Diario del Cesar
Defiende la región

Hacia un nuevo despertar

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Nuestro debate electoral del 8 de marzo puede convertirse en el nuevo despertar que ha esperado Colombia por 42 aciagos meses que nuestra Constitución, democracia y libertad han padecido. Son las penurias soportadas por la ausencia de paz, el funesto endeudamiento externo, la incontrolable corrupción, la corrupción, el despilfarro general y cuanto desastre le ha imprimido quien alcanzó el poder violando los topes autorizados por las leyes electorales.

Petro y toda la jauría y traílla del M19 que lo impulsó, engañaron a un electorado compuesto por la generalidad de colombianos que, buscaba un derrotero de progreso, paz, riqueza, respeto a las ideas y una democracia total.

Lo que ofreció como gobierno de unidad, se convirtió más rápido que temprano, en una cascada de depravación e incertidumbre, que son propias de los gobernantes que abandonan a sus pueblos, para alcanzar sistemas que los conduzcan a satisfacer sus propios beneficios y los de quienes los acompañan.

Los mandatos alejados de la democracia, la Constitución, las normas parlamentarias y cuanto ordenan sus pueblos, acuden a alcaldadas, populismos y politiquerías.

Todo eso ha ocurrido durante 42 meses del gobierno de Petro, fincados en una violencia interminable, un incremento del narcotráfico y cuanta violación de norma haya existido. Sus grandes aliados para fomentar el desorden siempre incluyen indígenas, negritudes, desempleados, exintegrantes del M19 y los movimientos guerrilleros que aseguran el crecimiento del narcotráfico, la minería ilegal, el reclutamiento de menores y las comunidades amenazadas que se encargan de sembrar el pánico y hasta los ataques a la fuerza pública, el secuestro y la extorsión.

Todo esto se ha multiplicado en pueblos, campos y ciudades sin que, quien asumió el gobierno el 7 de agosto de 2022, se haya preocupado a pesar del tal anuncio de una “paz total”.

Restan aún seis meses y cuatro días de este gobierno, sin que se conozca acción alguna orientada a traer algo positivo para nuestra Patria. Petro desconoce los términos tranquilidad, sosiego, perdón, calma y serenidad. Su acción siempre busca lo contrario. Nunca durante los 42 meses de su pasión, arrebato, delirio y frenesí, ha admitido la existencia de los tres poderes que lo llevaron a la presidencia.

Para recordar su desfachatez, habría que esperar el tal “cambio” que ofreció al llegar a la Casa de Nariño.

Entre tanto tendremos que dejar pasar tiempo a lo que le resta de Petro y hacer cruces por un nuevo mandatario que borre toda esta pesadilla que hoy nos deprime.

Hay buenos y dudosos candidatos, pero nada se sabe si este país acierta a depositar su voto por quien en realidad nos conduzca a la felicidad que se merece este pueblo y nos lleve hacia un nuevo despertar.

BLANCO: La Misión de la Seguridad Electoral dejó sin palabras a Petro y a su Benedetti. El resultado de las elecciones fue impecable.

NEGRO: Colombia quedó por fuera del Escudo de las Américas, por nuestra desproporcionada producción de droga. Otra de las de Petro.

*Periodista