Antes de analizar los resultados de los comicios del fin de semana pasado, quisiera expresar públicamente mi gratitud al Consulado de Colombia en Chicago por la posibilidad de ser jurado de mesa en esas elecciones. Pude ver de cerca la robustez de nuestros procedimientos electorales, administrados por una entidad independiente del poder ejecutivo y diseñados para ofrecer las máximas garantías a cada votante y partido político. Pude ver reunidos en un solo fin de semana a cientos de compatriotas, de cada edad, departamento y condición socioeconómica, unidos por el deseo de hacer valer su voz en aras de un mejor país. Nuestra democracia sigue siendo ejemplar y es necesario protegerla en las urnas. Cualquier ciudadano colombiano que pueda dedicarle una jornada a la defensa de la república debería hacerlo en algún momento de su vida.
Juzgando por los resultados del preconteo, el nuevo congreso será más representativo y coherente que el anterior. Los partidos consistentemente opositores al gobierno, incluyendo al Centro Democrático, Cambio Radical, Mira, Nuevo Liberalismo y Salvación Nacional, incrementaron su representación de 28 a 32 senadores.
El Pacto Histórico también se fortaleció, pasando de 20 a 25 escaños, compensando así la pérdida de los cinco escaños de las Farc. Sin embargo, su votación en el Senado -alrededor de 4,4 millones- no es muy distinta a la cantidad de votos que recibió Gustavo Petro en la consulta del Pacto Histórico de 2022. Por ende, el crecimiento del petrismo en el Senado no refleja una popularidad mayor a la de hace cuatro años, sino un aumento en su disciplina partidista. Esta última implicación será crítica de cara a las elecciones presidenciales.
Los grandes perdedores fueron los partidos que traicionaron a gran parte de sus electores al apoyar al petrismo durante su primer año en el poder. En conjunto, los Liberales, Conservadores y el Partido de la U perdieron siete escaños en el Senado. A grandes rasgos, la Cámara de Representantes parece reflejar patrones similares: un oficialismo consolidado, una oposición en crecimiento y una derrota contundente de todos los partidos transaccionales e incoherentes.
Resultan más esperanzadores los resultados de la Gran Consulta por Colombia. Con casi 5,9 millones de votos, no solamente duplicó los votos emitidos en la consulta del Pacto Histórico en octubre, sino que superó por casi 300,000 votos la consulta petrista de 2022. Alcanzó cifras únicamente comparables a las de la consulta interpartidista de 2018 entre Iván Duque, Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez, cuyo vencedor llegaría a la presidencia pocos meses después. Sin embargo, esta última no tuvo opositores desde la derecha, mientras que la Gran Consulta de 2026 prosperó a pesar del rechazo de muchos seguidores de Abelardo de la Espriella.
Si Paloma Valencia aprovecha su triunfo para llegar a segunda vuelta con una coalición que abarque tanto a la Gran Consulta como a sus contradictores dentro de la oposición, integrando a toda Colombia desde Oviedo hasta Abelardo, será viable una derrota del petrismo tan contundente como la que propinó el presidente Duque en 2018, o quizás aún mayor. No será fácil, pero afortunadamente, las 24 horas posteriores al preconteo vieron a cada integrante de la Gran Consulta cerrar filas en torno a su candidata. Abelardo, en un acto de grandeza y patriotismo, también anunció su apoyo incondicional a quien pueda derrotar a Cepeda en segunda vuelta. No sería la primera vez en nuestra historia que una gran coalición republicana lograse integrar al país ante la amenaza de la violencia y el autoritarismo.
*Analista