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Museo nacional le rinde homenaje a Beatriz González

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Desde hace unos días, el Museo Nacional de Colombia cuenta con una nueva exposición temporal de arte colombiano que ha despertado el interés de muchos de sus visitantes.

Se trata de ‘Un mundo raro’, un homenaje al legado que Beatriz González dejó en esta institución. Un verdadero tributo a la artista que sentó las bases de las curadurías, las investigaciones y la línea pedagógica del museo.

El título de la exposición, inspirado en una de las canciones favoritas de la maestra, compuesta por José Alfredo Jiménez, es el punto de partida para explorar su profunda relación de amor con el Museo Nacional de Colombia.

Es una exposición estructurada en tres secciones: ‘Los rostros del pasado’, ‘Pensar con los objetos’ y ‘El pasado es como lo pintan’, las cuales resaltan algunos de sus principales aportes curatoriales e investigativos a la museografía, a la historia del arte del siglo XIX y al estudio y revaloración del patrimonio custodiado por el Museo Nacional de Colombia.

La maestra Beatriz González, fallecida el pasado 9 de enero, fue una de las artistas colombianas más importantes de los siglos XX y XXI, y una figura esencial del ambiente  artístico y cultural en el país.

Su labor fue fundamental para el Museo Nacional de Colombia como curadora en jefe de las Colecciones de Arte e Historia, cargo que desempeñó entre 1989 y 2004, sentó las bases curatoriales, investigativas y pedagógicas que marcaron al museo durante sus transformaciones colectivas del siglo pasado y principios de este.

“La melancólica canción que da título a esta muestra (de José Alfredo Jiménez) era una de las favoritas de la maestra y es el punto de partida para pensar en su relación con el Museo Nacional”, explicó Carolina Vanegas Carrasco, artista plástica de la Universidad Nacional de Colombia, experta en la obra de Beatriz González y curadora de la exposición.

“Un amor profundo al que le entregó sus mayores esfuerzos durante catorce años. Un amor que no siempre sintió correspondido, incluso cuando su labor pedagógica en el museo se centró en fomentar la mirada crítica hacia el pasado”, añadió.

La muestra resalta esa relación; además de algunos de sus principales aportes curatoriales e investigativos a la museografía, a la historia del arte del siglo XIX —que investigó profusamente— y al estudio y revaloración del patrimonio custodiado por el Museo Nacional de Colombia.

ENTRE EJES

El primer eje, ‘Los rostros del pasado’, está centrado en los esfuerzos de la maestra por divulgar la iconografía de los personajes destacados de la historia nacional. Allí se destaca Cuadernos iconográficos, uno de los programas de divulgación de mayor impacto durante su gestión, cuyo objetivo era “coleccionar, clasificar y analizar las imágenes relativas a los personajes más notables de la historia, la cultura y el arte colombianos”, como lo explica su primera edición, publicada en 1996. Se destacan, especialmente, Simón Bolívar y La Pola, dos de las figuras históricas más estudiadas y apreciadas por ella.

El segundo eje, ‘Pensar con los objetos’, sintetiza su metodología de trabajo curatorial, centrada en la investigación de la colección del museo y las estrategias para proyectar su crecimiento.

Asimismo, se aborda su interés por recuperar el carácter tripartito del Museo Nacional de Colombia (historia, arte y ciencia), su convicción en la importancia de la investigación de las colecciones para enriquecer las salas permanentes y de la conexión del museo con la investigación contemporánea, principalmente, por medio de la Cátedra Ernesto Restrepo Tirado, creada en 1996 gracias a ella.

El último eje, ‘El pasado es como lo pintan’, presenta tres de sus principales investigaciones basadas en las colecciones del siglo XIX: la de Peregrino Rivera Arce, un militante liberal en la Guerra de los Mil Días (1899-1902), ataviado con sus materiales de dibujo y grabado; la de José Gabriel Tatis, cuya vida transcurrió entre el compromiso político y la voluntad creativa, y la de José María Espinosa, una de sus investigaciones estrella. “Espinosa me enseñó que la caricatura puede ser arte”, afirmó Beatriz González sobre este último artista en 2007.

Aunque la exposición se centra más en su legado que en su propio trabajo artístico, quienes la visiten tendrán la oportunidad de ver dos de sus obras: Un peso, la serigrafía sobre papel de Simón Bolívar de 1978, y Autorretrato con mascarilla (2004), una serigrafía sobre tela donde experimentó, en primera persona, la costumbre decimonónica de la mascarilla fúnebre.

Para Katia González, directora (e) del Museo Nacional de Colombia, “la idea con ‘Un mundo raro’ es retribuir el amor que la maestra sintió por esta institución y reconocer algunos de sus aportes, que fueron muchos y fundamentales, para esta construcción colectiva y en permanente cambio que es el Museo Nacional de Colombia”.

El homenaje a la maestra no solo incluye esta exposición, también se realizará en la Cátedra Anual de Historia, que estará dedicada al legado de la artista, curadora e investigadora.

‘Un mundo raro: el legado de Beatriz González en el Museo Nacional de Colombia’ estará abierta hasta el 12 de julio.

  • COLPRENSA