Diario del Cesar
Defiende la región

Clavados mortales, un riesgo de morir

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Clavados en el Río Guatapurí en los que los menores de edad son los protagonistas en mayor proporción.

Por
NIBALDO
BUSTAMANTE
DE LA CRUZ

Su calculadora destreza e instinto arriesgado compaginan una práctica que se volvió costumbre en *Leonardo, un menor de 16 años que reta las frías aguas del río Guatapurí; para él no existe el temor, tampoco la cobardía natural a la hora de hacer un clavado.

Un adicto a la adrenalina, también a la incipiente habilidad a la hora de volar por los aires y chocar con las corrientes profundas, bajo la mirada inerte de una sirena, que a pocos metros sirve como testigo de una faena riesgosa.

Son las 11 de la mañana de un martes. *Leonardo se desprende de su uniforme de colegio, mientras parquea su pequeña bicicleta a  un lado del puente Hurtado. Sus ojos claros y  pequeños  los clava de inmediato en el feroz caudal  que por estos días comienza a aparecer en la fuente fluvial. “¿Ha bajado el río?”, le pregunta el estudiante de décimo grado de un colegio del sur de la ciudad a uno de los pocos bañistas que disfruta las frías aguas del Guatapurí.

La respuesta es inmediata: “Aumentó un poquito y la corriente está más fuerte”, aseguró quien en la parte baja toma un baño con precaución alguna. *Leonardo mira y calcula su faena; se persigna y toma aire, retrocede diez metros para coger impulso; luego emprende su carrera y salta por el puente de concreto. Parece una acción milimétrica y calculada porque su punto de caída fue perfecto: el clavado fue un éxito, mientras el estruendo de la zambullida arranca voces de halagos por su acompañante, un menor de nueve años, que literalmente cambió sus clases por el deleite de una faena que a muchos le ha costado la vida.

 ‘ME TIRO POR DOS MIL PESOS’

“Yo me tiro por 2.000 pesos, ya estoy práctico y lo hago desde hace cuatro años, esto es una diversión, pero no todos tienen la valentía de hacerlo”, aseguró *Leonardo, quien aseguró reside con su abuela en el barrio La Nevada.

Mientras celebra su faena, los pocos curiosos se acercan al joven de contextura delgada y brazos largos para interrogarlo sobre los riesgos que asume a la hora de su faena. “Tienes que mirar dónde vas a caer, calcular la distancia en donde está la piedra más cercana, siempre he caído a cinco metros de una grande que está debajo del puente”, aseguró el adolescente.

“Esos muchachos desafían la muerte lanzándose al río, muchas veces bajo los efectos del alcohol, generalmente los domingos. La gente debe concientizarse de los peligros que esta hazaña acarrea”, dijo uno  de los comerciantes ambulantes del balneario Hurtado.

La cantidad de rocas ancladas en el río Guatapurí es el peligro principal para quienes asumen el riesgo de hacer un clavado, bien sea de alturas considerables o desde distancias menores.

El hecho más reciente en el que una persona perdió la vida bajo estas circunstancias, ocurrió en marzo de 2018;  Johan Durán Velásquez, 42 años, perdió la vida  a la altura del antiguo puente colgante, luego que se lanzara de una piedra cuando disfrutaba de un paseo familiar.

Durán era técnico electricista y había salido de su casa en el barrio Esperanza Oriente, con su esposa y sus hijos hasta el balneario Hurtado a pasar el domingo un rato divertido, sin embargo, lo que parecía el deleite familiar se convirtió en tragedia.

 ‘MÁS DE MIL MUERTOS’

Carlos Martínez lleva más de 30 años viviendo a orillas del río Guatapurí; se convirtió prácticamente en un confidente de la arteria fluvial; conoce sus secretos y también sus bondades.

Asegura que desde que tiene uso de razón fue testigo de por lo menos mil muertos por inmersión en esa fuente hídrica de Valledupar. “La mayoría de las personas se ahogan por un golpe en la cabeza y en menor proporción aquellas que se bañan embriagadas o por efectos del consumo de alucinógenos. Incluso por un derrame cerebral. Cuando el río crece muchas piedras se ruedan y el que no lo conoce corre ese riesgo porque por arriba está mansito pero por debajo está con muchos remolinos.  Es imposible que la Policía esté aquí día y noche, pero prohibición como tal no la hay”.

Advirtió que “en el río Guatapurí hay varios sitios peligrosos como La Olla (debajo del puente Hurtado); La Angostura, que pese a ser la parte más angosta del río es la más peligrosa por su profundidad y Piedra Muñeca. Calculo que he sacado como 14 personas que han perdido la vida por inmersión y como cuatro familiares de víctimas me han pagado por encontrar los cadáveres”. 

Nemesio Quiroga tiene 10 años de ser vendedor ambulante en Hurtado y asegura que “he visto muchas veces como sacan ahogados a muchos muchachos, que parecieran que no tuvieran padres, pareciera que no quisieran vivir. A veces uno les llama la atención y responden con groserías y vulgaridades, aquí no hay control por parte de las autoridades”.

Sobre el tema, el Secretario de Gobierno Municipal, Gonzalo Arzuza dijo que “no se pueden ahogar más niños por descuido de sus padres, el autocontrol es importante.  En todo el balneario Hurtado tenemos personal de la Defensa Civil, Auxiliares de Policía y unidades de espacio público,  pero sin duda alguna el cuidado de sus padres debe ser primordial en este tipo de situaciones, es lamentable que los hijos opten por estas prácticas por irresponsabilidad de sus padres”.