Diario del Cesar
Defiende la región

Congruencia, prudencia y más

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Para infortunio del país, de nuestros coterráneos e imagen ante la comunidad de naciones, la perversa y malhadada corrupción persiste, se diversifica y retuerce. No hay quien la controle, la combata a fondo y menos la debele. Sus escándalos se acumulan y revelan que, más allá de la retórica, el relato, y la narrativa en contrario sentido, la corrupción no solo persiste, sino que ha variado y sofisticado bajo el actual régimen. Aparecen en el horizonte nubarrones de preocupación, fraudes masivos, facturas falsas, empresas fantasma, subvaluaciones, evasión y elusión impositiva, y demás otros aspectos de la que se valen y permiten a redes empresariales y políticas dejar de pagar miles de millones de pesos en impuestos ligados a la importación y comercialización. Se trata de toda una ingeniería financiera para desfalcar al Estado. Dinero que debió destinarse a escuelas, hospitales o seguridad, pero que termina en bolsillos privados con la complacencia de autoridades.

Pues en las más de nuestras instituciones, hay saqueo a los recursos de los más vulnerables, escándalos de corrupción creciendo de manera alarmante, sobreprecios, compras fantasma y desvíos que superan los miles de millones de pesos. Se suma a lo cual los negocios oscuros de los familiares de la gente en el poder, transferencias millonarias a ellos vinculadas y a los personajes más cercanos al gobierno, revelaciones cotidianas sobre movimientos financieros opacos y el presunto uso de estructuras paralelas para manejar recursos que ponen de manifiesto cómo las élites en el poder operan con una lógica de impunidad semejante -o incluso más descarada- a la que criticaban de los gobiernos anteriores. Lo referido, sin mencionar los cada vez más acreditados vínculos con el crimen organizado de buena parte de esa élite parásita, perniciosa y perversa que nos gobierna hoy.

Sin duda la incongruencia, en suma, es su impronta. Proclaman austeridad, pero normalizan el dispendio. Hablan de honestidad, pero toleran el saqueo. Prometen cambios y transformaciones, pero reproducen las peores prácticas del ayer. No entienden, ya que no les conviene, entender ni comprender que el combate a la corrupción exige instituciones autónomas, transparencia y rendición de cuentas efectiva. Lo que hoy observamos es lo contrario, uso político de las instituciones de justicia, debilitamiento de los órganos de control y arengas discursivas en plaza pública que pretende reemplazar a los hechos. La corrupción en este gobierno no es un accidente: es la consecuencia de un sistema que concentra poder sin contrapesos y que trata de convertir la narrativa moral en un escudo para su hermana gemela, la impunidad.

Cada vez más las opiniones y las informaciones de toda laya se van a los extremos, allá dónde se pierden la objetividad y la verdad, lo que hace que sea momento de centrarnos, hacer ejercicios de mesura, de comedimiento, así ello sea demasiado arriesgado y complicado en estos tiempos que corren y de seguro va a costar simpatías y hasta la ruptura irreconciliable de amistades, como bien se sostiene por expertos analistas, es que, entre los algoritmos perversos de las redes sociales, que siempre buscan complacer nuestros sesgos y prejuicios, y la simplicidad argumentativa de líderes de opinión, de los denominados influencers y de políticos, quienes buscan el balance, el justo medio, la objetividad, son presencias incómodas; sin embargo, el ser incómodo es no sólo benéfico, sino hasta indispensable cuando se aporta en positivo a las conversaciones, pero sobre todo a la convivencia en la sociedad moderna.

Caben muchas preguntas, entre ellas si somos de los de la opinión que todos los males del país son atribuibles a los partidos o movimientos políticos; que si desaparecieran, lo harían también la corrupción, el narcotráfico, la impunidad, la pobreza o el pobre nivel de la educación. Indudablemente la mayoría responderá que no, ya que son males que vienen de tiempo atrás, lo que es una terrible e incómoda realidad, pero nos recuerda lo obvio, y es que sí o sí que necesitamos una limpieza quirúrgica de fondo sin miramientos ni simpatías político-partidistas, sobre la base de una gran dosis de moderación, reflexión y tolerancia, en la seguridad de avanzar de mejor forma y superior manera. saramara7@gamail.com

*Abogado*Periodista