Diario del Cesar
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Valledupar se rinde ante su patrono, Santo Ecce Homo

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En Valledupar, el Lunes Santo no es un día cualquiera. Desde la madrugada, la ciudad comienza a latir al ritmo de la fe, esa que durante siglos ha mantenido viva la devoción al Santo Ecce Homo, patrono de los vallenatos, cuya imagen vuelve a encontrarse hoy con su pueblo en una de las manifestaciones religiosas más multitudinarias en la región.

La jornada tiene como epicentro la Catedral Santo Ecce Homo y la iglesia de la Inmaculada Concepción, templos que desde temprano abren sus puertas para recibir a cientos de fieles que llegan no solo desde distintos barrios de la ciudad, sino también de diversas regiones del país. Algunos lo hacen para orar en silencio; otros, para cumplir promesas, entregar medallas conocidas como “milagros” o tocar con pañuelos la imagen sagrada, en busca de alivio y esperanza.

Las celebraciones litúrgicas comienzan desde las 4:00 de la mañana en la parroquia de la Inmaculada Concepción y se extienden hasta las 8:00 a.m. En la Catedral, la programación continúa con varias eucaristías previas a la Misa Mayor, que será presidida a las 10:00 de la mañana por monseñor Oscar Vélez Isaza, obispo de la Diócesis de Valledupar.

La invitación, según el párroco Iver de La Cruz, es a vivir la fe en comunidad, fortaleciendo también la espiritualidad en el núcleo familiar.

Pero es en la tarde cuando la ciudad alcanza su punto más alto de fervor. A las 4:00 p.m., la plaza Alfonso López se convierte en escenario del encuentro entre el pueblo y su patrono. Una hora más tarde, a las 5:00 p.m., inicia la solemne procesión que recorre las calles del viejo Valledupar, acompañada por una multitud que avanza entre rezos, cantos y muestras de devoción.

 

SE ENTRELAZAN LA HISTORIA Y LA LEYENDA

‘Ecce Homo’, expresión latina que significa ‘He aquí el Hombre’, remite al momento en que Jesucristo fue presentado ante el pueblo antes de su crucifixión. En Valledupar, su veneración se remonta, según historiadores, a 1553. La tradición cuenta que la imagen fue tallada por un misterioso ebanista que pidió alojamiento y provisiones mientras realizaba su obra. Días después, al forzar la puerta del lugar donde trabajaba, los habitantes solo encontraron la figura terminada. El hombre había desaparecido sin dejar rastro, y los alimentos permanecían intactos.

Desde entonces, la imagen ha sido considerada milagrosa. Muchos creyentes aseguran que en ciertas ocasiones ‘suda’, y que ese sudor, recogido en paños, posee propiedades sanadoras. Otros relatan que, en momentos específicos, la imagen adquiere tal peso que resulta imposible moverla, como señal de disgusto o advertencia divina.

Más allá de las creencias, lo cierto es que el Ecce Homo ocupa un lugar central en la vida espiritual de Valledupar. Así lo expresan sus devotos. Para Armando Guerra, poder llegar este año al templo ‘ya es una bendición’.

Su intención, como la de muchos, es pedir protección y agradecer los favores recibidos. José Mármol, comerciante de artículos religiosos, celebra la oportunidad de reencontrarse con el santo.

Silvio Cuello Chinchilla, integrante de la Hermandad de Jesús de Nazareno, invita a vivir este tiempo como un espacio de reflexión, dejando atrás sentimientos negativos y fortaleciendo la misericordia.

La celebración se enmarca en la Semana Santa, uno de los momentos más significativos del calendario católico. Como explica el padre Iver de La Cruz, no se trata de hechos aislados, sino de un solo acontecimiento: el paso de la muerte a la vida. Desde la Última Cena del Jueves Santo, pasando por la pasión y muerte del Viernes Santo, hasta la Vigilia Pascual del sábado en la noche, la Iglesia conmemora el triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte.

En Valledupar, se vive en la calle, en las miradas de los fieles, en los pasos pausados de la procesión y en el silencio que acompaña cada oración. Es una tradición que trasciende generaciones y que, año tras año, reafirma la identidad de un pueblo que encuentra en su patrono no solo un símbolo religioso, sino también un motivo de unidad y esperanza.