Diario del Cesar
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EL PUEBLO RECUERDA A SU ÍDOLO

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En medio de cantos y versos, artistas y compositores le rindieron tributo a Diomedes Díaz en el día de su natalicio, 26 de mayo/Richard Dangond.

POR
NIBALDO RAÚL
BUSTAMANTE DE LA CRUZ

Mientras un niño lloraba en sus primeros minutos de vida en un humilde rancho de bahareque en La Junta, La Guajira, aquel 26 de mayo de 1957, a las 9 de la mañana, otro lo hacía paralelamente en una vivienda del corregimiento de Cacacotal, en el municipio de Chinú, Córdoba.

Coincidencia natural que el destino atrajo a Carlos Arturo Domínguez Salgado, quien llegó desde la población sinuana para rendirle tributo a su ídolo musical,el mismo que lo sedujo con sus canciones a lo largo de la historia musical del Cacique de La Junta. “Yo nací el mismo día que nació Diomedes, en el mismo año y a la misma hora, una casualidad de la que tengo el privilegio de disfrutar”, aseguró el hombre de acento sabanero, quien  se confundía entre decenas de fanáticos que le rindieron tributo  al hijo de la Vieja Elvira, en su natalicio.

Su tumba, bañada de flores rojas de anturios y claveles, estuvo rodeada de aquellos que lo idolatran y que quisieron cumplir la cita moral al compás de rancheras y vallenatos. Ahí estuvo Edith Gutiérrez, sentada al lado de la bóveda de Diomedes Díaz; acariciando su foto y con lágrimas a punto de asomarse en medio de recuerdos embargados que solo ella conoce. “Cacique, nunca te voy a olvidar, eres el más grande”, dijo la mujer, mientras el sol inclemente de mediodía se hacía más intenso.

No pudo faltar el homenaje ensalzado por canciones inmortales del Monstruo del Vallenato: Reinaldo Chuto Díaz, Freddy Peralta, Geovanny Caraballo, Elver Díaz, entre otros recordaron al Cacique con canciones y versos.

Tampoco pudo fallar Joaquín Guillén, el amigo entrañable de Diomedes Díaz, el que siempre está ahí, el único que entendía los sinsabores y las alegrías del cantautor guajiro. “Compadre ahora sí se nos fue El Cacique,  me dijo Elver Díaz cuando hablé con él por teléfono. De inmediato me fui para donde estaba Diomedes, entré, lo encontré dormido y le di unas palmadas en los cachetes, le dije Cacique aquí estoy, levántese que aquí está su compadre, pero que va…esa vez si se nos había ido”, recordó Joaquín Guillén.