Diario del Cesar
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El turismo astronómico como oportunidad

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Del 20 al 22 de marzo, el cielo nocturno volverá a ser protagonista en Villa de Leyva, Boyacá. Durante tres días, el 29 Festival de Astronomía debatirá sobre el astroturismo, una tendencia global que invita a descubrir destinos donde el cielo oscuro y la naturaleza permiten vivir experiencias únicas de observación astronómica.

El turismo no solo viaja por carreteras: también viaja por la noche. El auge del turismo astronómico no es una moda pasajera; es la confluencia de ciencia, emoción y desarrollo local. El turismo astronómico está de moda y aunque hasta hace poco era un desconocido, en estos últimos años ha aumentado de forma exponencial. Una idea que debería resonar en nuestras políticas públicas: “Una de las mejores formas de aprovechar los recursos naturales nocturnos, es precisamente, disfrutar de la oscuridad.”

En Colombia tenemos un activo que pocos países pueden ofrecer con tanta variedad: microclimas y cielos oscuros desde los páramos andinos hasta las llanuras de la Orinoquía y las serranías interiores de la Guajira. Ese patrimonio nocturno puede convertirse en una palanca para reactivar economías rurales, diversificar la oferta turística y acercar la ciencia a comunidades que hoy están al margen del circuito turístico tradicional.

El turismo astronómico reúne ventajas claras: es sostenible (no exige grandes infraestructuras), educativo (fomenta la divulgación científica) y emocional (genera experiencias memorables). Además, al desarrollarse en zonas de baja densidad poblacional, promueve pernoctaciones y consumo local: alojamientos rurales, restaurantes, guías y artesanos se benefician. No es solo mirar estrellas; es crear cadenas de valor que queden en el territorio.

Pero no todo es idílico. Para que el astroturismo sea una oportunidad real en Colombia se requieren decisiones concretas. Primero, mapear y certificar destinos con criterios de calidad del cielo —sellos tipo Starlight — para dar confianza al turista y proteger los recursos lumínicos. Segundo, formación: guías locales capacitados en astronomía, fotografía nocturna y manejo de grupos son imprescindibles; la experiencia depende tanto del cielo como de quien la narra. Tercero, ordenanzas de iluminación: controlar la contaminación lumínica no solo mejora la observación, también reduce consumo energético y protege ecosistemas nocturnos.

Las rutas deben diseñarse con sentido territorial. Cada ruta debe incluir alojamiento rural con control de iluminación, transporte seguro y paquetes educativos para colegios y universidades. Los eclipses, lluvias de meteoros o eventos especiales pueden ser anclas de promoción internacional, pero la sostenibilidad exige que la oferta cotidiana también funcione: escapadas de fin de semana, observatorios comunitarios y talleres nocturnos.

La financiación es otro eslabón: microcréditos, subsidios para emprendimientos rurales y acceso a fondos internacionales de conservación pueden acelerar la puesta en marcha. Y muy importante: participación comunitaria. Las comunidades indígenas y afrodescendientes deben ser protagonistas, aportando saberes tradicionales y recibiendo beneficios económicos directos.

Finalmente, el astroturismo es una invitación a cambiar la mirada: donde otros ven oscuridad, podemos ver patrimonio. Proteger el cielo nocturno es tan urgente como proteger un río o un bosque. No se trata solo de atraer visitantes, sino de construir un modelo turístico que respete el territorio, empodere a sus habitantes y acerque la ciencia a la gente.

Si Colombia apuesta por esta visión, el resultado puede ser doble: noches más oscuras y economías más brillantes.

(*). El autor es astrocientífico español y uno de los invitados especiales al 29 Festival de Astronomía de Villa de Leyva que se realizará del 20 al 22 de marzo.