Diario del Cesar
Defiende la región

“El mundo narcopentecostal está ligado a la marginalidad profunda»

17

El escritor colombiano Mario Mendoza se prepara para una nueva edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, evento que durante una buena cantidad de ediciones ya, él ha sido una de sus máximas figuras con interminables filas de personas a la espera de la firma de sus libros y con distintos eventos en el auditorio más grande del recinto de Corferias, donde muchos se quedan sin poder ingresar por la masiva afluencia de público.

En las últimas ediciones el interés se ha incrementado con la amplia producción de novelas gráficas, cómics y la adaptación de parte de su universo literario al mundo de las películas y las series, con las dos entregas de ‘Los Iniciados’ y recientemente ‘Estado de fuga’, esta última, siendo una de las producciones colombianas con más nominaciones en la edición trece de los Premios Platino Xcaret que se entregarán el próximo 9 de mayo en la Riviera Maya.

Ya se encuentra en la librerías del país ‘La hora de los lobos’, su nueva novela, que en el arranque de la historia vuelve a sumergirse en una de las zonas más populares de Bogotá, que en la gran mayoría de su obra ha sido su constante escenario, pero es el inicio para ir mucho más allá.

Bruno, un niño pierde a su padre por la violencia en un barrio al sur de Bogotá, mientras su madre en silla de ruedas busca mantener a flote la economía del hogar, él inevitablemente se encuentra con el mundo del microtráfico de drogas y se va sumergiendo en este mundo ilícito, mucho más grande de lo que la gente puede llegar a imaginarse, e igualmente mucho más cercano de lo que se cree.

“Este libro fue muy difícil de escribir para mí, muy complejo, porque durante muchísimo tiempo yo me negué a entrar en la mafia, porque era un mundo que no me interesaba narrativamente hablando. La violencia de mis libros no es la violencia política, sino la transpolítica. La violencia política es la de grupos al margen de la ley y que atacan el establecimiento, como las guerrillas, el paramilitarismo y el narcotráfico. Esa violencia nunca me ha interesado tanto como la violencia transpolítica, la que viene del sistema, la que opera dentro del sistema”, comentó Mario Mendoza.

Por esto, en más de 30 años de producción literaria, en sus novelas, cuentos y recientemente novelas gráficas y cómics, nunca había profundizado en la violencia de dichos grupos, sino cómo el mismo sistema opera de una manera terrible y despiadada, y como psicológicamente esto afecta a todos.

Y agregó el escritor, “Creo que llegó el momento, creo que toca hacer esta incursión en esa violencia política. Cuando uno piensa en estos grupos delictivos, uno siempre piensa en los viejos carteles. Cuando uno piensa en la mafia en Colombia, uno se va a Pablo Escobar o al Cartel de Cali, pero la pregunta que me hice fue: ¿eso funciona igual hoy en día?”.

A través de ese interrogante inició una profunda investigación sobre la mafia hoy en un país como Colombia y si la generación actual dedicada a delitos como el narcotráfico, mantenía los anhelos e imaginarios de un narcotraficante como Pablo Escobar, que llegó a realizarse retratos vestido al estilo Revolución Mexicana.

“Ahí me empiezo a darme cuenta que todo esto tiene que ver con cosas como el anime, esto tiene que ver con la Yakuza japonesa, los deportes extremos y las artes marciales, porque un capo hoy va al gimnasio a diario, una cosa completamente distinta a un capo de los años ochenta”, aseguró el autor.

En ese viaje por el crimen organizado, recordó el asesinato presidencial de Luis Donaldo Colosio en 1994, el más opcionado para lograr la presidencia, mientras que en el poder se encontraba Carlos Salinas de Gortari, que más adelante se investigarían los vínculos de su hermano con los carteles del narcotráfico.

“Cuando mataron a Colosio, la primera hipótesis de las autoridades fue la de un tirador solitario, pero hoy en día sabemos de que no fue así, de que todo estaba orquestado no solamente desde el narcotráfico, sino que el mismo gobierno y su mismo partido estaba implicado en el crimen”.

Es la muestra más clara de las relaciones profundas entre el narcotráfico y el Estado. “seguimos creyendo que son cosas independientes. El mismo establecimiento está cooptado y ciertos lazos que lo conectan con la magia y tiene cierto tipo de decisiones entre ambos bandos”.

Años más tarde ocurrió en Colombia el Proceso 8.000, cuando se encontraron dineros del narcotráfico en la campaña presidencial llegó al ministro de Defensa, Fernando Botero. “Desde ese momento, hemos sabido de ese matrimonio”.

Pero también investigó la respuesta de la literatura a hechos como la muerte de Colosio, llegando a obras del escritor mexicano Elmer Mendoza, ‘Un asesino solitario’, un narrador que conoce profundamente el fenómeno del narcotráfico en México.

En la novela, un  sicario es llamado por el estado mismo para encargarle la misión de asesinar a un candidato presidencial, y al aceptar, planea cómo no fallar, a través de una serie de círculos de varios sicarios con la misma misión de fallar.

También investigó fenómenos como Brasil y sus organizaciones delictivas que operan desde las favelas, que nacen desde que la izquierda en plena dictadura, sus líderes son presos y desde las cárceles se van conociendo a líderes de la delincuencia común a quienes les van enseñando tácticas de guerrilla y dando inicio al Comando Vermelho, que inició asaltando bancos, y lentamente se organizan en las cárceles, para entrar en el narcotráfico.

“La manera cómo se ve el mundo desde las favelas, es muy parecida a la visión que se tenía en el Cristianismo primitivo, por lo que se generó un matrimonio perfecto entre las organizaciones delictivas y la religión en Brasil, a través de lo más profundo del dolor y la segregación. Jesús siempre estuvo con los olvidados y jamás con las estructuras de poder. Es por eso, que en Brasil para estos grupos la cruz también es un símbolo de lucha. En la iglesia es donde se fortalece el narco de las favelas”.

La relación entre religión y mafia no es nada nueva. Solo basta con recordar las relaciones entre el mundo criminal y las transacciones del Banco del Vaticano, uno de los más poderosos de Europa.

“El mundo narcopentecostal es un mundo que está ligado a la marginalidad profunda. Ellos van creciendo con la gramática de la guerra y el lavado del dinero, que de alguna manera se convierte en una cruzada. Una lucha entre el bien y el mal pero también en una conversión que se da en la cárcel, que es una especie de universidad en el mundo delincuencial, donde sienten que no están solos”.

Con todos esos elementos, Mario Mendoza empieza a tejer una historia desde el corazón de un barrio popular muy cercano al centro penitenciario de La Picota de Bogotá retratando cómo esas mismas relaciones son pieza fundamental de las organizaciones delincuenciales que suelen captar y formar a sus miembros, desde las principales cárceles del país.

“Creo que estamos en un importante cambio de coordenadas, y si no las entendemos será bastante difícil lo que se nos viene encima, porque son tendencias que vemos en México, Ecuador y Brasil, entrando con mucha fuerza en Colombia, y las organizaciones delincuenciales han entendido bien la fuerza espiritual que tiene la región para utilizarla y enfrentarse al establecimiento”.

Un individuo hoy en día que lidera una organización criminal y tiene 35 años, no tiene nada que ver con los abuelos del narcotráfico en su forma de vivir. Hoy el narco ve series manga, sigue al Yakuza y le encanta el poder que generan los tatuajes. Van al gym, son atléticos, “los imaginarios pasan también por las artes marciales, conectando con Tarantino. Lo primero era descubrir los imaginarios y poder construir y entender esas nuevas dinámicas”.

‘La hora de los lobos’ es un retrato desde la literatura, incómodo, de lo que realmente ocurre en un país como Colombia, donde las relaciones entre poder y narcotráfico se mantienen vivas, pero el mundo narco se encuentra en la cotidianidad misma de la mayor parte de las ciudades del país.

  • COLPRENSA