Se ha venido exacerbando en el país, lo que a la vista y en la memoria está, un contexto social de inequidades, desigualdades, diferencias, intolerancias, exclusiones, demás adversidades y hasta calamidades, cuyo origen es la administración pública, la instrumentación política y el mal uso del poder, desde quienes por turnos han sido electos; en paralelo con una serie de voces y tribunas de opinión funcionales, bien en apoyo o aforados que se dice; o, desde lo crítico, en decir de algunos, por no ser del afecto de quienes determinan.
Nuestros políticos en general para mal de la Patria, se han encargado de ajustar la sociedad a su visión, pensamiento y creencias, con el resultado lamentable que el pueblo siempre es la víctima. Voces y tribunas también han ejercido el papel de medir de conformidad con sus conveniencias, como si fuese ello lo único o lo último que se pudiera hacer. Uno y otro aspecto requiere de un profundo redimensionamiento, tal como superar los miedos, evitar dañar a los mayormente vulnerables, a quienes humillan y acosan. Se olvidan que democracia es inclusión, tolerancia, empatía o misericordia, toda vez que la persona con poder (jefe, dueño, líder, dirigente…) no debería despreciar al que sobresale, al más capacitado, al que logra mejores resultados, sino procurar mantener una uniformidad constante donde no quepan divergencias sino acuerdos y consensos, todo lo cual para que sea rentable en beneficio y aprovechamiento común, debiéndose tener en cuenta las mejores propuestas, ideas, intentos, proactividad y limitar definitivamente lo vacuo, fútil, dañino, ocioso y perverso.
No más soportar la existencia de personas con constantes experiencias de frustración no superadas, inmersas en desconfianzas permanentes como resultado de la sensación de poco control o posible traición, baja autoestima, estrés o traumatismos que redundan en dudas de su propia capacidad. Pero también lo opuesto, cifrado en una autoestima exagerada o narcisismo, que de manera consciente produce que se actúe contra las personas que sobresalen y de manera inconsciente provoca asumir la posición: solo yo sé, los demás no saben, están equivocados; y demás otras sandeces.
Obligados estamos a imponer las fuerzas mejores para adaptar al sujeto a una interpretación de la realidad o diseñar un trabajo para que se adapte al empleado, para que el trabajo sea más seguro, lo que nos llevará al seguro resultado de personas multivalentes y sin tanta dependencia, que cumplan perfiles diversos y ayuden positivamente a aterrizar en las soluciones mejores desde su juiciosa observación y capacidad de análisis.
Es mantener todo al alcance de todos, tomar decisiones a la altura de las circunstancias, con buen manejo del poder, del principio de la realidad, sin fatiga, adelantando buenos proyectos, utilizando al máximo los recursos, converger lo más que se pueda en todo lo cual, minimizando la presión directa para que lo contrario, lo opuesto, lo “no considerado”, no estorbe ni se fije en el referente social, y mantener un ambiente confortable, único y exclusivo para superar las propias necesidades.
Vale decir que debe llevar lo expuesto a válidas y soportadas integraciones de equipos para que gubernamentalmente sea bien y superiormente atendido el verdadero contexto social; todo, atestiguado por una ciudadanía que vea acrecentada su funcionalidad y no tenga que caer en servilismo, lisonjas ni adulaciones, sino como reflejo de buen gobierno. Es empezar a trasegar por senderos de rectificación y correcto avance. *Abogado*Periodista