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El empresario Nayib Bukele juró ayer sábado como presidente de El Salvador con el desafío de transformar el país que, después de tres décadas de gobiernos de derecha e izquierda, arrastra una alicaída economía dolarizada y una violencia que impulsan a sus pobladores a emigrar.

Bukele, de 37 años, fue investido durante una sesión solemne de la Asamblea Legislativa en la céntrica plaza Gerardo Barrios de San Salvador ante la presencia de 83 delegaciones de diferentes países.

Vestido con un impecable traje azul oscuro, el nuevo presidente tomó juramento ante unas 10.000 personas, muchas con camisas celestes, que lo ovacionaron con aplausos bajo el grito de “Sí se pudo”.

En un discurso de media hora, en el que evitó mencionar las acciones que pondrá en marcha para atacar los problemas del país, el joven mandatario pidió a los salvadoreños “el compromiso” de trabajar “para sacar adelante al país”.

“Nuestro país es como un niño enfermo, nos toca a todos cuidarlo”, exclamó ante la multitud.

Frenar la migración de salvadoreños a Estados Unidos es una de las labores que debe atender el nuevo mandatario, cuyo fallecido padre Armando Bukele Kattán fue presidente de la Asociación Islámica Árabe Salvadoreña, de la cual fue imán.