Diario del Cesar
Defiende la región

Perplejidad política

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Muy difícil para la ciudadanía tomar decisiones relacionadas con el proceso electoral que está en marcha. Ver una que otra pancarta o unos afiches cada vez más escasos, no creo que le digan mucho a la ciudadanía.

Esta situación a la que hemos llegado en virtud de la cual los ciudadanos tienen que memorizar un número y así decidir su voto. Es una ilustración de la degradación de la vida política en Colombia.

Que no se vote por un partido político, sino por el número 113 o el 14 sin saber a ciencia cierta a qué partido político pertenece. El señor o señora que está en la fotografía contribuye mucho a la perplejidad que se nota entre los electores.

Y luego los medios de comunicación, también se olvidaron de los partidos políticos y preguntan a los candidatos al Senado o a la Cámara que proyectos tienen, como si ellos mismos fueran un partido político. No hay referencia a alguna organización política. Simplemente cada uno va por su lado y uno se pregunta cómo puede así funcionar un sistema político.

De manera que el votante está ante una multiplicidad de opciones con plataformas desconocidas o individuales que no tienen articulación con un partido político. Y tampoco es que estas plataformas sean bien conocidas si es que existen.

Y en el nivel presidencial, aparte del Centro Democrático y de su candidata, Paloma Valencia, no se ve un candidato presidencial del Partido Liberal o del Partido Conservador o de alguna de las otras fuerzas políticas. Entonces la perplejidad del elector es también muy grande.

Estamos en presencia de una evidente desorganización política que, sin duda, afecta cualquier eventual gobernabilidad. Cómo construir mayorías en el Congreso con un origen tan disperso de aspirantes a Senado y Cámara. Pues ahí es cuando las ofertas de contratos y prebendas por parte del gobierno penetran el comportamiento de los congresistas y dejan sin mayor capacidad de establecer disciplina a los jefes de los partidos.

Ese, entonces, el momento en el cual un funcionario menor, como ha ocurrido en los casos del exministro de Hacienda Bonilla y del exministro Velasco del Interior, ofrece una información clave que asegura una grave sanción penal para los ministros.

¿Y qué pasó con los congresistas que recibieron contratos o prebendas?

Se dice que por décadas este tipo de relación contractual gobierno- congresista ha sido bien conocida. Lo que ocurre es que como en el caso del exministro Sabas Pretelt o ahora si hubo un testimonio contundente que dio lugar a la sanción penal.

Por supuesto, en una relación seria, institucionalizada, entre el gobierno y uno o más partidos políticos lo que se construiría serían coaliciones permanentes o fugaces que requerirían una participación de la correspondiente fuerza política en el gobierno.

Esa construcción de coaliciones para asegurar gobernabilidad es legítima y no se logra tan fácilmente. En ocasiones puede tomar un semestre de negociaciones.

Es bien claro que la gobernabilidad democrática tiene que ser la preocupación prioritaria de un gobierno. Y ahí entra el tema de acuerdos que se traducen en coaliciones y, obviamente, en la apropiada participación en el gobierno. El Frente Nacional, superando el sectarismo, institucionalizando esa gobernabilidad con la paridad burocrática y luego con la alternación en la Presidencia, varios gobiernos ya sin el mandato constitucional construyeron prontamente esa gobernabilidad. Presidentes de la Cámaras encarcelados por transacciones indebidas es algo que debilita el sistema democrático y el prestigio de instituciones claves. Eso no puede volver a ocurrir. Ahí están las formas institucionales legítimas que deben utilizarse.

*Exministro de Estado