Este sábado, el libro ‘De pie sobre mi sombra’ será presentado en la Filbo
UN LEGADO DE MARIANO BARRENECHE RUIZ
Después de 81 años se presentará nuevamente la obra titulada ‘De pie sobre mi sombra’, del escritor samario Mariano Barreneche Ruiz, un legado que cobra vida este sábado en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, a las 5:45 de la tarde, cuando sea lanzado por la Editorial Universidad del Magdalena, en el segundo piso, pabellón 3 de Corferias en la capital del país.
En 1944, Barreneche Ruiz publicó ‘De pie sobre mi sombra’, un poemario que es un canto al amor, a su esposa, a la amistad, a sus amigos, y al Caribe colombiano.
Ahora, en conmemoración de los 500 años de la fundación de Santa Marta, la Editorial Unimagdalena edita esta obra para que las presentes y futuras generaciones conozcan a este poeta, que hizo un aporte fundamental a la identidad de los samarios.
Mariano Barreneche Ruiz nació en Santa Marta el 20 de noviembre de 1906 y murió el 9 de abril de 1982 en la misma ciudad. A temprana edad fue influenciado por el legado político y cultural de sus parientes, quienes se dedicaron a la cultura y el ejercicio de la democracia.
Se destacó en el arte y la literatura. Escribía discursos a los gobernadores y alcaldes del Magdalena, y al presidente de la República de Colombia, Gustavo Rojas Pinilla. Fue violinista y amante de la poesía española.
Se desempeñó como secretario de Educación departamental y se encargó de diseñar las políticas públicas en el departamento del Magdalena, especialmente en Aracataca, lugar donde su esposa y cuñadas eran maestras de escuela pública. Es el autor del Himno a Santa Marta, el cual fue seleccionado en 1949, a través de un concurso público de méritos, obra que, sin duda, se constituyó en su gran legado para la cultura de esta ciudad.
El prólogo del libro ‘De pie sobre mi sombra’ en su nueva edición, fue escrito por el abogado y poeta samario José Eduardo Barreneche Ávila, y destaca entre otros apartes lo siguiente:
“En todos los rincones de este país ha nacido un Rafael Pombo o un Jose Asunción Silva, poetas de oro, cuyo legado es un patrimonio nacional. Es el momento de que las obras de los poetas magdalenenses sean estudiadas y divulgadas, empezando por nuestro territorio. A nosotros nos corresponde difundir esos versos que duermen en las bibliotecas familiares, ya que las nuevas generaciones necesitan conocerlos. Ellos deben ser incorporados a los textos educativos, tal como se hizo con ‘La pobre viejecita’, ‘Nocturno’ y otros tantos poemas.
Afortunadamente, se logró publicar el libro de Barreneche Ruiz ‘De pie sobre mi sombra’ hace más de ocho décadas, del cual aún se conservaba un ejemplar, guardado como una reliquia familiar.
Durante ese largo tiempo se mantuvo cerrado, empolvado, en silencio y de espaldas a la cultura. Afortunadamente, el deseo de su único hijo vivo, Eduardo Barreneche Baute, de que el libro de su padre fuese nuevamente publicado, implicó que se despertara esa necesidad familiar de reivindicar un legado que había dejado el autor del Himno de Santa Marta, un samario que, con su violín y su poesía, era todo un personaje en el siglo XX.
Algunos de sus poemas pudieron ser rescatados, pero de la música que tocó con su violín solo tenemos historias en donde enamoraba a las mujeres de Aracataca tocando su instrumento.
Serenatas y recitales hicieron de Barreneche Ruiz un hombre que se destacó en su tiempo por hacer escritos para los mandatarios nacionales y departamentales. Trabajó en diferentes empresas públicas y privadas, pero, ante todo, era un poeta que redactaba escritos para mandatarios que le pedían que hiciera sus discursos.
Leer su libro implicó conocerlo en su dimensión de escritor, en su estilo y los temas que escribía. Basta con analizar el poema «Yo», en el que busca, con una pluma fina, describir su ser con elegancia, a través de la combinación de rimas de ese hermoso soneto.
De igual forma, su segundo poema, «Ella», muestra el amor y agradecimiento a la mujer amada: «Ha sido como lluvia en la floresta para el ánima triste», y termina escribiendo: «Rasgó su entraña para darme un hijo». Asumo que se lo dedicó a Prudencia Baute Borrego, la maestra valduparense que en Aracataca formó a miles de niños en la escuela pública, y quien, tal como dice el poema, rasgó su entraña para darle a su hijo Eduardo.
Barreneche Ruiz le escribió poemas a Santa Marta, Barranquilla y Cartagena, tres ciudades que amó con locura. A Santa Marta le escribió su himno, y escribió en su poema anónimo que era el lugar donde el Coloso había derrotado la muerte.
A Cartagena la nombró como aquella «magnánima y heroica. Prisionera en un cerco de roca centenaria». A Barranquilla la bautizó como aquella ciudad «soberbia que levanta la aguja de sus torres, donde canta la gloria de su inmenso poderío». Le escribió a Agudela Palacio, de quien me dicen que era una hermosa mujer afro, cuya belleza inspiró ese poema.
También le hizo versos al amanecer, a la mujer indígena, a la pesca de su ciudad natal, a la caza, a la cumbia y a su vida, que, como él mismo indica, tenía «un noble corazón, que ahora se empeña en ser, mientras tu risa lo desdeña, fuego en tu boca y verso en tu garganta».
En su poema titulado «Momento», escribe: «Ser fuerte, hasta el extremo de esperar la muerte con una estrepitosa carcajada». Una frase hermosa que permite entender a este poeta que amaneció muerto un 9 de abril de 1982, con un pan en la boca, un papel en su pecho, y una pluma al pie de sus restos.
El Himno de Santa Marta es una muestra de la riqueza cultural del autor, que nos hace pensar que, además de un himno, existe una historia que contar y unos versos por entonar”.