La industria del modelaje webcam denuncia explotaciones sexuales y laborales
La organización no gubernamental Human Rights Watch (HRW), una plataforma internacional que investiga los derechos humanos y su vulneración en varias naciones, incluyendo a Colombia, publicó un informe con testimonios de modelos webcam en el país que denuncian abusos sexuales y laborales en la industria.
De acuerdo con el informe ‘Aprendí a decir no’, de 175 páginas, divulgado a partir de este 9 de diciembre, las modelos han denunciado condiciones antihigiénicas, turnos de dieciocho horas sin descansos y coacciones para “realizar actuaciones sexuales que consideraban degradantes” en Bogotá, Cali, Medellín y Palmira.
En los estudios las trabajadoras graban contenidos difundidos por páginas y aplicaciones para adultos en todo el mundo. Según las estimaciones de HRW, en la industria global de la webcam para adultos las plataformas se quedan con entre el 50 y el 65% de lo que los espectadores podrían atreverse a pagar.
“Las plataformas de webcam para adultos con sede en Estados Unidos y Europa deben abordar de inmediato los abusos laborales y la explotación sexual en los estudios de webcam colombianos”, advierte la ONG. La industria “ha evitado en gran medida el escrutino”, señaló la investigadora Erin Kilbride.
Kilbride es parte de Human Rights Watch y es autora del informe. “Las plataformas de cámaras web tienen la responsabilidad de identificar, mitigar y prevenir los abusos de los derechos humanos por parte de los estudios, y deberían llevar a cabo reformas acordes con las responsabilidades internacionales”, añadió.
Human Rights Watch se asoció con las organizaciones de defensa de los derechos de las trabajadoras sexuales Liga de Salud Trans y Corporación Calle 7 Colombia, con las que pasó dieciocho meses investigando los estudios de webcam para adultos en Colombia y entrevistó a 55 mujeres con experiencia en el sector.
Los testimonios de las modelos
María, una modelo de webcam de 33 años, trabaja en turnos de doce horas en un cubículo de 1×2 metros en Bogotá. Le dijo a HRW que aparece en al menos once plataformas diferentes de webcam para adultos, pero que nunca ha visto ni firmado personalmente las condiciones de servicio de ninguna de ellas.
Lo que cree es que los propietarios del estudio en el que trabaja, que se queda con el 60% de lo que puede pagar una plataforma —a cambio de proporcionar una cámara y WiFi—, firman los términos de las páginas para adultos. María narra que puede compartir su turno con cenizas y fluidos corporales en su cubículo.
El estudio en el que María transmite no contrata personal de limpieza, pero sí ha instalado cámaras de vigilancia en los vestidores donde las modelos se cambian de ropa, en la escalera en la que van hacia los sitios de grabación y en los baños. “Saben cuándo estás usando el baños”, manifestó.
“Un espectador quería que representara una violación, y no me gustó pero necesitaba las fichas”, contó María, quien añadió que, aunque en buena parte de los casos en los que se niega a hacer algo un cliente solamente sale del chat, los propietarios del estudio la “acosaban constantemente” y entraban en su sala.
Como ella, las más de cincuenta trabajadoras sexuales entrevistadas expresaron que trabajan en cubículos pequeños con falta de ventilación, en los que encuentran pelos, comidas y basura, “infestaciones de chinches y cucarachas”, y “semen, vómitos, heches, leche materna y otros fluidos corporales”, apunta el informe.