Diario del Cesar
Defiende la región

Casualidad, destino o más allá

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A las personas del común, en sus vidas, no les suelen ocurrir sucesos de magnitud tal que las conduzcan a cambiar sustancialmente de rumbo y vocación. Sin embargo, en la historia existieron personajes elevados y bien escogidos que sí vivieron esos eventos, profundos, inquietantes, definitivos, que imprimieron modificaciones sustanciales en sus vidas. Repito: fueron personajes, elevados, bien escogidos, que vivieron su singular episodio, y que de él renacieron con distinta significación de alma y renovadas tareas. Y en ese su nuevo sendero generaron influencias de calado histórico. Y ello para bien.

A esos personajes -con misión- y a su suceso, ¿Quién los escoge? ¿La casualidad? ¿El indescifrable destino? O ¿La Divina Providencia, que también aquí nos colabora? Cada cual, lector respetable, quédese con la explicación que más le satisfaga, pero al vuelo tengo visitados en la historia más de 100 casos similares al que a continuación refiero.

Fiodor Dostoyevsky (1821-1861), joven había escrito una novela de contenido general. Afiliado a un grupo opuesto al zar, fue condenado a muerte. Frente al pelotón de fusilamiento, cuando las armas apuntaban a su pecho, llegó la orden de conmutación por destierro en Siberia. Pantomima fue, pero eso no lo sabía el sufriente, inerme creyente definitivo en su inminente muerte.

En carta a su hermano, relata el cambio causado por el terrible episodio en su alma de gran arista. Ahora, dice, debo “ser digno de cada minuto.”  Como ofrenda añade: “Abrazaré la tierra que amo. Viviré por el amor, la bondad, la compasión, la verdad…”

En los subsiguientes profundos escritos cumplió. Cambió la orientación, humana, sicológica, social, política y moral de sus novelas y personajes. Con hondura exploró la compasión y la crueldad; los desvaríos de los hombres, sus grandezas y pequeñeces, alegrías y vicisitudes; el problema del mal; la injusticia del sufrimiento; la conmiseración y el egoísmo; el crimen y el arrepentimiento. En fin…

Para algunos, el novelista más influyente, incluso sobre ideólogos y teorizantes. Nietzsche, tan dogmático, reconocía haber aprendido mucha sicología de Dostoyevsky. Freud lo homenajeó en el tema del parricidio. Einstein aseguró que le proporcionaba más que cualquier científico. Padre del Existencialismo, Sarte y Camus lo incorporaron con admiración y reconocimiento. Previó los totalitarismos del siglo XX. Incluso los populismos recientes, retratados por esa petición de uno sus personajes al poderoso: “haznos siervos, pero dadnos pan.” Describió lo que sería después la sicología criminal, terrorista y guerrillera. Se adelantó a los totalitarismos del Siglo XX. Vale su crítica al fanatismo, cuando el Gran Inquisidor, orgullosamente nada menos que a Jesucristo lo increpa: “hemos mejorado tu obra”.

Mucho más puede decirse, pero Dostoyevsky conmueve. Diez años de penalidades y salió renovado. Con muchas crisis, fue salvado por su gratitud interior y su generosidad espiritual. A quienes le decían que muy triste el convivir con el frío, el hambre y los criminales, les respondía que, al contrario, estaba agradecido porque de ellos había aprendido mucho del ser humano, de sus grandezas en esos rincones para los afligidos. Allí creció en su arte, como amigo comprensivo de los desheredados, de los sufrientes, de los condenados.

Dostoyevsky, su gran obra la construyó auspiciado por aquel episodio ante un pelotón de fusilamiento.

*Exministro de Estado