Diario del Cesar
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‘Mi Guajira está abandonada’

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Jorge Celedón, el cantautor vallenato que le enseñó a sus seguidores con su tema ‘Sin Perdón’ que “uno quiere pa’ que lo quieran, uno ama pa’ que lo amen. Uno no da la vida entera pa’ que lo engañen, pa’ que lo engañen”, ahora les dice a las mujeres en su canción ‘Acércate al amor’: “Quédate mejor soltera, pondrán a tus pies la luna y un combo de estrellas. Quédate mejor soltera, hallarás quien te valore y no ese que hasta pega, quédate mejor soltera”.

Este villanuevero  lo contratan para hacer conciertos privados, dice que le debe a esta ciudad el éxito de ‘Parranda en El Cafetal’. “Acá se despertó la fiebre por este merengue, de aquí se fue a la Costa y no al revés, como la gente cree”. Cuenta que compuso “esta cura pa’l mal de amor”, en un apartamento de Barranquilla. “Había terminado una relación y pensé mucho en las parrandas que hacía en mi barrio, en El Cafetal (Villanueva, en La Guajira), y en la alegría de ciertos personajes a los que les importaba un carajo todo, me pintaba a esos parranderos que cantan y brincan en un solo pie”, relata sobre ese tema que dice: “Se fue y ella cree que va a morir, no ve que vengo es a divertir, ya ve, aquí está un hombre feliz”. Fue en medio de “una dejada”, que Celedón, afirma, “quise traerme esa alegría de mi barrio a ese momento de tristeza”.

Para ‘Ay Hombe’, otro de los himnos de uno de los más cotizados artistas del vallenato —cobra hasta $80 millones por concierto—, se inspiró en él mismo. Sobre el tema que dice: “Tantas veces le mentí, que hoy me duele la verdad. Tuvo toda la razón para marcharse, lo sé. Como buen guajiro yo mi falta la pagaré”, admite: “Me agarraron en una mentira, me cortaron y ahí vino la canción. No voy a decir que le pasó a otro como en el caso de ‘Sin perdón’, que sí se la hice a un amigo, al igual que ‘¡Juepa Je!’”.

¿Cómo surgió ‘Acércate al amor’?

Visitando de niño una de las fincas de mi abuelo encontré a un trabajador con la correa en la mano pegándole a la mujer y nunca olvidé esa imagen, por eso decidí hacerle una canción. Y me pregunté lo que mucha gente se pregunta hoy en día: “¿Por qué no lo deja?”. Después se fueron juntos para otro lado y nunca más supe de ellos. Esta canción toca el tema de la violencia contra la mujer, pero no de manera tan general, porque es un tema extenso y hay muchas cosas por decir.

Allí usted dice que es “mejor sola que mal acompañada”. Eso piensa…

Sí, eso pienso, de hecho mucha gente me ha escrito “ojalá la escuchara mi hermana”. Me llama mucho la atención la reacción de mis colegas, la han tomado muy bien, me han felicitado mucho, eso significa que eso también lo hubieran querido decir algunos.

¿Considera que algunos temas vallenatos son machistas?

Sí, hay varios clásicos machistas, que por la época en la que fueron escritos se les perdona, tampoco tenían que ser ellos quienes arreglaran el mundo, hay maestros a quienes les pidieron esas temáticas, pero si estuvieran vivos hoy en día estuvieran cantándole a la igualdad.

¿Se autocensura en sus canciones para no pasar por machista?

Estoy libre de pecado en ese tema. Yo le agradezco mucho a la mujer y me acuerdo siempre de mi madre, que en paz descanse; no alzaría mi mano ni le levantaría la voz a una mujer, soy muy calmado y pienso que cuando comienzan a subir volumen, llega el maltrato. No estamos para maltratarnos sino para querernos. Hay que usar esa fuerza para bien, para amar a la mujer, para quererla, para protegerla.

Hablemos de su pareja musical, Sergio Luis Rodríguez, ¿cómo lo halló?

En este momento de mi carrera yo necesitaba un acordeón como el de Sergio Luis, un poco más vallenato, guardando respeto por lo que han hecho otros acordeonistas, estuve más tiempo con Jimmy Zambrano y con Tavo García, necesitaba la presencia de un acordeón más vallenato, que en eso Sergio es especialista en la materia.

¿Qué proyectos tiene con La Guajira, su tierra, para ayudarla a salir adelante de su problemática?

Hay tantas cosas por hacer por La Guajira, pero hay que hablarle a la parte política que es la que tiene el compromiso con la gente. Como artistas llevamos nuestra música y hemos hecho cosas por el bien de la comunidad, pero estamos todos en deuda, es un abandono total, hace falta agua. Hacer un acueducto no está al alcance de Poncho Zuleta, Jorge Celedón, Jean Carlos Centeno ni de Egidio Cuadrado, de todos los que somos de allá, hay que comprometer a la parte política, porque es una tierra bonita, sorprendente, con un Cabo de la Vela, donde ves atardeceres que enamoran y dan ganas de volver, pero tenemos muchas necesidades.

¿Qué recuerdos tiene de su infancia en Villanueva?

Muy bonitos, hoy en día voy bastante. Recuerdo los sonidos que me llevaron a cantar vallenato, de los acordeones de la dinastía Romero, que son mis vecinos, de Israel Romero y de toda su familia, el éxito de Los Zuleta en la radio, el de Diomedes Díaz. Uno va escuchando y se va ilusionando de ver tanto talento y siente ese compromiso de salir a cantar vallenato por el mundo.

¿Desde niño usted se imaginaba cantando en un escenario?

Sí, entendí es que no iba a ser un gran ingeniero ni nada y en medio del sonido de los vallenatos sentía no más un compromiso de salir a cantar. Cuando descubro, o mejor, me descubren, desde pequeño, dije “bueno, a cantar vallenato para el mundo”.

¿Descubrió primero su vena de intérprete y luego la de compositor?

Primero cantaba canciones de otros, imitaba o trataba de parecerme a Poncho Zuleta, tenía un timbre tan diferente al de él, pero yo quería ser como Poncho. (Risas).

¿Y don Alfonso y doña Maura, sus padres, qué pensaban de esa afición suya por cantar?

Cuando se da la grabación de ‘Drama provinciano’, tocó salir a Barranquilla y a mis padres les daba un poco de nervios, porque ellos no viajaban. En uno de esos viajes se dio un accidente en el que iba Daniel manejando el carro, gracias a Dios solo sufrimos golpes, pero mi papá dijo: “Se acabó el cantaleteo. Que termine su bachillerato y después decide lo que va a hacer”.

Un tío suyo fue quien lo descubrió…

Sí, Daniel Celedón. Con él es con el que primero canto. Él tocaba la guitarra y yo cantaba en el patio de mi casa. Cuando le llegó la canción Drama Provinciano, una narración entre un padre, una madre y su hijo, que decía: “Oye mamá, en la puerta hay un señor que dice que es mi papá y que quiere hablar contigo”, dijo “esta es y la va a cantar Jorgito”. Nos fuimos para Bogotá y de dos tomas, a mis 10 años (junto a Mélida Yara), hice esa obra del maestro Lenín Bueno Suárez.

¿Qué sueño de la infancia no cumplió?

He disfrutado mucho la vida y la amistad, si me queda algo por vivir no es de mi infancia, me divertí en el campo y compartí con los amigos. Tuve una niñez feliz.

Precisamente, usted cantó ‘Sueño de niñez’ con su hermano Alfonso…

Mi tío Daniel escogía mi repertorio, porque yo era pequeño y aún no escribía, y me pusieron a grabar ese disco con mi hermano, que también canta. Lo grabé después de Drama Provinciano.

¿Cuándo descubrió que era compositor?

Eso sí lo fue diciendo la gente de mi barrio, El Cafetal, porque uno se convierte siempre en el Gallito del barrio. Compartí serenatas con Fabián Corrales, con mucha gente que hoy en día es grande.

¿Y con esos dotes de compositor conquistaba a las chicas?

No, era muy tímido y eso es muy malo.

Dicen que todavía lo es…

Claro. Me transformo en el escenario, pero no por ego sino por timidez, por eso hablo poco en las presentaciones.

¿No daba serenatas en La Guajira?

Sí, pero para los amigos, no tantas mías, como se imagina la gente. Pero sí vivo lleno de orgullo porque muchos niños se me acercan y les pregunto: “Tú de quién eres hijo” y les cuento: “El que hoy es tu papá me llevó a darle serenata a tu mamá”.

¿Sus temas sirven para unir parejas?

Sí, ‘Cuatro rosas’ ha servido para reconciliaciones, para tocar en matrimonios y mucha gente se ha despedido de este mundo con ‘Esta vida’, después de luchar con enfermedades terminales.

¿Qué canciones suyas que han grabado los grandes, lo llenan de satisfacción?

Tuve el honor de que me grabara Diomedes Díaz ‘Recordando’, y Patricia Teherán, ‘Todo daría por ti’.

Jorgito, como le llaman cariñosamente sus más cercanos, estudió en Barranquilla unos semestres de Producción de Audio y Televisión, en la Universidad del Norte. Los críticos del vallenato advierten que “tiene un conocimiento musical y un oído muy fino”, y que su cualidad más importante “es la afinación y el respeto por las melodías y las tonalidades”.

Vivió en una época en Cali porque se enamoró de una caleña, y mientras duró ese noviazgo, estuvo en la ciudad de la que se fue porque no quería tener que cantarle tanto a Dios como al diablo, en la época del narcotráfico. Después se casó con su actual esposa, Lucía de la Ossa, vivieron en Montería (ella es de allá), luego en Barranquilla y ahora viven en Bogotá. Llevan más de 15 años de casados. Son muy discretos con su vida familiar, no son de redes sociales.

Tienen dos hijos, Catalina y Santiago, de quienes dice: “Solo quiero que sean felices”.

Carlos Mazeneth, amigo de infancia de Jorge, hoy gerente de una compañía de gas natural, cuenta que él “fue siempre un niño con mucho talento, todos en su familia paterna son artistas, sus tíos, el papá, su tío Daniel es un gran cantante vallenato y otros tíos de él, como Pedro Celedón, e incluso su papá, cantaban música ranchera”.

Fue en la casa de Jorgito, en el barrio El Cafetal, con un patio gigante y bajo la sombra de un árbol enorme, que este y sus amigos se reunían en las tardes o en las noches, alrededor de una guitarra a echar chistes y a cantar, pero no solo vallenatos, sino música romántica de la época, de Nicola Di Bari, Camilo Sesto, Julio Iglesias, Juan Gabriel, Charles Aznavour, Rocío Dúrcal, y claro, vallenatos./Colprensa/El País