Diario del Cesar
Defiende la región

La ingeniería de la libertad

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La jornada de este 8 de marzo no fue una simple cita en las urnas; fue el primer gran paso de una movilización ciudadana que va comprendiendo los desafíos actuales y la urgencia de transformaciones.

Los colombianos emitieron, a través de su soberanía, un mandato de rectificación del rumbo. El país está reclamando un cambio que no destruya, sino que sane; una evolución con la madurez suficiente para construir sobre lo construido y la determinación de recuperar aquello que la desidia y el extremismo ideológico han dejado en ruinas.

El equilibrio de esta nueva etapa descansará, inexorablemente, en un actor que recobra su peso histórico; el nuevo Congreso de la República. La jornada de este domingo demostró que los colombianos salieron a votar movilizados por un voto de opinión implacable. Esta nueva conformación consolida un renovado freno de mano institucional, con el poder legítimo para hundir cualquier iniciativa destructiva de un Ejecutivo que pretenda abusar de su posición, y para liderar una agenda legislativa que rescate a la nación. Los ciudadanos han comprendido su poder y vigilarán para sancionar a quienes traicionen este mandato por prebendas.

En este contexto, el resultado de la Gran Consulta por Colombia no es un azar estadístico, sino la validación de una trayectoria de coherencia y estudio profundo de los problemas nacionales. La consolidación de Paloma Valencia representa el triunfo de una visión que escucha, siente y tiene la capacidad de estructurar soluciones viables. No es el poder de la vanidad o mesiánico. Es el poder de la mujer pensando en su prójimo, en las familias colombianas. Los ciudadanos han elegido la solvencia técnica combinada con la firmeza del carácter.

El país no busca salvadores, sino líderes con propuestas sólidas y capacidad de gestión real para una nación fatigada y con su institucionalidad golpeada, que hoy exige resultados.

Sin embargo, este triunfo es apenas la primera piedra de una estructura mucho más compleja. Superada la consulta, el desafío será la unificación y la integración. Su tarea inmediata será coser las fisuras naturales de la contienda y convocar a todos los sectores bajo un solo plano de ejecución. El mandato del 8 de marzo exige que la ingeniería de la libertad sea una obra colectiva, donde la seguridad, la inversión y la erradicación de la pobreza vuelvan a ser pilares sostenibles.

Es bajo este inmenso peso político que los acuerdos para definir las fórmulas vicepresidenciales adquieren su verdadera dimensión. Esta decisión trasciende el nombre que se inscriba; es la definición del carácter del próximo gobierno. Ya no buscamos figuras decorativas; buscamos ingenieros de la institucionalidad, capaces de levantar las vigas maestras para un ciudadano que clama por el orden.

La tarea es monumental, retomar lo destruido en salud, seguridad, educación, sostenibilidad económica y autonomía de poderes. La fórmula vicepresidencial debe contar con una capacidad de gerencia operativa que devuelva al ciudadano la certeza de que su esfuerzo diario vale la pena.

En estas horas sabremos si los diferentes candidatos entendieron la voluntad ciudadana y la fuerza de este domingo. Si eligen compañeros para ganar una elección o para gobernar una nación. Nos jugamos la entrada en la era de la ingeniería institucional, donde se suelden las bases de un futuro sólido. Es hora de volver a lo fundamental y a la libertad que nos permite, con firmeza, volver a creer en Colombia.