Diario del Cesar
Defiende la región

El desafío de la IA

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La humanidad siempre ha enfrentado revoluciones tecnológicas que reconfiguran su destino, pero pocas veces una innovación había avanzado con la velocidad, la profundidad y la transversalidad de la inteligencia artificial. Estamos ante una fuerza transformadora que, en cuestión de años, ha comenzado a copar casi todos los ámbitos de la actividad humana; desde la producción industrial hasta las finanzas, desde la educación hasta la guerra, la IA optimiza procesos y, adicionalmente, los redefine.

Profesiones enteras sienten el avance de la automatización inteligente, que no se trata únicamente de robots reemplazando operarios en fábricas, porque hoy la inteligencia artificial redacta informes, diagnostican enfermedades, diseñan estrategias jurídicas y analizan mercados en segundos. La promesa de mayor eficiencia convive con el temor al desempleo estructural y a la ampliación de brechas sociales, luego la pregunta no es si habrá transformación del trabajo, sino qué tan preparados estamos para asimilarla.

La IA se ha convertido en el nuevo motor de competitividad global, pues las empresas que dominan el procesamiento masivo de datos y los modelos predictivos marcan la pauta, al punto que la concentración de poder tecnológico en unas pocas corporaciones y países podría redefinir el equilibrio de poder mundial. La economía digital ya no es una promesa, es el presente.

Y si el desafío económico es enorme, el moral no es menor. Cuando un sistema decide a quién otorgar un crédito, qué paciente tiene prioridad en una lista de espera o qué contenido se amplifica en redes sociales, está afectando vidas reales. ¿Quién responde, entonces, por esas decisiones? ¿El programador, la empresa, el Estado, o el mismo sistema que aprende a autodeterminarse?

Lo más desafiante es que la velocidad de desarrollo supera la capacidad normativa de los Estados y la reflexión colectiva de las sociedades. La humanidad se ve obligada a resolver, sobre la marcha, cuestiones que antes requerían décadas de maduración ética y jurídica. La inteligencia artificial no es un fenómeno pasajero ni una moda tecnológica más; es una infraestructura eficaz que comienza a moldear el rumbo de nuestras sociedades. Ignorarla sería ingenuo. El reto no consiste en frenar el progreso, sino en orientarlo. Al final, la discusión sobre la IA no es únicamente técnica ni económica: es profundamente humana. La pregunta central no es qué puede hacer la IA, sino qué queremos que hagan y bajo qué principios. Si la revolución industrial redefinió la fuerza física y la era digital transformó la información, la inteligencia artificial redefine la toma de decisiones. De nosotros depende que esa redefinición nos lleve a mejorar el significado de la palabra productividad.

En una región caracterizada por sus desigualdades y brechas sociales, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) en América Latina puede funcionar más como una oportunidad que un temor frente a su avance desregulado. Más allá de las especulaciones acerca del nivel de reemplazo del factor humano que estas herramientas pueden generar en diversos ámbitos, buenas prácticas de adopción y gobernanza de la IA representan un instrumento clave para el desarrollo productivo de cualquier país, con independencia de sus condiciones preexistentes.

Mientras algunos países avanzan, otros se encuentran en procesos iniciales o desarrollos intermedios, lo cual afirma el potencial de la IA como motor productivo, pero también la amenaza de una profundización de las brechas digitales.

El índice revela un estado de situación sobre el avance de la IA en 19 países de América Latina y el Caribe. En el balance del estudio de las condiciones de infraestructura digital, talento humano, investigación, desarrollo, adopción y gobernanza (elementos institucionales y normativos), se observa que Chile, Brasil y Uruguay son los países con mayor puntaje alcanzado. Dicho de otro modo: lideran la región y son considerados “pioneros” por el ILIA. “Ocho países —entre ellos Colombia, Ecuador, Costa Rica, Argentina y República Dominicana— se ubican como adoptantes, con progresos intermedios que les permiten acortar distancias con los líderes gracias a mejoras en conectividad, talento y estrategias nacionales. Y ocho países se consideran en la categoría de exploradores, exhibiendo estadios iniciales, con ecosistemas aún incipientes y capacidades limitadas para desplegar IA a escala”, completa el panorama Mario Linás, Director de la División de Desarrollo Productivo y Empresarial de la CEPAL.

Los desafíos que tiene por delante América Latina y el Caribe van más allá del entusiasmo por el uso de IA. La región representa el 6,6% del PIB mundial y el 8,8% de la población, pero apenas el 1,12% de la inversión global en IA, siempre de acuerdo con datos de la CEPAL. Eso se refleja en la baja implementación de IA por parte de las empresas.