Diario del Cesar
Defiende la región

Tremendo desmadre

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¿Estaremos peores que antes o seguimos iguales? ¿Tocamos fondo o es que ya pasamos de este? ¿Estamos en crisis profunda o continuamos en la crisis (¡o en las crisis!) de siempre?… Y podríamos enumerar más frases o epítetos con los que intentar describir el cúmulo de fenómenos de orden social, moral, económico, político, y hasta de falta de patriotismo, que ocurren en el país.

Cerca de quinientos –no se sabe a ciencia cierta cuántos, como no se sabe las decenas de miles de muertos ocasionados por la guerra de más de cincuenta años con las Farc- líderes sociales asesinados (¿cuántos de la oposición van en el “régimen de Maduro”?) y el Estado no descubre a los determinadores de esta matanza; la mendicidad y la pobreza, producto del fracasado modelo neoliberal salvaje, se tomó las calles, las esquinas “semaforizadas” y las rutas de transporte público urbano de Colombia; la corrupción campea por doquiera en la administración pública, en donde se “invierten” multimillonarios recursos en obras mediocres mientras municipios centenarios no disponen de acueductos, o acueductos donde el agua no sirve ni para bañarse; los partidos vuelven al batirillo que los ha desnaturalizado buscando alianzas para continuar con la misión de las empresas electorales que desfalcan los recursos del presupuesto nacional, y pare de contar.

También se nos vino encima, en medio de tantas desgracias, la renuncia del Fiscal General de la Nación, que entrega, o abandona, ese ente acusador con el segundo mayor escándalo de corrupción y desprestigio, similar al de Luis Camilo Osorio, que puso esa institución al servicio del paramilitarismo. Para cerrar con broches de oro esemalhadado episodio con sazón de Odebrecht, el fiscal arguye (a otro perro con ese hueso) que su renuncia obedece al hecho de la negativa de extradición de Santrich y su mini libertad, decididas por la JEP,  y no al deber de hacerlo hacía rato ante las denuncias sobre su papel en el caso de la mencionada multinacional.

Nos aplastó la actitud genuflexa de altos servidores del gobierno –que en otro país, celoso de la defensa de su soberanía, bien pudo habérseles endilgado el cargo de traición a la patria- frente a la intromisión en nuestros asuntos internos del gobierno de USA, en particular de su representante diplomático, mr. Whitaker, declarado persona no grata en Venezuela, en tiempos de Chávez, en un caso parecido, por la posición de togados y legisladores ante las objeciones (¿u obsesiones?) del gobierno a la JEP, que terminó decidiendo el retiro de la visa de ingreso a EUA a varios de ellos.

Aterrados, por decir lo menos, se mostraron millones de compatriotas, con las denuncias de un diario estadinense sobre la hipotética resurrección de los “falsos positivos”, de ingrata recordación para decenas de familias colombianas, debido a directrices trazadas al interior de una de las fuerzas armadas más importantes de la nación. Porque cuando se pensaba que la filosofía del “enemigo interno” empezaba a ser historia del pasado, parece que muchos civiles, y sobre todo emparentados con el actual régimen, y militares, siguen enarbolando esa bandera, propiciatoria de parte de la tragedia nacional del cercano pasado.

Y para cerrar lo atroz de este desmadre del mes de mayo, nos viene el gobierno con el cuento engañabobos del “acuerdo de partidos” para encontrarle componte. Pero con el ingrediente curioso que no se convocan a las fuerzas opositoras si no a los amigos de la coalición gobernante. Es decir, algo así como un yo con yo.