Ciénaga vuelve a mirarse con mayor confianza. Durante años su potencial pareció avanzar a un ritmo inferior al de sus posibilidades reales. Hoy se percibe un ambiente distinto: más articulación institucional, mayor interlocución con el sector empresarial y una comprensión clara de que el desarrollo no se improvisa: se planifica.
Las ventajas comparativas del municipio son evidentes. Su ubicación entre la Sierra Nevada y el mar le otorga un valor estratégico singular. Hace parte del corredor Santa Marta–Barranquilla, se integra a la dinámica económica del Magdalena y se encuentra a poco más de veinte minutos del aeropuerto internacional Simón Bolívar por excelente carretera. Esa cercanía a un terminal aéreo no es un simple dato geográfico: es conectividad efectiva para turismo, comercio e inversión. En un entorno competitivo, la logística cuenta, y Ciénaga la tiene.
Pero el resurgir no se explica únicamente por ubicación. Se manifiesta por economía productiva. En las estribaciones de la Sierra, el café ha retomado protagonismo. Se trata de un café de altura, con condiciones para competir en nichos de calidad diferenciada si se fortalece la asistencia técnica, la asociatividad y la comercialización directa. El reto no es solo producir, sino capturar mayor valor en la cadena.
Los cultivadores de mango, por su parte, sostienen una actividad que puede ampliarse hacia procesos de transformación agroindustrial. El mango no debe verse como producto estacional, sino como base para encadenamientos que generen empleo rural y estabilidad de ingresos. Y el banano, aunque hoy en menor escala que en su época dorada, continúa siendo referente productivo y símbolo económico del territorio.
Café, mango y banano constituyen una plataforma agrícola que, acompañada de vías terciarias adecuadas, acceso a crédito y articulación comercial, puede consolidar un desarrollo más equilibrado entre lo rural y lo urbano. Allí, el gobierno local tiene un papel facilitador y el sector privado, uno dinamizador.
En ese contexto, merece reconocimiento la gestión prudente del alcalde Luis Alberto Fernández Quinto, “Becho”. Sin estridencias, ha orientado su administración hacia el fortalecimiento del entorno institucional y el respaldo a iniciativas que impulsen turismo, economía y cohesión social. Gobernar con serenidad, en territorios que requieren confianza, suele ser más eficaz que el ruido permanente.
Igualmente, relevante ha sido el acompañamiento de la Asociación de Empresarios del Magdalena, bajo la dirección ejecutiva de José Miguel Berdugo Oviedo. La articulación público–privada es condición indispensable para atraer inversión, mejorar competitividad y proyectar a Ciénaga dentro de una estrategia regional. Cuando el empresariado asume compromiso territorial, el desarrollo deja de ser aspiración retórica y comienza a estructurarse con mayor solidez.
A la dimensión económica se suma la cultural, que en Ciénaga no es accesorio sino identidad. El Festival Nacional del Caimán Cienaguero es tradición viva, cohesión social y atractivo turístico. Por su parte, el Festival de Música con Guitarra Guillermo Buitrago proyecta una herencia musical que trasciende generaciones y posiciona al municipio en el mapa cultural del país. Ambos eventos no solo fortalecen el sentido de pertenencia; también dinamizan comercio, hotelería y servicios.
El resurgir de Ciénaga no necesita estruendo: necesita perseverancia. Esa constancia ya empieza a notarse.