires vallenatos y por la sensibilidad con la que interpretaba las melodías.
Su aporte también trascendió los escenarios. Como ocurre con los grandes cultores de esta música, su legado se encuentra en las nuevas generaciones de músicos que aprendieron a valorar el acordeón como parte fundamental de una tradición que se transmite de padres a hijos.
En su historia familiar, precisamente, la música encontró continuidad. Su hijo, Chemita Ramos, siguió sus pasos y también alcanzó la distinción de Rey Vallenato, convirtiendo el apellido Ramos en uno de los nombres vinculados a la transmisión generacional del acordeón y de la tradición vallenata.
“UN HOMBRE GRANDE NUNCA MUERE”
Durante la conmemoración, Chemita Ramos destacó la presencia de amigos y representantes de distintas generaciones del folclor, quienes llegaron hasta Urumita para acompañar a la familia en esta fecha especial.
Entre los asistentes estuvieron Taryn y Rafa, hijos del recordado compositor Rafael Escalona, así como Rodrigo Daza Cárdenas, hijo de Juan Félix, quien viajó desde Villanueva para participar en el homenaje.
“Ver a amigos como Taryn y Rafa, hijos de nuestro inmortal Rafael Escalona, y a Rodrigo Daza Cárdenas, hijo de Juan Félix, venido desde Villanueva, nos llena de un profundo sentimiento y de mucha fortaleza”, expresó Chemita Ramos.
El Rey Vallenato también resaltó que la mejor manera de mantener viva la memoria de su padre es continuar interpretando y transmitiendo la música que marcó su existencia.
“Hoy estamos recordándolo porque consideramos que un hombre grande nunca muere; siempre vive, máxime cuando nos dejó una herencia que se sostiene en el tiempo, como lo es la música. Hoy no lloramos su ausencia, celebramos sus notas, que fue lo que nos dejó. Chema Ramos sigue siendo voz y acordeón en el corazón del pueblo que ama la música”, afirmó.
LA MÚSICA COMO LEGADO
La figura de Chema Ramos permanece ligada a una época fundamental para el vallenato, cuando los festivales comenzaron a consolidarse como espacios de encuentro para los principales intérpretes y compositores de la región y el acordeón se convirtió en uno de los símbolos más reconocidos de la identidad cultural del Caribe colombiano.
Su trayectoria representa también la historia de una generación de músicos que asumió la responsabilidad de conservar los aires tradicionales del vallenato y llevarlos a escenarios donde comenzaron a ser escuchados por públicos cada vez más amplios.
Por eso, seis años después de su partida, su nombre continúa siendo evocado no solamente por su familia, sino por músicos, investigadores, seguidores y habitantes de Urumita, quienes reconocen en él a uno de los hijos ilustres de esta tierra.
La agenda conmemorativa cerró con una misa en la emblemática Iglesia Santa Cruz de Urumita, donde familiares, amigos, feligreses y seguidores del folclor vallenato se reunieron para elevar oraciones por el eterno descanso del artista.
A seis años de su fallecimiento, su historia continúa sonando en las manos de quienes heredaron su pasión por el acordeón y en la memoria de un pueblo que entiende que, cuando un músico deja una obra y una escuela, su partida física no significa el final de su historia.
