Diario del Cesar
Defiende la región

Transformar desde lo local

5

Transformar, fenomenal vocablo, significa cambiar radicalmente la forma, aspecto, naturaleza o costumbres de alguien o algo; proceso profundo de modificación o metamorfosis, utilizado en contextos físicos, personales y sociales que implica, positivamente hablando, evolución, cambio de un sistema a otro, o incluso convertir algo en un todo totalmente distinto; acepción que tiene contrariados a muchos samarios, lo que ha generado en amplios ámbitos de la ciudad una grande inconformidad que asoma con fuerza en muchos sectores de la ciudadanía y emana más bien, de lo que sucede -o no sucede- en el gobierno actual, siendo en dicho escenario, en decir de los inconformes, que el discurso anunciado como transformador se estrella con inercias de antaño, con resistencia al cambio y con prácticas que contradicen el espíritu que llevó a nuestro burgomaestre al Solio de Bastidas, lo que también en sus contrariedades, afirman argumentativamente, es una protesta justa de desconcierto por la forma como se viene conduciendo -sin conducción real ni efectiva- a la ciudad, por lo que amerita lo que viviendo estamos, una mirada crítica con claridad que bien vale la pena hacer, a efecto que todo se reordene efectivamente y empiece a dar los resultados prometidos por la administración en ejercicio, sobre todo porque el tiempo apremia.

Sostienen además quienes así se expresan, y es repetitivo en cada esquina, que no tiene justificación alguna haber llegado al poder distrital, para hacer lo mismo o peor que lo hecho en las tres administraciones antecedentes, cuando fue lo cual -no obstante no haber ganado con los guarismos necesarios, sino en virtud de órdenes tribunalicias- una oportunidad feliz para superar en todo lo realizado por aquellos; y en realidad y verdad no han hecho cosa distinta que caer en las mismas sórdidas y cuestionables prácticas de los anteriores, lo que además de absurdo es execrable.

Entiendo desde mi óptica, que el jefe de la administración no puede cargar solo con los costos de un gobierno que aún, se dice voz en cuello, reproduce la corrupción de siempre, y según ellos, más de cinco de cada diez personas que tienen contacto con las autoridades municipales reporta experiencias de corrupción, las cuales ocurren, sobre todo, en trámites en ventanillas donde el ciudadano espera atención y recibe obstáculos, en obras que se licitan sin claridad o se entregan a medias o a dedo como corrientemente se dice, lo que de ser cierto, no sólo sería una recurrencia, sino un desgaste directo a la confianza en el proyecto municipal, si es que lo hay, como dudan que lo haya en atención a lo que se observa.

Insisten los críticos, en la persistencia de una clara frivolidad y un sórdido despilfarro, cundo lo que debe imponerse es una férrea y cosaca disciplina, no gobernar para las élites sino para el pueblo, actuar para que todo cambie y no hacerlo como funcionado venía; esto es, de dispendio en dispendio, gastos tras gastos, señales -que parecen mínimas, pero que dañan profundamente; ya que el cambio se evalúa en lo cercano, en lo cotidiano, en las calles limpias, en los baches bien bache tapados, en un alumbrado funcionando, en la seguridad de los habitantes, en la obra que no se encarece una y más veces, en el funcionarios que atender debe sin intermediarios de por medio, como dicen es lo que está sucediendo y pareciera ser la norma.

Pendiente mayor, recaban con ardentía e insistencia, es la falta de transparencia, dado que es común que oculten información, retrasen respuestas, extravíen documentos clave sobre contratos, compras, nóminas o indicadores de obra pública, lo que hace que algo tan importante como es la transparencia, que cuando no se cumple a cabalidad, afecta en grado negativo el combate a la corrupción; más, por cuanto sin rendición de cuentas, el ciudadano siente que la promesa de transformación hecha en campaña, también sostienen, sigue en el aire; una más de las razones por la que la crítica es indispensable y la lealtad no encarna silencio, sino seguir construyendo lo que se quiere para la ciudad señalando sus eslabones débiles.

Tiene esta administración, se increpa, una inmensa responsabilidad histórica que parece no haber entendido nuestro alcalde, al que califican de mucho tilín y nada de paletas, cuando lo que el Distrito requiere es que todo se alinee verdaderamente con los principios que hacen posible una buena y mejor administración pública, en este caso municipal, lo que traduce asumir, asumiendo real y comprometidamente la responsabilidad ética e irrenunciable de gobernar distinto, de gobernar mejor.

No es que el rechazo, el descontento, el inconformismo, la incertidumbre o el desencanto ciudadano sea un rechazo de plano al rumbo de la ciudad, sino una exigencia genuina para que la  transformación se sienta en todos los rincones del municipio y  para que el Alcalde y su equipo de colaboradores, igualmente cuestionado, entiendan que no pueden seguir viviendo sin hacer lo que deben y tienen que hacer, toda vez que el cambio debe estar presente en el diario vivir.

Sugiere además la crítica, que interesa e importa para lo que aún queda de la actual administración, si nada judicial o extraño ocurre, consolidarse, acortar las distancias, desfacer entuertos, sabernos gobernados por un Burgomaestre con liderazgo cierto, bien rodeado, honesto y trabajador, que no se perpetúe con amiguismos, nepotismos ni se coluda, como también lo señalan, con personas de dudoso origen y procedencia, cuando la coyuntura exige lo mejor de nuestro gobernante distrital. *saramara7@gmail.com

*Abogado*Periodista