Por primera vez, y con ocasión de la Feria del Libro, se editó en Bogotá la famosa Revista de Occidente, fundada en 1923 por el distinguido intelectual José Ortega y Gasset. Un esfuerzo conjunto de la Fundación que lleva su nombre complementado ahora con el de Gregorio Marañón y con la colaboración entusiasta del programa Goberna que esa Fundación mantiene en Colombia desde hace 10 años, presidido por el exvicerector de la Universidad del Rosario, Alejandro Venegas, para propiciar el mejoramiento de los funcionarios del sector público en todos los niveles.
La revista trae esta vez como título «La España peregrina en Colombia», adornada con una viñeta de Juan Antonio Roda y una serie de textos que incluyen uno de nuestra ilustre Piedad Bonnett.
Me llamó particularmente la atención el primero de los artículos suscrito por Mario Jursich y Carlos Granés, titulado «Cara y Cruz de un viaje de ida y vuelta». En 22 páginas hacen una descripción original de las relaciones entre Colombia y España y de las personalidades que jugaron un papel allá o aquí, o en ambas partes.
Las primeras frases me llevaron a la lectura del artículo: «Durante buena parte del siglo XIX, Colombia y España no mantuvieron relaciones diplomáticas. Uno de los artífices del restablecimiento del diálogo entre ambos países fue el poeta y viajero sevillano José María Gutiérrez de Alba». Le habían encomendado la misión de restablecer el comercio de libros entre España y sus antiguas colonias. Un asunto muy relevante para esta Feria. Parte de su exitosa tarea fue la fundación de la Academia Colombiana de la Lengua, el 10 de marzo de 1871. Quien lo creyera, en 1892 un lingüista tan eminente como Rufino José Cuervo entró en fuerte controversia por sus críticas al Diccionario de la Real Academia Española y a los errores de la Biblioteca de Autores Españoles, la cual, afirmó Cuervo, «no puede servir de base para estudios históricos sobre nuestra lengua».
Una parte muy llamativa es la referente a las diferentes olas de inmigración y su impacto en la educación y otras actividades en Colombia (arte teatral, cine, pintura, literatura etc). Sin duda muy significativas pese a lo precarios números de estos desplazamientos, comparados con los que recibieron en México o en Argentina. Colombia, lo sabemos, y así lo recuerdan los autores, nunca fue un país atractivo para los migrantes. Y, también, está el tema ¡del Tesoro Quimbaya…!
Notoria la influencia del pedagogo español Rafael Altamira, en la fundación y orientación del Gimnasio Moderno como resultado de una amistad que se inició en Bruselas con Don Agustín Nieto. Y muy reveladores los impactos de la guerra civil española en la política colombiana, principalmente en la educación universitaria durante la República Liberal. En la Universidad Nacional y en la Escuela Normal Superior. Y añaden, «en una continuidad inesperada», la de curas aragoneses en el Eln, Domingo Laín y Manuel Pérez. Y para hacer un contraste la participación del payanes Joaquín de Mosquera y Figueroa, uno de los firmantes de la famosa Constitución de Cádiz… y así culminar con Gabriel García Márquez en Barcelona y Rafael Gutiérrez Girardot y Eduardo Caballero Calderón como fundadores de editoriales españolas y Antonio Caballero y Daniel Samper Pizano en el periodismo.
Españoles y colombianos, yendo y viniendo, concluyen los autores, en viajes fecundos.
*Exministro de Estado