Diario del Cesar
Defiende la región

No quieren la paz, anhelan seguir en la criminalidad

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El Gobierno del presidente Iván Duque Márquez, tomó la sensata, lógica y acertada decisión de cancelar el disfraz de negociación política que recibió de la anterior administración con el grupo terrorista del Eln. Ya estamos advertidos los colombianos que esta guerrilla nunca ha mostrado voluntad de paz, ni decisión, ni coherencia en avanzar hacia una solución negociada de la guerra que ellos tienen contra el Estado y la sociedad colombiana. La más clara demostración que estamos frente a un grupo narcoterrorista lo confirmaron esta semana con el cruel y vil atentado contra la Escuela de Cadetes General Santander de la Policía Nacional. Allí, los genocidas mataron a 21 personas y dejaron lesionadas a más de 80. ¿Se llama eso vocación o voluntad de allanar los caminos para la paz?.

No se nos puede olvidar que el Eln nunca ha querido la paz. Para ellos siempre ha sido rentable el secuestrar, el extorsionar a las compañías petroleras, narcotraficar, y todo lo que signifique criminalidad. Caso contrario ha ocurrido con el Estado que nunca ha cerrado las puertas a la paz pero tampoco entrega la institucionalidad.

Y para el presente caso, el Gobierno de Duque no puede y resultaría inaceptable que se siente en la mesa con los asesinos intelectuales, porque el material ya murió, a negociar la entrega del Estado. Lo que debiera existir es una implacable búsqueda y persecución hasta hallar a los culpables y llevarlos ante los tribunales de justicia; ojalá los internacionales donde tienen cuentas pendientes de lesa humanidad, como el crimen de ´Machuca´. Creyeron que con decir perdón la sociedad se les va a olvidar esa tragedia provocada por ellos.

Los cabecillas del Eln seguramente saben que, desde el punto de vista de la eficacia investigativa y de las destrezas criminalísticas de los investigadores judiciales, además de la presencia masiva de cámaras de seguridad, atentar en una instalación policial y en una ciudad capital como Bogotá, hacen prácticamente imposible que no sean descubiertos más pronto que tarde. Pero seguramente confían en que un eventual proceso de paz lave sus crímenes, como sucedió recientemente con las Farc. Ya la sociedad tuvo la experiencia y no está dispuesta volverla a repetir

El país y sus fuerzas armadas lo que deben hacer es prepararse, porque no hay dudas que los terroristas y criminales del Eln vienen ahora a presionar con ataques de diversa naturaleza. Con terrorismo dice querer la reconciliación, pero ya los conocemos.

Que al Gobierno y los países alcahuetas de cierto sector de la comunidad internacional les quede claro: voluntad de paz del Eln no hay. Hay es una pandilla que se resiste a abandonar sus negocios criminales.

Es la guerrilla del Eln, sus cabecillas, que deberán responder, por cadena de mando como bien lo dijo el Fiscal Martínez, por el acto terrorista del pasado jueves. Ante el incesante ánimo criminal, el Gobierno y las Fuerzas Armadas deben cumplir sus deberes constitucionales.

Nadie puede considerarse representado, ni en sus valores ni en su discurso político ni en sus posiciones ideológicas, por una agrupación carente de principios, prevalida solo de medios terroristas para imponer sus postulados contrarios siempre a la dignidad humana, a la libertad y al respeto por los otros. Quien siga considerando que asoma en esos cabecillas del Eln algún atisbo de política o de filosofía en sus maneras de actuar, tiene un serio problema de discernimiento crítico y de lectura de la realidad.