Diario del Cesar
Defiende la región

Una gota de bálsamo en un océano de ignominias

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La reciente libertad condicional otorgada al General Miguel Alfredo Maza Márquez, sin duda uno de los grandes héroes de nuestra Colombia contemporánea, vejado por una cadena de infamias en su contra, constituye un acto de justicia dentro de las injusticias de las que ha sido objeto a lo largo de un proceso que nunca debió ser, por absurdo, como demostrado está en todas y cada una de las actuaciones que en él se dieron y que a las claras indican que fue lo cual prueba de nada, más sí una implacable persecución, ya que necesitaban de un chivo expiatorio, de una cabeza de turco, en la búsqueda y procura de dividendos económicos por parte de los interesados -mismos que el país conoce- en que ello así se sucediera y en efecto lo lograron, pero seguro estoy que la justicia divina hoy, mañana o más tarde pasará factura por tan censurable como detestable ignominia. Vive Dios que sí.

Fue en todos sus actos el General Maza Márquez, hombre de visión clara, verdadera, conocimientos ciertos, voluntad eficiente, excepcional, extraordinario, sobresaliente y superior, como le consta al país y porque su conducta se articuló con los  profundos intereses de Colombia y de la humanidad, lo que quedó sembrado en todo el orbe con sus actos, hechuras y hazañas empalmadas entre su corazón pleno de grandeza, el corazón colectivo y las circunstancias históricas, aspectos que por sí mismos le merecen, en oposición a lo que deshonrosamente hicieron que le aconteciera, enaltecer su existencia y señalarla oficialmente por medio de afectos y un culto indicado en inscripciones sobre piedra, estatuas, homenajes, ceremonias, coronas de flores, de palabras y de gestos ritualizados. Su nombre y su obra serán recordados con admiración y agradecimiento mucho más allá de nuestras fronteras por hombres de otras patrias y de otras lenguas, que se siguen inspirando en su ser, hacer y quehacer patriótico; y, por cuanto su existencia habita en cada uno de quienes bien y mejor lo respetamos, admiramos, apreciamos y queremos, qué es la inmensa mayoría de la gente buena de Colombia, en quienes sigue alentando el anhelo de plenitud, de una libertad bien entendida y de una gloria que bien y mejor merecemos colectivamente,

Lo hecho en beneficio patrio por el General Maza Márquez, no guarda reciprocidad con su gesta, con su legado, reconocidos con admiración y largueza por la comunidad de naciones. Aquí entre nosotros, sus perseguidores, actuando en pandilla como forma de organización y con la bandera de la astucia como máxima virtud, no han hecho más que perseguirlo atropellados por intereses egoístas, nunca pensando con mentalidad creadora de cultura, prosperidad y patria. No han intentado siquiera la formación de un Estado respetable con ciudadanos capacitados para vivir y no sólo sobrevivir. Persecuciones como la hecha contra el General Maza, demuestran poderosamente que no hemos tenido realmente constructores de patria con anhelo legítimo de superación que permita crecer, progresar, posibilitar la movilidad vertical, horizontal, aliviar, disminuir y postergar la peligrosidad social que acusamos, pendientes solo de perpetuarse, de afianzar las reglas del abyecto juego político que, si bien ha permitido tener un espacio territorial y administrativo, nunca una patria verdadera.

No se respetó al héroe nacional. No ha entendido el país, como sí lo entendió el General, que un hombre se hace hombre, como bien se afirma, cuando construye dentro de sí mismo un nivel de reflexión que le permite volverse consciente del destino para elevarse al ejercicio de su libertad y de su creatividad; y, que un país se hace patria cuando construye autonomía, autoconocimiento y autocomprensión que iluminen sus acciones para integrarse sumiéndose en plenitud, orientarse y dirigir deliberadamente su conducta como producto de decisiones enraizadas en un ámbito de valores espirituales; esto es, propiamente humanos; y humanidad es lo que nos ha faltado y obstruido de paso lo que pudiera haber sido una relación de continuidad con lo fundamental como manifestación auténtica de integrales progreso, prosperidad y no sinecura para estériles ociosidades, reclutamiento de aventuras politiqueras, acciones delictivas, clientelas partidistas, sectas dogmáticas, roscas burocráticas, gremios insaciables, clubes políticos, empujados en todas direcciones en las que se agitan como peleles sin ritmo, sin rumbo ni concierto. Nadie toma las decisiones que deben y tienen que ser, sino que emanan ellas, las decisiones, como la resultante de las fuerzas en juego a través de un laberinto en el que se diluye toda responsabilidad. Dios nos siga teniendo de su mano. saramara7@gmail.com

*Abogado