Diario del Cesar
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Carnaval vallenato, una fiesta del pasado

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De aquellos carnavales que se vivieron en Valledupar, solo quedan leves recuerdos en las generaciones que los disfrutaron, antes de que la avasallante invasión de culturas foráneas ensanchara la ciudad y acabara una de las más arraigadas costumbres de este, otrora apacible territorio.

El Carnaval, fue en esta comarca, uno de esos festejos populares que le dieron la primera entrada a los acordeones, para que se mostraran ante la marginalidad que los azotaba por culpa de las estirpes sociales que por entonces dominaban la aldea.

Los primeros acordeoneros de la barriada, abrían y cerraban el instrumento al compás de los bailadores de ‘El Pilón’, una danza originaria de estos lugares, quienes a punta de versos y en pareja, esbozaban la jocosidad de los pocos repentistas del viejo Valle, un territorio conformado apenas por los barrios el Cerezo y Cañaguate que, era la parte del proletariado de la insípida ciudad.

De aquel festín no queda nada, las generaciones fueron cambiando, la ciudad  fue creciendo en detrimento del acervo del vallenato raizal, lo que complementó el alcalde, de la época, en la década de los 90,  Elías Ochoa Daza, quien prohibió los 4 días del carnaval, pero permitiendo una pretemporada que, también tenía sus restricciones, lo que poco a poco, terminó borrando esta festividad a pesar de que algunos, siguen haciendo un remedo de lo que fue una gran fiesta.

CARNAVALEROS DEL AYER

En los registros históricos del viejo Valledupar quedaron referenciados los nombres de insignes carnavaleros de una primera generación, como: Óscar Pupo Martínez, Evaristo Gutiérrez, Leonel Aroca, quienes fueron los promotores de la fusión entre ricos y pobres en el festín del Dios Baco.  Junto a ellos se formaron otros personajes que hacen parte del inventario folclórico de la región y que generacionalmente fueron suplidos por sus hijos o parientes.

Víctor Cohen Salazar, es un nombre inolvidable para estas calendas, trajo a esta tierra muchos aspectos culturales que aprendió en otras latitudes en materia carnavalera, además de otros modales cívicos.

Cohen, era un hombre de finos gustos, trasladó a Valledupar, los mejores espectáculos musicales de la época en sus célebres salones Rancho Alegre y la caseta Broadway Internacional.

Con ‘Don Víctor’, como lo llamaban,  se implementaron las carrozas, desfiles y capuchones, toda una época de sana diversión, en donde las bromas estaban a la orden del día, hasta que la maldad hizo su aparición y los disfraces y capuchones empezaron a ser utilizado para otros menesteres, lo que obligó su prohibición.

Hasta su ancianidad, Cohen Salazar, disfrutó de los carnavales, era miembro activo de la Junta Central en donde en cada evento resaltaba su encorvada figura, la que solo dominó la muerte, la que le sobrevino precisamente un sábado de carnaval, y fue sepultado en medio de un desfile, de esos que tanto se gozó

NUEVOS MIEMBROS

En el trasegar generacional aparecieron nombres como: Rodolfo Campo Soto, Jaime Olivella Celedón, Sanín Murcia, Bore Lúquez,  Efraín Lacera, Adalberto Verdecia, Jairo Acuña entre otros, quienes abanderaron temporadas en las cuales aún se respiraba un buen ambiente, se fundaron las guachernas con exitosas concentraciones y espectáculos musicales en la carrera 9,  luego se trasladaron a la calle 17 y finalmente a la avenida Simón Bolívar, donde el vandalismo les dio la estocada final.

Los desfiles, que eran otros atractivos, también sufrieron la degradación de los desadaptados que los convirtieron en batallas campales. Todos estos motivos fueron mermando la participación del pueblo, a tal punto que hubo que suspenderlos definitivamente.

Valledupar llegó a ser una especie de sucursal del carnaval de Barranquilla en el sentido musical, porque muchas de las orquestas internacionales que llegaban a la capital del Atlántico, eran traídas a Valledupar, fue así cómo pasaron por esta tierra  grupos como: El Gran Combo de Puerto Rico, Las Chicas del Can, Wilfrido Vargas, Los Vecinos de New york, Andy Montañez, Óscar de León, Sergio Vargas, Billos Caracas y muchos más, los que alternaban con los grupos vallenatos locales.

Actualmente, el de Valledupar es un carnaval descolorido, en donde un ‘grupito’ de  quijotes vivientes del mundo de Arlequín, pretenden revivir una fiesta que fue absorbida por el Festival Vallenato, por lo que tienen que conformarse con modestas casetas particulares y la programación de los sitios púbicos que convocan encuentros entre maicena y disfraces, asumidas por sus habituales clientelas.

Por William Rosado Rincones