Hoy se siente el dolor en la ciudad por la partida de una mujer llena de vida, de vitalidad, de liderazgo, Silvia Helena Medina Romero, quien ejercía la presidencia ejecutiva de la Cámara de Comercio de Santa Marta para el Magdalena.
Hoy la sociedad le da el último adiós a una mujer imprescindible y se encuentra acongojada por el dolor colectivo.
Santa Marta, ciudad de sol y esperanza, de lucha y resistencia, se viste de un luto profundo porque fue testigo del trasegar de una mujer que caminó junto a su gente. Su liderazgo fue presencia en el territorio. Lo ejercía desde la escucha. Desde el respeto. Desde el diálogo sincero. Desde la comprensión profunda de que el desarrollo no se construye solo con cifras, sino con personas.
En los barrios, en los municipios del Magdalena, en las ferias, en los encuentros gremiales, en las capacitaciones a pequeños comerciantes, su figura era reconocida por su coherencia, por su lenguaje franco y espontáneo, siempre conciliador, abierto, franco y sincero. ´Ella se sentaba con uno, lo miraba a los ojos, preguntaba por la familia, por el negocio, por los sueños´, recuerda un microempresario del mercado público. Así era Silvia Helena: una mujer que nunca perdió la capacidad de sentir.
Desde la Cámara de Comercio para el Magdalena, Silvia Helena Medina Romero marcó una época.
No administró una entidad. La transformó. La humanizó. La proyectó. Bajo su liderazgo, la Cámara dejó de ser solo un ente registral para convertirse en un verdadero motor de desarrollo, acompañamiento y formación. Impulsó los programas para emprendedores, apoyo a mujeres empresarias, se la jugó por el fortalecimiento de las mipymes, apoyó hasta el cansancio los procesos de formalización, los espacios de innovación, la articulación regional, pero, sobre todo, impulsó esperanza. Porque entendía que detrás de cada registro mercantil había una historia de lucha, de sacrificio, de desvelo, de fe. Y a esas historias les dio valor.
En una región donde liderar no es fácil, donde las presiones políticas, económicas y sociales son intensas, Silvia Helena se abrió camino con dignidad. Nunca se doblegó. Nunca negoció sus principios. Nunca sacrificó valores. Su autoridad no provenía del cargo, sino del respeto que supo construir. Alcaldes, gobernadores, empresarios, comerciantes, líderes sociales, académicos y gente del común coinciden en lo mismo: ´era una mujer íntegra, talentosa, inteligente. Sabía orientar sin imponer. Ese equilibrio, tan raro en estos tiempos, fue su sello.
Hoy, Santa Marta habla con lágrimas, habla con nostalgia habla con gratitud, hacia una mujer que lo entregó todo por este territorio al que tanto amó.
Detrás del título, detrás del reconocimiento, detrás del liderazgo, había una mujer sensible. Una mujer de familia. Una mujer creyente. Una mujer solidaria.
Una mujer que se preocupaba por los demás. Que preguntaba por los enfermos. Que llamaba en los momentos difíciles. Que celebraba los logros ajenos como propios. Que entendía que la vida no es una competencia, sino una construcción colectiva.
Sus amigos más cercanos recuerdan su risa serena, su mirada firme, su palabra oportuna. Recuerdan su capacidad de consolar. De orientar. De acompañar. Hoy, esos recuerdos son refugio para quienes tuvimos la fortuna de conocerla, de tratarla y de admirarla.
La muerte no solo se lleva personas, se lleva referentes, se lleva brújulas morales, se lleva faros. Y eso es lo que hoy duele. Silvia Helena deja un vacío institucional, sí. Pero, sobre todo, deja un vacío humano. Las palabras sobran. Las oraciones se multiplicarán, en las iglesias, oficinas, en las empresas, en las tiendas, en los pequeños negocios, en los hogares y espacios públicos donde pedimos se eleva una plegaria silenciosa, por su alma, por su familia, por su legado, por su descanso eterno. Porque Santa Marta no solo despide a una dirigente, despide a una hija ilustre, a una mujer buena, a una servidora auténtica. Por ello su legado no muere. La muerte no borra lo que se construyó con amor. No apaga lo sembrado con honestidad. No destruye lo edificado con vocación. Silvia Helena vivirá por siempre en cada emprendedor que no se rindió. En cada empresa que nació con su apoyo. En cada mujer que creyó en sí misma. En cada joven que encontró una oportunidad. En cada institución fortalecida. Su legado no está en placas. Está en personas. Y eso es eterno.
Hoy, desde el dolor más profundo, Santa Marta dice
Gracias. Gracias Silvia Helena por su entrega. Gracias por su ejemplo. Gracias por su valentía. Gracias por su rectitud. Gracias por creer en esta tierra. Gracias por amar al Magdalena. Gracias por no rendirse. Gracias por servir. Gracias por enseñarnos que el liderazgo también puede ser humano. Que el poder también puede ser ético.
Que el éxito también puede ser solidario. Que la grandeza también puede ser humilde.
Silvia Helena Medina Romero es una luz que no se apaga Se fue físicamente, pero permanecerá en la memoria de todos nosotros. En la gratitud, en el respeto, en la historia, en el corazón colectivo de Santa Marta. Siempre la ciudad la recordará.
Descansa en paz, doctora Silvia Helena Medina Romero. Tu nombre queda escrito en la dignidad de esta tierra. Y en el alma agradecida de tu gente.