Diario del Cesar
Defiende la región

 La nueva ola frente a la juglaría vallenata

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Alejandro Durán fue uno de los juglares que defendió la evolución del vallenato pero aseguraba que las raíces debían mantenerse.

Por
WILLIAM
ROSADO RINCONES

Entre la satisfacción y la polémica, los vallenatos siguen digiriendo la designación de la UNESCO de declarar al vallenato como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, unos defienden la iniciativa como reconocimiento a las primeras manifestaciones del folclor por su pureza, y otros retan a las nuevas generaciones a respetar la tradición.

Estos últimos emplazan a los artistas modernos, para que se reivindiquen con canciones apegadas a lo natural, que dejen de lado lo baladí, pues consideran que lo que la entidad hizo fue tirarle un salvavidas al género, ante los atentados a su esencia.

Si bien la satisfacción es por igual para los ejecutores jóvenes y viejos, a los primeros les cabe la responsabilidad de que al vallenato vuelvan las canciones que rescaten los valores naturales y los contenidos amorosos sin la discriminación ni las ofensas.

Lo innegable es que para lograr la conquista de los nuevos estadios de la música fue necesario adoptar ropajes estructurales que incidieron en el avance, pero lo que no se puede aceptar es el cambio en las raíces melódicas, sobre todo cuando estas son manifestaciones empíricas de una generación de osados intérpretes que enfrentaron el reto de patentar una música como suya.

Ese trasegar campesino de los primeros senderos influenció la musa de  estos cantores quienes matizaron los contenidos con romanticismos reales, casi siempre relacionados conla naturaleza, las mujeres y los compadres del entorno.

Lo que la UNESCO premia a la juglaría es la excelencia de transmisión oral de la cultura en los pueblos provincianos quienes en cuatro versos narraban las grandes historias que inmortalizaron los momentos y a los autores mismos.

“La mujer y la primavera

Ay son dos cosas que se parecen

La mujer huele cuando está nueva

La primavera cuando florece”

La entidad lo que quiere con el vallenato, es que ese tipo de canciones como ‘La Mujer y la Primavera’ de la cual es la estrofa citada, no mueran, y se preserven esas raíces, por eso tiene tres listas clasificatorias: la de patrimonio representativo, la de mejores prácticas de salvaguarda y la de patrimonio cultural que requiere medidas urgentes de salvación, y en esta última fue que reseñó al vallenato. En ese sentido se advierte la preocupación por una eventual desaparición de esas manifestaciones criollas.

He ahí el reto para las nuevas generaciones que si bien caminan al compás de la modernidad, se han apartado del sendero identificador del vallenato, a tal punto que algunos se han fusionado con champetas y reggaetón, una alianza peligrosa para la autenticidad del género, opinan algunos expertos.

Las evoluciones han sido consecuentes dentro del vallenato, en su oportunidad los juglares sintieron las influencias de Nuevas Olas, y así lo evidenció en un canto Alejo Durán:

“Ya mi negra me dejó

Como me compongo ahora

Porque ella dice que yo

No soy de la Nueva Ola”

Para ese entonces ya se sentían los movimientos de grupos vanguardistas como Carlos Román,  Aníbal Velázquez, o Dolcey Gutiérrez.

La aparición del cantante en los grupos vallenatos fue otras de las facetas que impactó a la juglaría, muchos de los cuales sucumbieron y a otros les tocó echar mano de ese recurso, como Calixto Ochoa con Lucho Cuadros y con otros tantos; Luis Enrique Martínez grabó con Beto Martínez y Juan Manga; Nafer Durán y ‘Colacho’ Mendoza  lo hicieron conDiomedes Díaz, entre otros, pero aunque perdieron un poco de autonomía se respetó gran parte de los orígenes.

Los pasos evolutivos siguientes, volvieron a enfrentar otros reductos innovadores, pero más cargados de tecnologías y vertientes diferentes en las composiciones, ya no paridas de las mentes del compositor, sino exigidas en su gran mayoría por los intérpretes, quienes trotan al compás de los ritmos contemporáneos imitados en otras culturas y acolitados por programadores de música que no ponen el tamiz, por estar muchas veces incentivados por los intereses de los productores y músicos. Este es otro punto de la corrosión de ese vallenato al que le mostraron tarjeta amarilla.