La reciente muerte del muy apreciado profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Harvard ocurre, si puede decirse así, en el momento menos oportuno.
Pocos académicos de su talla habrían podido ofrecer análisis más lúcidos sobre el complejo contexto actual: tensiones geopolíticas, disputas comerciales y una transformación profunda del orden internacional.
Joseph S. Nye fue el autor de una distinción conceptual clave para entender el poder en el mundo contemporáneo: el Hard Power (poder duro) y el Soft Power (poder suave). Durante décadas, Estados Unidos logró liderar en ambas dimensiones del poder global, y Nye fue uno de los pensadores que mejor explicaron esa hegemonía, pero también sus límites.
En Bound to Lead: The Changing Nature of American Power (1990), Nye rebatió con agudeza las tesis sobre la inevitable decadencia de Estados Unidos. Muchos lo vieron como un antídoto contra el pesimismo. Su argumento central era claro: las predicciones de declive respondían a una lectura equivocada, basada en diagnósticos tradicionales que no comprendían los cambios en la naturaleza del poder. También criticaba la complacencia con el status quo, que impedía ver la necesidad de nuevas estrategias para el siglo XXI.
Concluía con una afirmación categórica: “Estados Unidos conserva el poder más amplio y más rico, con la mayor capacidad para dar forma al futuro.”
Después del 11 de septiembre, Nye publicó The Paradox of American Power: Why the World’s Only Superpower Can’t Go It Alone. En este libro reiteró la importancia de combinar poder duro y poder suave para mantener el liderazgo global.
“América debe no solo conservar su poder duro, sino también comprender su poder suave y saber combinarlos en la búsqueda de sus intereses nacionales y globales.”
Hoy, asistimos con alarma a una erosión sistemática del poder suave estadounidense, precisamente aquello que Nye consideraba esencial para su influencia en el mundo. La desarticulación de la Agencia Internacional de Desarrollo, los ataques a universidades como Harvard, las amenazas a la libertad de prensa, los centros de pensamiento, la filantropía y otras instituciones clave del ecosistema democrático y cultural estadounidense, configuran una tendencia preocupante. Más de 6.000 profesores universitarios han expresado recientemente su rechazo a estas políticas.
Nye no solo fue un pensador estratégico, sino también una voz crítica frente al poder. En 2022 publicó Soft Power and Great Powers Competition, donde examinaba el equilibrio cambiante entre Estados Unidos y China. También denunció, con claridad, las acciones del entonces expresidente Trump, como el maltrato al gobernante ucraniano en la Oficina Oval, que consideraba dañinas para la imagen y la influencia de su país.
Joseph Nye nos enseñó que el poder no se reduce a la capacidad militar o económica, sino que también depende de la capacidad de atraer, persuadir y liderar con legitimidad. Su legado sigue siendo vital.
Que su muerte no signifique también la del Soft Power. Que no desaparezca el poder suave.
*Exministro de Estado