Diario del Cesar
Defiende la región

Sor Celia Giraldo y su gran legado

40

Por SONIA NOGUERA GÓMEZ

“La luz que nos deja un ser querido nunca se apaga, simplemente brilla en otro lugar”.

Sor Celia Giraldo Zuluaga, nacida en San Vicente, Antioquia, el 11 de agosto de 1924, ingresó al Instituto de las Hijas de María Auxiliadora en el año 1949, perteneció a una familia cristiana formada por el señor Miguel Giraldo y la señora Oliva Zuluaga, en cuyo hogar nacieron seis hijos, dos mujeres y cuatro hombres, de los cuales viven el padre José y la señora Estela. Su niñez y su juventud la vivió en la ciudad de Medellín. Entre los años 1968 al 1975 vino a nuestra ciudad de Santa Marta en calidad de Hermana Directora de la Escuela Normal de Señoritas, supo ganarse el aprecio y cariño de nuestra comunidad samaria y de los municipios del departamento del Magdalena, ya que la institución ofrecía el servicio de internado.

Su carisma, don de gente, su sonrisa permanente, la forma de llegar a las personas para corregir algunos de sus comportamientos, era de admirar, logró conquistar con respeto y admiración la respuesta de los padres de familia y alumnos comprometidos.

Mantuvo en ese entonces, a la Institución en uno de los primeros puestos a nivel nacional por su calidad educativa. Su figura estilizada y elegante no pasó desapercibida, ganándose los mejores elogios como mujer distinguida durante su periodo de Hermana Directora.

Son muchas las exalumnas que hoy lamentan su fallecimiento con mucho pesar, ya que ella supo ganarse el respeto, el cariño y la admiración de todos.

A manera personal son muchas las bendiciones recibidas por Sor Celia, su cariño y enseñanzas quedarán guardadas para mí por siempre. Decir adiós es doloroso, pero la llevaré en mi corazón como el más grande tesoro, su vida fue un legado para todos los que la conocieron.

Gracias por ser ejemplo de amor y de bondad, tu ausencia física no apagará el brillo de tu alma en nuestros corazones. Vivirás por siempre en mi mente y corazón. Lo que soy, mi trabajo, mi hogar y mis hijos tienen de ti un grano de arena. Tu recuerdo en mi hogar quedará por siempre al mencionar tu nombre en la presencia de mi querida hija Celia. Gracias simplemente gracias, Sor Celia.