Harald desafió los estándares de la monarquía al casarse con una mujer que no hacía parte de la aristocracia.
El rey Harald V de Noruega, una de las figuras más reconocibles y queridas de la monarquía europea, murió este viernes a los 89 años después de más de tres décadas en el trono. Su fallecimiento pone fin a un reinado marcado por la modernización de la institución, una estrecha relación con los ciudadanos y la capacidad del monarca para convertirse en una figura de unidad nacional incluso en los momentos más difíciles.
El Palacio Real de Oslo informó que Harald murió en paz a las 6:35 de la mañana en el Hospital Universitario de Oslo, donde permanecía ingresado debido al deterioro de su salud. El jueves, la casa real había comunicado que el estado del monarca era “extremadamente grave”.
Con su muerte, su hijo, el hasta ahora príncipe heredero Haakon, se convirtió automáticamente en rey. El nuevo monarca, de 53 años, adoptará el nombre de Haakon VIII y el lema “Todo por Noruega”. La sucesión se produjo de manera inmediata, de acuerdo con las normas constitucionales del país.
Noruega entró este viernes en un período de luto nacional. Las banderas fueron colocadas a media asta y las campanas de las iglesias repicaron al mediodía, mientras ciudadanos se acercaban al Palacio Real de Oslo para dejar flores y presentar sus respetos.
El primer ministro Jonas Gahr Støre describió la muerte como una pérdida para todo el país.
“Toda una nación está de luto, y el pueblo noruego siente una profunda gratitud por una larga vida al servicio de Noruega”, afirmó.
Støre destacó especialmente el papel que Harald desempeñó durante sus 35 años como monarca. “El rey Harald amaba a Noruega, y Noruega amaba a su rey”, declaró.
Un rey que convirtió la cercanía en una forma de gobierno
Harald V llegó al trono en 1991, cuando tenía 54 años, después de la muerte de su padre, el rey Olav V. Durante las siguientes tres décadas se convirtió en una figura asociada a una monarquía menos distante y más conectada con la sociedad noruega.
Su estilo contrastaba con la imagen tradicional de algunos miembros de las casas reales europeas. Harald era conocido por su sencillez, su sentido del humor y su disposición a hablar sobre la diversidad de la sociedad noruega.
En 2016 pronunció uno de sus discursos más recordados, en el que defendió una Noruega abierta a personas de distintos orígenes, religiones y orientaciones sexuales. El monarca afirmó entonces que los noruegos podían proceder de Afganistán o Pakistán, creer “en Dios, en Alá y en nada” y formar parejas del mismo sexo.
Su papel también adquirió una dimensión especialmente emotiva después de los atentados terroristas de 2011, perpetrados por el extremista de ultraderecha Anders Behring Breivik, que dejaron 77 muertos.
En aquella ocasión, Harald habló como rey, pero también como padre, abuelo y esposo. Dijo que apenas podía comprender el dolor de las familias afectadas y aseguró que, como jefe de Estado, se solidarizaba con todos los noruegos.
Ese tipo de intervenciones contribuyó a consolidar su imagen como una figura de unidad nacional.
La muerte del monarca más longevo de Europa
Harald era el monarca reinante de mayor edad de Europa. Durante los últimos años, sin embargo, su salud se había deteriorado considerablemente.
El rey estaba siendo tratado por anemia hemolítica, una enfermedad que provoca la destrucción acelerada de los glóbulos rojos. En los últimos años también había enfrentado otros problemas médicos: en 2003 fue operado por un cáncer de vejiga y en 2024 recibió un marcapasos.
A pesar de sus problemas de salud, Harald descartó en varias ocasiones la posibilidad de abdicar. Su argumento era que había prestado un juramento de por vida ante el Parlamento noruego.
En los últimos meses, Haakon había asumido progresivamente más funciones como regente debido a los problemas de salud de su padre.
Ahora será él quien ocupe el lugar que Harald mantuvo durante 35 años.
Haakon VIII asume una monarquía en un momento difícil
La llegada de Haakon al trono ocurre, sin embargo, en uno de los momentos más complicados para la familia real noruega en décadas.
El nuevo rey tendrá que asumir la jefatura de Estado mientras su esposa, la reina Mette-Marit, atraviesa una situación especialmente delicada. La princesa heredera ha sido objeto de fuertes críticas por su relación pasada con Jeffrey Epstein, el fallecido delincuente sexual estadounidense.
Documentos publicados en Estados Unidos mostraron que Mette-Marit mantuvo correspondencia con Epstein entre 2011 y 2014, años después de que él hubiera sido condenado por delitos sexuales.
La revelación provocó una fuerte controversia en Noruega y llevó incluso al primer ministro Støre a cuestionar públicamente el criterio de la futura reina.
Mette-Marit posteriormente expresó su pesar por aquella relación y pidió disculpas por las consecuencias que había provocado para la familia real.
A esa controversia se sumó el caso de su hijo, Marius Borg Høiby, quien fue condenado en junio a cuatro años de prisión por dos violaciones y otros cargos, entre ellos violencia contra una expareja. Høiby ha apelado la sentencia.
La situación ha afectado la percepción pública de la monarquía. Una encuesta citada por medios noruegos mostró que el respaldo a la institución había descendido considerablemente en los últimos años.
La salud de Mette-Marit también ha añadido incertidumbre. La nueva reina padece una enfermedad pulmonar grave y fue sometida a un trasplante de pulmón en julio.
El rey que desafió la tradición
La historia personal de Harald también contribuyó a transformar la monarquía noruega.
En 1968 se casó con Sonja Haraldsen, una mujer que no pertenecía a la aristocracia. La relación había generado resistencia dentro de los círculos monárquicos porque el matrimonio con una plebeya rompía con las convenciones de la época.
El entonces príncipe Harald, sin embargo, consiguió finalmente casarse con ella y ambos permanecieron juntos durante décadas.
La pareja tuvo dos hijos: Haakon y la princesa Märtha Louise.
Antes de convertirse en rey, Harald también tuvo una destacada trayectoria como deportista. Representó a Noruega en vela en los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, Ciudad de México de 1968 y Múnich de 1972.
Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando era niño, vivió durante varios años en Estados Unidos después de que la familia real noruega abandonara el país tras la invasión alemana.
Décadas después, esa experiencia ayudó a formar una visión del país que Harald mantuvo durante su reinado: una Noruega moderna, democrática y abierta.
El último capítulo de un reinado de 35 años
La muerte de Harald provocó mensajes de condolencia de distintas casas reales y gobiernos europeos.
El rey Carlos III del Reino Unido, primo de Harald, lamentó la pérdida de una “figura imponente” y destacó su calidez y humildad. Las familias reales de España, Dinamarca, Suecia y Bélgica también expresaron su pesar.
Para Noruega, sin embargo, la pérdida trasciende a la institución monárquica.
Harald se convirtió durante 35 años en una presencia constante en la vida pública del país: estuvo allí durante tragedias nacionales, celebraciones deportivas, cambios políticos y transformaciones sociales.
Su sucesor deberá ahora intentar conservar ese vínculo con los ciudadanos mientras conduce a la monarquía a través de una etapa marcada por los problemas de salud, los escándalos familiares y las dudas sobre el futuro de la institución.