Hay que decirlo sin temor y a todo pulmón: ¡respaldo a total a la Registraduría Nacional del Estado Civil por el exitoso proceso celebrado hace una semana! Transcurridos siete días se ha ido decantando sus resultados, sin objección alguna y despejado totalmente el fantasma del fraude, narrativa creada por el mismo gobierno buscando como estrategia empañar unos comicios que como nunca antes estuvieron vigilados por cuanto organismo internacional existe con el minucioso seguimiento de los órganos de control colombiano. Entonces lo que hubo fue una perversa y malintencionada campaña de descrédito para ir minando el camino de lo que se presagia será una contundente derrota al continuismo de la corrupción rampante y al desgobierno que hoy tenemos lastimosamente en el país.
Ahora bien. El congreso elegido el domingo tiene la más alta legitimidad alcanzada e as urnas cuando 20.900.614 colombianos sufragaron para elegirlo y escoger los candidatos presidenciales de tres consultas interpartidistas, es innegable que uno de los triunfadores de esa jornada democrática fue la Registraduría Nacional.
Desde un principio lo corrobora el que la información del preconteo que se conoció de manera más ágil que hace cuatro años: sobre las 8:00 de la noche ya se había anunciado el 79 % de los votos del Senado, cerca del 80 % de los de la Cámara de Representantes y el 95 % de los datos de las consultas, a pesar de que, según había anticipado el órgano electoral, se aumentó el número de mesas de votación en todo el país con respecto a las elecciones anteriores.
Pero también el hecho de que esa misma noche todas las fuerzas políticas celebraron e hicieron declaraciones aceptando la realidad de ese preconteo, sin que se advirtiera de la impugnación de alguno de los resultados comunicados por la Registraduría casi en tiempo real, después de que los jurados de cada mesa sumaran la totalidad de los sufragios consignados en ella, teniendo en claro que ellos son los actores fundamentales en la contabilidad y validación de los sufragios, sin ser empleados de las autoridades electorales. Pero, además, las leyes electorales disponen que ese conteo inicial esté supervisado en todo momento por los testigos delegados por cada partido político participante en estos primeros comicios del 2026. Ello se constituyó sin lugar a dudas una tremenda derrota para quien enarboló la narrativa del fraude y otros demonios sobre el preconteo, que hoy no le gusta, pero que hace cuatro años se emborrachó con él hasta rabiar.
Sin duda, que los colombianos ratificaron su confianza en la institucionalidad involucrada en la organización de las elecciones, lo que a su vez aporta de manera importante a la consolidación de la democracia que rige en el país. Y esa percepción ha sido corroborada por las misiones de observación electoral internacionales, que han avalado el proceso previo al día de los comicios y el desarrollo mismo de la jornada electoral.
Ahora bien, el escrutinio que todavía continúa en muchos municipios del país tampoco está a cargo de funcionarios de la Registraduría sino de más de tres mil jueces de la República, notarios, registradores de instrumentos públicos, claveros, testigos electorales, apoderados, representantes de organismos de control, digitadores y observadores internacionales que integran las 300 comisiones que deben verificar y consolidar los resultados oficiales de los comicios del pasado domingo.
Por eso llama la atención que, en medio de la satisfacción expresada por no pocos miembros del partido oficialista que, ante la copiosa votación obtenida, se convertirá en la fuerza política con mayor presencia en el próximo Congreso de la República, el presidente Gustavo Petro continúe poniendo en tela de juicio los resultados anunciados hasta ahora por las autoridades electorales, al asegurar que hay “una gran diferencia” entre el preconteo y los votos depositados en las urnas.
Incluso, en aras de la libertad que implica la democracia, es válido que el Mandatario colombiano solicite que se cuiden los votos “hasta el último momento” y que convoque a abogados con experiencia en escrutinios para que acudan a las comisiones que adelantan ese trabajo a esta hora en los municipios del país. Pero como toda mentira pretista carente de veracidad, varios días después todavía no haya exhibido prueba alguna de sus afirmaciones.
¿Hasta cuándo el presidente Petro seguirá atacando la institucionalidad y la democracia colombiana? ¿O es que acaso Petro y sabe por anticipado que será derrotado en las urnas en las elecciones venideras y lo mejor es ir sembrado las minas del caos para desbaratarnos el país?. No les parece que hay algo raro?