Diario del Cesar
Defiende la región

Contraste en el Capitolio

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Sin pretender posar de experto, menos de politólogo, pero apoyado en varios comentarios de eruditos en la materia, me aventuro a esbozar algunas consideraciones sobre el clima electoral del país, porque los ecos de las urnas del pasado 8 de marzo aún resuenan en el Capitolio Nacional, dejando una estela de incertidumbre y un mapa de poder fragmentado que redefine las reglas del juego para quien asuma la presidencia.

Los resultados de las elecciones legislativas no solo han configurado un nuevo Congreso; han elegido un muro de contención y un mercado de negociaciones donde la “gobernabilidad” será el bien más escaso y costoso de la próxima administración.

El panorama es tablero de ajedrez en tensión permanente. La consolidación del Pacto Histórico como fuerza dominante en el Senado, con 25 curules, asegura que la agenda progresista mantendrá un bloque capaz de blindar reformas o bloquear la derecha. Sin embargo, el resurgimiento del Centro Democrático, que recuperó terreno vital con 17 escaños en el Senado y una mayoría relativa en Cámara (32 curules), devuelve al país bloques antagónicos que recuerda las épocas más agudas de la polarización.

Para el futuro presidente este escenario significa el fin de las mayorías automáticas, ya no bastara con carisma presidencial o mandato popular de las urnas. La realidad legislativa dicta que el próximo mandatario será un negociador. El desplome del centro político ha dejado un vacío que ahora ocupan los denominados “partidos bisagra” colectividades tradicionales como los partidos liberal y conservador, junto a nuevas coaliciones, se han convertido en los guardianes de las llaves del quórum, sin su beneplácito, cualquier proyecto de ley -desde la reforma tributaria hasta los planes de seguridad territorial- corren el riesgo de morir en el cuello de botella de las comisiones.

La aritmética es implacable, alcanzar el número mágico de 52 votos en el Senado o 92 en Cámara, requiere de una orfebrería política; si el ganador de las presidenciales proviene de la derecha enfrentará un bloque de oposición fortalecido por el Estatuto de la Oposición, si la izquierda retiene el poder, se encontrará con un Centro Democrático revigorizado por los más de tres millones de votos de figuras como Paloma Valencia, dispuestos a ejercer un control político implacable.

En este contexto, la seguridad y la economía serán las pruebas de fuego, donde el próximo presidente deberá transitar: satisfacer las demandas de su base electoral sin romper puentes con sectores moderados que controlan la viabilidad de sus propuestas.

El país exige estabilidad y el futuro mandatario debe entender que, a partir de agosto el verdadero poder no residirá únicamente en el palacio presidencial, sino en su capacidad para descifrar el complejo laberinto en que se ha convertido el Congreso de la República.

*Exdirector de la Policía Nacional